{"id":1730,"date":"2019-05-07T23:52:03","date_gmt":"2019-05-07T23:52:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/?p=1730"},"modified":"2019-05-07T23:52:03","modified_gmt":"2019-05-07T23:52:03","slug":"el-manchado","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/?p=1730","title":{"rendered":"El manchado"},"content":{"rendered":"<p>Se pon\u00eda de pie apenas despuntaba el d\u00eda, mov\u00eda su enorme cabeza gris agitando sus crines a uno y otro lado, y esperaba.<\/p>\n<p>Al punto aparec\u00eda su due\u00f1o, don Pablo, capataz de la estancia, con su andar \u00e1gil, una faja negra apretando el fac\u00f3n contra sus ri\u00f1ones, el pa\u00f1uelo de algod\u00f3n al cuello y un mech\u00f3n plateado en la abundante melena corta.<\/p>\n<p>El\u00a0 caballo lo recib\u00eda con un sonoro relincho de salutaci\u00f3n y don Pablo le pon\u00eda la brida, le acomodaba el bocado y comenzaban juntos la dura jornada arrastrando el arado o la rastra.<\/p>\n<p>El Manchado era un percher\u00f3n tordillo, fuerte y manso, el trabajo no lo asustaba, al\u00a0 contrario, lo hac\u00eda con gusto, y se sent\u00eda orgulloso de ser elegido de continuo.<\/p>\n<p>Compart\u00eda el potrero con una yegua zaina, con la que a veces ten\u00eda amores y un alaz\u00e1n alto y presumido, \u201cun bueno para nada\u201d, pensaba el Manchado.<\/p>\n<p>Cada vez que se necesitaba hacer fuerza, el percher\u00f3n era al que ataban al tiro. A veces lo golpeaban brutalmente para alentarlo. Esto le resultaba particularmente doloroso, en su lomo y en su orgullo.<\/p>\n<p>Al alaz\u00e1n en cambio, lo usaban para los trabajos menos exigidos, como llevar a don Pablo al pueblo, y entonces se lo ve\u00eda alto y esbelto luciendo una hermosa brida repujada, con el gaucho sentado sobre un recado de piel de oveja y, era tanto el placer que esta exhibici\u00f3n le provocaba, que hac\u00eda innecesario el uso del rebenque.<\/p>\n<p>En los d\u00edas de fiesta lo ataban al sulky, al que le pon\u00edan los mejores arneses y el alaz\u00e1n, levantando su cabeza color canela con las crines bien recortadas, el cuero cepillado y lustroso,\u00a0 iba con un trote r\u00edtmico, medio de lado, pavone\u00e1ndose por los caminos, despertando los suspiros de las hembras del pago.<\/p>\n<p>A veces cuando se encontraban los hijos del patr\u00f3n de la estancia, lo eleg\u00edan para jugar. A su regreso contaba risue\u00f1o los paseos que hab\u00eda hecho y los dulces de premio que hab\u00eda recibido. Cada tanto, cuando las golosinas eran abundantes, le llevaba alguna a la yegua, quien le agradec\u00eda con suaves relinchos y mucho parpadeo de sus ojos negros.<\/p>\n<p>El\u00a0 percher\u00f3n al\u00a0ver esto resoplaba furioso y le dec\u00eda a la coqueta que ese era un pretendiente fr\u00edvolo y superficial, en cambio \u00e9l era duro y trabajador. Ella se re\u00eda de sus palabras y, mientras uno se dirig\u00eda a trabajar al campo, los otros se iban a trotar bajo los aromos.<\/p>\n<p>El Manchado ya ten\u00eda seis a\u00f1os y estaba en la plenitud de su fortaleza f\u00edsica. Don\u00a0 Pablo sabiendo esto le exig\u00eda cada vez mayor esfuerzo, a lo que el animal respond\u00eda, tratando, infructuosamente, de conformarlo.<\/p>\n<p>\u2013Buen tordillo\u2013 le dec\u00eda el due\u00f1o a su compadre\u2013 pero a\u00fan puede rendir mucho m\u00e1s\u2013. Y llov\u00edan los latigazos sobre el lomo gris\u00e1ceo del manchado.<\/p>\n<p>Una tarde de verano en \u00e9poca de vacaciones, decidieron arrancar de ra\u00edz un enorme eucaliptus. Era tan grande y parec\u00eda tan pesado que el patr\u00f3n sugiri\u00f3 atar al tiro m\u00e1s de un animal.<\/p>\n<p>El alaz\u00e1n asustado al o\u00edr esto se par\u00f3 en dos patas y corcoveando huy\u00f3 al vado.<\/p>\n<p>La yegua\u00a0 fingi\u00f3 un esguince de tobillo y se tir\u00f3 al suelo, neg\u00e1ndose a levantar.<\/p>\n<p>El Manchado en cambio, relinch\u00f3 para avisar de su presencia y recordar su fuerza y su coraje, mir\u00f3 con desprecio a su compa\u00f1era, y sigui\u00f3 diligente a don Pablo cuando \u00e9ste se lleg\u00f3 a buscarlo.<\/p>\n<p>Dura fue la tarea para sacar ese \u00e1rbol.<\/p>\n<p>Luego de practicado el pozo y cortadas las ra\u00edces ataron al percher\u00f3n quien comenz\u00f3 a tirar y tirar con todas sus fuerzas. Hund\u00eda las patas delanteras en la tierra y hac\u00eda el esfuerzo con el pecho donde se le marcaban todos los m\u00fasculos. Bajaba la cabeza para concentrarse, para que nada lo distrajera. De pronto vio de reojo a la yegua, que olvidando su dolencia, se hab\u00eda acercado lo suficiente para espiar; esto le produjo tal placer que afloj\u00f3 la tensi\u00f3n, de inmediato oy\u00f3 el silbido del l\u00e1tigo y sinti\u00f3 los tientos trenzados como un fuego sobre sus ancas. Mordi\u00f3 entonces con furia el bocado, sinti\u00f3 escap\u00e1rsele espuma por la boca y\u00a0 conteniendo su indignaci\u00f3n tir\u00f3 con fuerza descomunal, logrando arrancar el eucaliptus del pozo.<\/p>\n<p>De ah\u00ed en m\u00e1s la cosa fue sencilla, pues lo arrastraron hasta el galp\u00f3n en donde\u00a0 cortar\u00edan al \u00e1rbol para le\u00f1a.<\/p>\n<p>El patr\u00f3n felicit\u00f3 a don Pablo, y este, bajando sus ojos\u00a0 pardos y riendo entre dientes, tom\u00f3 las riendas del animal y lo llev\u00f3 de regreso al potrero, ah\u00ed le acerc\u00f3 un poco de agua y sac\u00e1ndole la brida, lo dej\u00f3 en libertad.<\/p>\n<p>\u2013Buen trabajo, pingo \u2013le dijo mientras lo ve\u00eda alejarse\u2013 cuanto m\u00e1s te exijo m\u00e1s rend\u00eds\u2013. Y el gaucho regres\u00f3 a su casa con sus bombachas marrones golpe\u00e1ndole las piernas.<\/p>\n<p>Esa noche la yegua, admirada, se le acerc\u00f3 cari\u00f1osa y le ofreci\u00f3 su amor.<\/p>\n<p>El alaz\u00e1n regres\u00f3 sobre el alba inquiriendo noticias de lo sucedido, llevando entre los\u00a0 dientes un manojo de alfalfa perfumada para ella, quien luego de acompa\u00f1ar un rato el sue\u00f1o del Manchado, se fue a contar estrellas con el alaz\u00e1n.<\/p>\n<p>Se acercaba el fin del verano y el patr\u00f3n prepar\u00f3 sus valijas y ba\u00fales para regresar a la ciudad. La partida se fue postergando entre asados y reuniones, hasta que no pudo demorarla m\u00e1s. Esa tarde carg\u00f3 todo en su enorme y pesado coche.<\/p>\n<p>Luego de comer, entre rel\u00e1mpagos y truenos que anunciaban una fuerte tormenta sali\u00f3.<\/p>\n<p>Apenas transpuso la tranquera, una cortina de agua lo cubri\u00f3, el limpiaparabrisas no daba abasto; sab\u00eda que la ruta de tierra en pocos minutos estar\u00eda intransitable, aun as\u00ed se anim\u00f3 temerariamente a recorrer esa legua escasa que lo separaba del pavimento pero, a pesar de ser baqueano en el manejo en el barro, no pudo dominar el coche e impedir que dibujara un trompo en la jabonosa superficie y cayera a la banquina que estaba tres metros bajo el nivel de la ruta. All\u00ed qued\u00f3 clavado con la trompa mirando al cielo.<\/p>\n<p>Mientras tanto en el potrero el Manchado dormitaba tranquilo sin importarle la lluvia ni el viento ni los rel\u00e1mpagos; de pronto un resplandor familiar le hizo abrir los ojos y vio aproximarse la luz del farol de kerosene balance\u00e1ndose en las manos callosas de don Pablo que se acercaba bajo la lluvia cubierto por un capote negro y calzado con las botas altas.<\/p>\n<p>\u2013Vamos \u2013orden\u00f3\u2013, a trabajar.<\/p>\n<p>Y all\u00ed fue el animal mansamente, a cumplir con la tarea.<\/p>\n<p>Le pusieron una pechera \u2013se\u00f1al de que iba a realizar una labor por dem\u00e1s exigida\u2013 y la brida, y lo llevaron hasta el camino en donde lo ataron al paragolpes delantero del coche enterrado en la banquina.<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 el trabajo.<\/p>\n<p>Los gritos y los golpes se alternaban. El Manchado se hund\u00eda en el barro y reculaba, saltaba sobre sus patas traseras de un lado a otro, tratando de afirmarse, se apretaba al suelo, casi sent\u00e1ndose, bufaba, resoplaba; de sus fosas nasales sal\u00edan vapor y gotas de agua, y\u00a0 espuma por entre los dientes apretados sobre el bocado.<\/p>\n<p>Los gritos lo sobresaltaban y los golpes hab\u00edan empezado a lastimarle las ancas.<\/p>\n<p>\u2013Vamos, bestia, vamos\u2013 rug\u00eda don Pablo.<\/p>\n<p>\u2013Pegue m\u00e1s\u2013 ordenaba el patr\u00f3n. Y el l\u00e1tigo silbaba sobre su cabeza y ca\u00eda sobre su pescuezo sudado por el esfuerzo y empapado por la lluvia. Las crines se le pegaban a la frente y se le met\u00edan en los ojos, el agua le imped\u00eda ver.<\/p>\n<p>\u2013Vamos, fuerza, fuerza\u2013 gritaba don Pablo.<\/p>\n<p>\u2013Vamos, fuerza\u2013 repet\u00eda el patr\u00f3n.<\/p>\n<p>Y el Manchado bajaba su cabeza mansa, apretaba con fuerza su quijada rechinando los dientes, relinchaba furioso y sent\u00eda que los m\u00fasculos de sus patas y de su pecho se hinchaban en un esfuerzo desesperado por lograr rescatar esa mole de hierro del barro.<\/p>\n<p>Un poco m\u00e1s a\u00fan. Los carrillos crec\u00edan bajo su cuero, de pronto sinti\u00f3 que ced\u00eda la tensi\u00f3n, que estaba avanzando algo. Los gritos arreciaron y los golpes se multiplicaron, \u00e9l sigui\u00f3 despacio, arrancando la presa. Sent\u00eda que sus ojos se nublaban por el esfuerzo.<\/p>\n<p>\u2013Vamos, falta poco, ya casi lo logramos\u2013 gritaba don Pablo a la vez que le hac\u00eda saltar sangre de la grupa.<\/p>\n<p>\u2013Vamos, falta poco\u2013 repet\u00eda el patr\u00f3n cegado por la cortina de agua que ca\u00eda del cielo.<\/p>\n<p>Y el Manchado sudaba y tiraba del coche que avanzaba lentamente.<\/p>\n<p>Intentar subir hasta la ruta fue un esfuerzo adicional. Decidieron recorrer un tramo m\u00e1s por la banquina para atenuar de esta manera la pendiente tan pronunciada hasta el camino, subi\u00e9ndola as\u00ed m\u00e1s suavemente.<\/p>\n<p>En un momento el Manchado lo sinti\u00f3 clavarse nuevamente, sus patas se hundieron en el barro que lo salpicaba por doquier, quiso abandonar esa lucha desigual, pero los gritos y los golpes lo obligaron a seguir adelante.<\/p>\n<p>Finalmente lleg\u00f3 a la altura de la ruta y poco a poco, el coche fue acomod\u00e1ndose en\u00a0 las huellas borrosas por la lluvia.<\/p>\n<p>Al paso, visiblemente cansado, lo sigui\u00f3 arrastrando hasta el pavimento que por momentos se le antojaba lej\u00edsimo, con don Pablo a su lado y el patr\u00f3n sucio y empapado en el autom\u00f3vil, maniobrando el volante.<\/p>\n<p>Ni bien llegaron, y mientras desataban de su coche al caballo, descendi\u00f3, mascull\u00f3 entre dientes algo sobre que le hab\u00edan estropeado el paragolpes, y parti\u00f3 finalmente hacia la ciudad.<\/p>\n<p>En medio de la tormenta cuya intensidad no hab\u00eda amainado, regresaron don Pablo y el percher\u00f3n a la estancia, ambos agotados y sucios, uno pensando que su caballo cada vez rend\u00eda m\u00e1s y calculando que pod\u00eda alquilarlo para algunos trabajos, aun los m\u00e1s pesados, el otro, en tanto, con el lomo dolorido, totalmente embarrado, caminaba con dificultad sintiendo su cuerpo a\u00fan m\u00e1s pesado que aquel enorme coche. Cada vez su cuerpo pesaba m\u00e1s, sus patas parec\u00edan no responderle.<\/p>\n<p>De pronto cay\u00f3 de rodillas pesadamente, luego se tendi\u00f3 cuan largo era, solamente la cabeza en alto.<\/p>\n<p>Don Pablo, entre gritos y forcejeos, trat\u00f3 de levantarlo. Pero fue in\u00fatil, el Manchado lo mir\u00f3 con sus enormes y mansos ojos inyectados en sangre y su cabeza se apoy\u00f3 en el barro para no levantarse m\u00e1s.<\/p>\n<p>Se qued\u00f3 ah\u00ed, con la vista fija en un punto lejano.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A los pocos d\u00edas fueron dos desolladores a descuartizarlo para sacarlo del camino. Su cuerpo hinchado y cubierto de moscas aparec\u00eda negro.<\/p>\n<p>Entre bromas y risas los hombres comenzaron su trabajo. Sobre el mediod\u00eda sacaron de sus alforjas una sand\u00eda que abrieron y comieron con placer sent\u00e1ndose junto al animal muerto cuya sangre se confund\u00eda con el color rojo vivo de la fruta.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pocos meses despu\u00e9s el patr\u00f3n le regal\u00f3 a don Pablo otro percher\u00f3n, tambi\u00e9n tordillo, pero no tan fuerte y trabajador como el Machado, si bien era muy joven y algo rebelde, igual fue ense\u00f1ado a realizar las tareas pesadas de tiro.<\/p>\n<p>Como no imaginaron qu\u00e9 otro nombre ponerle, lo llamaron Manchado. Pronto no se supo a qui\u00e9n se refer\u00edan cuando lo nombraban.<\/p>\n<p>La yegua en poco tiempo se junt\u00f3 definitivamente con el alaz\u00e1n, y en las noches templadas se los ve\u00eda pasear bajo la luz de las estrellas con las crines cubiertas de roc\u00edo.<\/p>\n<p>Al poco tiempo el camino de tierra fue pavimentado, por lo tanto ya no\u00a0necesitaban abandonar la estancia repentinamente, ni siquiera cuando amenazaba una gran lluvia.<\/p>\n<p>Poco a poco todos, absolutamente todos, fueron olvidando que una noche un percher\u00f3n tordillo, manso y trabajador como ninguno, cay\u00f3 muerto, agotado, en medio de una tormenta de verano.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se pon\u00eda de pie apenas despuntaba el d\u00eda, mov\u00eda su enorme cabeza gris agitando sus crines a uno y otro<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[1,29],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1730"}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1730"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1730\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1731,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1730\/revisions\/1731"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1730"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1730"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1730"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}