Buenos Aires. Otoño 2020


Maria Cristina Berçaitz


Sucedió esa noche de otoño. Las manecillas del reloj se acercaban a las doce. No sabía si era hoy, o había pasado a ser mañana.

Me senté frente a mi ventanal. Miré hasta donde me alcanzaban los ojos, como si quisiera escapar del encierro.

Creo que la naturaleza estaba consciente de mis preocupaciones porque reflejaba una pesada calma con un mudo silencio.

El día triste, la tarde lluviosa.

Noté una tenue claridad lunar que iluminaba una densa neblina. Apenas veía el techo de los edificios y a lo lejos vislumbraba el río. Sentía que volaba y observaba el paisaje por la ventanilla de un avión, con la luna como única luz sobre un mundo quieto y hosco.

Un sorbo de whisky hizo más amable el momento.

La campanilla del teléfono me distrajo del concierto que escuchaba-veía por televisión. La voz del otro lado me volvió a la realidad.

Todo pasó esa noche de otoño, cuando las manecillas del reloj se acercaban a las doce. No sabía si era hoy, o había pasado a ser mañana.

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