{"id":1732,"date":"2019-05-07T23:54:41","date_gmt":"2019-05-07T23:54:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/?p=1732"},"modified":"2019-05-07T23:54:41","modified_gmt":"2019-05-07T23:54:41","slug":"el-restaurador","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/?p=1732","title":{"rendered":"El restaurador"},"content":{"rendered":"<p>Sali\u00f3 de su casa euf\u00f3rico. A\u00fan le duraba la emoci\u00f3n recibida esa ma\u00f1ana entre la ducha y el desayuno.<\/p>\n<p>Disfrut\u00f3 recordando el sonido prolongado del timbre de la puerta de calle y la sensaci\u00f3n entre sus dedos del sobre apaisado de fino papel con escudo oficial y sello en relieve.<\/p>\n<p>Se detuvo en el recuerdo: el fuerte aroma del caf\u00e9 mientras lo abr\u00eda, el instante en que tomaba y desplegaba la escueta nota y el momento, inolvidable, de su lectura: le solicitaban la restauraci\u00f3n del escudo imperial con el \u00e1guila de dos cabezas que se dibujaba n\u00edtido sobre una de las aguas del tejado de la iglesia catedral.<\/p>\n<p>En tantos a\u00f1os que llevaba ejerciendo su oficio hab\u00eda ejecutado obras importantes, pero ninguna le significaba tanto como esta.<\/p>\n<p>So\u00f1aba, desde que not\u00f3 la ca\u00edda de las primeras piezas, ponerse al frente de esos trabajos. Se sent\u00eda capaz de llevar a cabo las tareas con solvencia y profesionalismo.<\/p>\n<p>Levant\u00f3 el cuello del abrigo y hundi\u00f3 sus manos en los profundos bolsillos del gab\u00e1n aprisionando entre sus dedos la m\u00e1quina fotogr\u00e1fica. En su entusiasmo no hab\u00eda tenido la precauci\u00f3n de colocarse una bufanda. El fr\u00edo era intenso y se esperaba una nevada sobre las primeras horas de la tarde, quiz\u00e1 la \u00faltima de ese invierno que ya se iba.<\/p>\n<p>Apur\u00f3 el paso. Deseaba observar de cerca el dibujo y sacar fotos y muestras de material.<\/p>\n<p>Los tejados de los edificios se recortaban contra el cielo gris plomo de su amada ciudad. \u00c9l viv\u00eda tras el boulevard, en el distrito IX, en una vivienda construida no hac\u00eda muchos a\u00f1os, pero su ciudad era la antigua y maravillosa, aprisionada contra el meandroso trayecto del r\u00edo.<\/p>\n<p>Atraves\u00f3 el anillo de circunvalaci\u00f3n y tom\u00f3 el camino que pasando junto al teatro de la \u00d3pera lo llevar\u00eda, por la calle peatonal hasta su destino.<\/p>\n<p>Al llegar a la plaza seca se enfrent\u00f3 con ella. La emoci\u00f3n le nubl\u00f3 la vista y agit\u00f3 sus poblados bigotes rubios, sus ojos, peque\u00f1os y celestes, acariciaron el paisaje.<\/p>\n<p>Se ubic\u00f3 en una esquina y observ\u00f3 la fachada occidental, \u00fanica de estilo rom\u00e1nico, con la entrada principal flanqueada por las dos torres y, m\u00e1s all\u00e1 el alto campanario.<\/p>\n<p>La cubierta de gran pendiente decorada con cer\u00e1micas esmaltadas, le daba una caracter\u00edstica especial al conjunto y lograba el milagro de unir, armoniosamente, los estilos arquitect\u00f3nicos de distintas \u00e9pocas. Esta cubierta era su objetivo.<\/p>\n<p>Entr\u00f3 a la iglesia por la torre norte y, comenz\u00f3 a subir por la estrecha escalera de hierro hasta llegar a la plataforma encerrada tras una reja art\u00edstica para impedir que alg\u00fan desencantado de la vida se arrojara para terminar sus d\u00edas.<\/p>\n<p>Desde ese mirador de hierro, colocado para permitir al p\u00fablico la observaci\u00f3n, admir\u00f3 la hermosa vista de la ciudad. A su derecha estaba la enorme campana y a su izquierda, la belleza imponente del dibujo imperial. Lo observ\u00f3 con detenimiento. En el lado derecho, en el encuentro del cuello con el tronco, se hab\u00edan desprendido algunas piezas y se notaba el movimiento de varias otras a lo largo del cuerpo y sobre la mancha clara del fondo.<\/p>\n<p>Tom\u00f3 su m\u00e1quina y sac\u00f3 varias placas. Observ\u00f3 el lugar y marc\u00f3, con tiza blanca, los puntos por los cuales los herreros habr\u00edan de hacer la abertura, que puerta mediante y a trav\u00e9s de una plataforma de madera, le permitir\u00eda un acceso c\u00f3modo y franco para la ejecuci\u00f3n de su tarea.<\/p>\n<p>Amaba su trabajo, su vida entera la hab\u00eda dedicado a \u00e9l sacrificando familia y amores. El encontrarse en ese lugar, cara al cielo frente a la maravilla de una tarea tan compleja llena de exigencias y presiones \u2013presiones por otra parte impuestas por \u00e9l debido a su estrictez y a su celo profesional\u2013, le significaba haber alcanzado la cumbre y el reconocimiento.<\/p>\n<p>Su trabajo deb\u00eda ser impecable, cada pieza deb\u00eda ser aut\u00e9ntica o, en su defecto, deb\u00eda ser realizada de manera tal que fuera imposible distinguirla de las originales. Deb\u00eda, incluso lograrse el mismo envejecimiento.<\/p>\n<p>Descendi\u00f3 del mirador y se dirigi\u00f3 a los subsuelos de la catedral. Si el lugar era adecuado montar\u00eda ah\u00ed su taller para realizar la obra en la que calculaba invertir tres meses.<\/p>\n<p>Mientras se llevaran a cabo la b\u00fasqueda y confecci\u00f3n del material, el tiempo mejorar\u00eda. En tres semanas comenzaba la primavera que sol\u00eda ser de d\u00edas fr\u00edos y soleados.<\/p>\n<p>Atraves\u00f3 la cripta y, por una angosta escalera de piedra lleg\u00f3 al s\u00f3tano ubicado debajo de la nave principal cuya iluminaci\u00f3n, por dem\u00e1s escasa, se produc\u00eda en forma oblicua desde el exterior.<\/p>\n<p>Tendr\u00eda que trasladar herramientas y varios elementos, pero antes deber\u00eda limpiarse todo y dotar de luz el\u00e9ctrica al lugar. Disfrutaba cada cosa que resolv\u00eda, cada paso, cada decisi\u00f3n.\u00a0 En pocos d\u00edas el equipo de herreros y carpinteros habr\u00edan materializado la plataforma que le permitir\u00eda acceder a su objetivo con comodidad.<\/p>\n<p>Ya estaba puesta la m\u00e1quina en marcha, y en lo que a \u00e9l incumb\u00eda, nada la detendr\u00eda, llegar\u00eda hasta el final y ese final estar\u00eda coronado por el \u00e9xito.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hab\u00edan pasado varios d\u00edas desde aquella fr\u00eda ma\u00f1ana de fines de febrero y se dirig\u00eda en busca de las muestras que realizar\u00eda la f\u00e1brica heredera de aquella que antiguamente confeccionara las piezas originales.<\/p>\n<p>Sent\u00eda su coraz\u00f3n palpitar con fuerza, era una sensaci\u00f3n instalada a partir de aquella primera visita a la obra y que se repet\u00eda con frecuencia. Su ansiedad manifiesta lo hab\u00eda llevado a perder peso y la tensi\u00f3n en la que viv\u00eda lo manten\u00eda expectante.<\/p>\n<p>Acarici\u00f3 las peque\u00f1as piezas que hab\u00eda retirado del \u00e1guila imperial. Las llevaba consigo en forma permanente estudi\u00e1ndolas, analiz\u00e1ndolas. Conoc\u00eda su forma, que no era perfecta, su color, en algunas con un tinte azulado, en otras con un ligero oriente rosado y todas poseedoras de una extra\u00f1a textura que lo conmov\u00eda apenas la yema de sus dedos las tocaban.<\/p>\n<p>Al llegar detuvo su autom\u00f3vil frente a la puerta de la f\u00e1brica. Le hab\u00edan asegurado una excelente factura. Descendi\u00f3 y atraves\u00f3 las puertas de hierro y vidrio biselado, altas y pesadas.<\/p>\n<p>Esper\u00f3 pacientemente hasta ver aparecer un joven con una bandeja portando el material. Le hab\u00edan preparado ciento treinta peque\u00f1as y maravillosas piezas.<\/p>\n<p>Con el cuidado de un enamorado levant\u00f3 la cubierta de tela que las proteg\u00eda y fue separando las planchas una a una. Sac\u00f3 sus muestras del bolsillo y las coloc\u00f3 junto a las nuevas. El empleado sonre\u00eda satisfecho, a sus ojos el trabajo era \u00f3ptimo: las piezas oscuras, muy negras, ten\u00edan un brillo suave y parejo y, en las blancas el color se destacaba pur\u00edsimo.<\/p>\n<p>El restaurador se coloc\u00f3 los anteojos con montura de oro, esos que usaba muy de vez en vez, para lograr visualizar bien y en profundidad los detalles m\u00e1s peque\u00f1os. Movi\u00f3 negativamente la cabeza.<\/p>\n<p>\u2013No, no est\u00e1 logrado \u2013dijo y levant\u00f3 sus ojos celestes clav\u00e1ndolos en el rostro sonriente del muchacho\u2013. Dista mucho de ser perfecto.<\/p>\n<p>Al empleado se le hel\u00f3 la sonrisa. Dirigi\u00f3 su mirada desde la pelambre rubia y \u00a0desordenada del restaurador hasta el material presentado.<\/p>\n<p>\u2013Perfecto, est\u00e1 perfecto\u2013 dijo con un hilo de voz.<\/p>\n<p>\u2013No. Ac\u00e1, el negro es muy negro, deber\u00eda haber sido negro azulado, y el tono rosa del fondo, en las piezas claras, all\u00e1 abajo, como en la tercera capa, no se logr\u00f3.<\/p>\n<p>Llamaron al jefe, al supervisor y finalmente al due\u00f1o, todos dijeron lo mismo: No se pod\u00eda hacer mejor, las piezas eran perfectas, el tono azulado y el rosado, eran ideas del restaurador, esos colores no exist\u00edan.<\/p>\n<p>\u2013No s\u00f3lo han fallado en el color sino tambi\u00e9n en la textura y en ese cierto y extra\u00f1o brillo desparejo que se observa en cada pieza\u2013 agreg\u00f3 acariciando con suavidad el nuevo material, sinti\u00e9ndolo fr\u00edo y parejo bajos sus dedos.<\/p>\n<p>\u2013No es posible, deben ser sus anteojos, no existen esa textura ni ese brillo interior\u2013. Le contestaron moviendo negativamente la cabeza.<\/p>\n<p>El restaurador se fue cabizbajo llevando las aut\u00e9nticas muestras entre sus manos, tratando de pensar de qu\u00e9 manera podr\u00eda lograr el material para la ejecuci\u00f3n de su tarea.<\/p>\n<p>Recorri\u00f3 las dem\u00e1s f\u00e1bricas de la ciudad con id\u00e9ntico resultado. Luego las de Austria, las de Alemania, B\u00e9lgica e Italia.<\/p>\n<p>Finalmente decidi\u00f3 que era imposible, que nadie pod\u00eda realizar algo que no ve\u00eda. Solamente \u00e9l estaba capacitado para hacerlo. Cuando lleg\u00f3 a este convencimiento se aboc\u00f3 a la tarea de fabricar, artesanalmente, las diminutas piezas.<\/p>\n<p>En pocos d\u00edas se incorpor\u00f3 un horno para cer\u00e1mica al taller montado en los s\u00f3tanos de la catedral. Aparecieron bolsas de arcilla de distinta granulometr\u00eda, pigmentos de todo tipo y aromas penetrantes que se mezclaban entre s\u00ed. Con facilidad logr\u00f3 el color negro azulado que buscaba.<\/p>\n<p>Sigui\u00f3 intentando el sutil tono blanco y la suave y extra\u00f1a textura.<\/p>\n<p>Preparaba muestras, armaba planchas, las coc\u00eda, las te\u00f1\u00eda. En los esmaltes iba combinando colores. Lo hac\u00eda una y otra vez. Y otra vez.<\/p>\n<p>\u00a1Eran tantas las muestras que hab\u00eda preparado! Ninguna lo conformaba. En ninguna lograba el color que \u00e9l deseaba ver ni la textura que lo conmov\u00eda.<\/p>\n<p>Su aspecto era cada vez m\u00e1s deplorable. Pasaba las noches en vela ensayando una y otra vez f\u00f3rmulas para encontrar el tono. Sus ayudantes de tantos a\u00f1os pensaban que desvariaba, que los trabajos eran innecesarios porque el color o la textura que percib\u00eda no exist\u00edan. Ve\u00edan en la belleza de las piezas por \u00e9l preparadas la misma que en las originales. Trataban de disuadirlo y convencerlo de usar lo que ya estaba preparado.<\/p>\n<p>\u00c9l segu\u00eda insistiendo en conseguir la calidad de trabajo que se hab\u00eda propuesto.<\/p>\n<p>Pasaban las semanas y su empe\u00f1o no cejaba. Pronto comenz\u00f3 a preocuparle el paso del tiempo sin haber podido alcanzar su meta. Sus nervios comenzaron a alterarse. Cada vez descansaba menos. Cada vez com\u00eda menos. Debido a su gran debilidad iba perdiendo el cabello que se tornaba quebradizo y opaco.<\/p>\n<p>Ya hab\u00edan pasado cerca de treinta d\u00edas y a\u00fan no hab\u00eda realizado las piezas como las deseaba.<\/p>\n<p>Parado frente a su mesa de trabajo en el h\u00famedo taller bajo la catedral, recomenzaba su obra sin descanso.<\/p>\n<p>En ese momento ten\u00eda preparado el material base en el cual hab\u00eda logrado, con la mezcla de distintas arcillas, la granulometr\u00eda, porosidad, forma y espesor exactos. Despu\u00e9s de todo, eso era sencillo. Se quit\u00f3 los anteojos con montura de oro que ahora ten\u00eda que usar en forma permanente y pas\u00f3 una mano por sus cabellos. Hac\u00eda apenas un instante hab\u00eda comenzado la tarea de preparar los esmaltes para las bases que ten\u00eda ante s\u00ed.<\/p>\n<p>A\u00fan no hab\u00eda obtenido esa textura suav\u00edsima que hac\u00eda vibrar todo su cuerpo cada vez que la yema de sus dedos las rozaba apenas haciendo que su sangre, aun en esos momentos en los que se encontraba tan d\u00e9bil, golpeara en sus venas voluptuosamente. Pero solamente \u00e9l la percib\u00eda. Se coloc\u00f3 nuevamente los anteojos. Al bajar la vista vio, mezclado con los esmaltes, algunas hebras rubias.<\/p>\n<p>Su coraz\u00f3n alete\u00f3 \u00bfNo podr\u00eda ser esa la textura buscada? \u00bfNo podr\u00eda ser esa la fina, delicada e imperceptible textura buscada del espesor de un cabello? Un cabello de los suyos ralo, quebradizo. Entusiasmado prepar\u00f3 las muestras azules incorpor\u00e1ndolos, y las coloc\u00f3 en el horno. Acompa\u00f1\u00f3 inquieto todo el proceso de cocci\u00f3n. Vigil\u00f3 esmaltes y supervis\u00f3 el color.<\/p>\n<p>Retir\u00f3 el material. Una vez fr\u00edo lo toc\u00f3 y la alegr\u00eda le inund\u00f3 el pecho. \u00a1Hab\u00eda logrado su objetivo! Las piezas, color azul profundo con esa ligera e imperceptible rugosidad eran en un todo exactamente iguales a las existentes.<\/p>\n<p>Quedaba ahora insistir sobre el brillo oculto que salpicaba a unas y otras y, sobre ese oriente rosado que descubr\u00eda en las blancas como un velo y que para \u00e9l simbolizaba un amanecer de primavera sobre la ciudad.<\/p>\n<p>Sab\u00eda que alg\u00fan d\u00eda llegar\u00eda el final de la jornada.<\/p>\n<p>Viv\u00eda recluido en el taller bajo la iglesia, ese s\u00f3tano en el cual el sol penetraba en forma oblicua y desde el que no se pod\u00eda ver ni ser visto. \u00c9l lo hab\u00eda elegido para llevar a cabo su obsesiva y fascinante tarea. Ignoraba c\u00f3mo poder lograr ese oriente rosado que nadie sino \u00e9l ve\u00eda oculto en la tercera capa y que era casi imperceptible. S\u00f3lo un ojo como el suyo, acostumbrado a la maravilla del color pod\u00eda percibirlo, pero tambi\u00e9n sab\u00eda que una vez colocadas todas las piezas, con la luz del d\u00eda, o con la luna plate\u00e1ndolas, cualquier ne\u00f3fito podr\u00eda notar la diferencia. \u00c9l no aceptar\u00eda un trabajo as\u00ed. No lo permitir\u00eda.<\/p>\n<p>El d\u00eda en que armada nuevamente el \u00e1guila de dos cabezas la luz natural destacara el dibujo imperial nadie deber\u00eda poder descubrir cu\u00e1les eran las piezas originales y cuales las fabricadas por \u00e9l. La granulometr\u00eda, el aire entre c\u00e9lula y c\u00e9lula, el color del bizcocho, el color de la pieza, la textura, todo ten\u00eda que ser perfecto. El hecho de haber tenido un logro con la textura lo alentaba a seguir adelante a pesar de que las fuerzas comenzaban a faltarle.<\/p>\n<p>Ahora fabricar\u00eda las piezas blancas con ese tenue oriente rosado. Seguir\u00eda adelante hasta lograrlo.<\/p>\n<p>Ten\u00eda cuatro ayudantes, entre ellos uno muy joven que llevaba a cabo las tareas m\u00e1s pesadas y la limpieza diaria del taller, que lo admiraba y segu\u00eda de cerca su trabajo tratando de que el maestro lo tomara en cuenta. No se separaba de su lado y lo ayudaba en forma permanente.<\/p>\n<p>El restaurador continuaba con su mezcla de anilinas y sus pruebas de cocci\u00f3n tratando de encontrar el color deseado. Trabajaba sin descanso, comiendo apenas. Durmiendo poco y mal. A veces amanec\u00eda en el taller. Pasaba las jornads sin acercarse a su casa. Su hogar y todo su amor se encontraban en ese s\u00f3tano. La desesperaci\u00f3n que sent\u00eda muchas veces le hac\u00eda brotar l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>Su \u00fanica compa\u00f1\u00eda en esas noches solitarias era su joven admirador que se desesperaba sin poder hacer nada para aliviar la angustia de su maestro. Se preocupaba por su debilidad creciente. Trataba de disuadirlo, de lograr que descansara. No comprend\u00eda la necesidad de triunfo que experimentaba. No comprend\u00eda la pasi\u00f3n que el restaurador pon\u00eda en su trabajo ni que estuviera entregando su vida en esta tarea que para el novel ayudante era una tarea m\u00e1s.<\/p>\n<p>Un d\u00eda el maestro furioso por sus intentos frustrados, golpe\u00f3 la mesa de trabajo y rompi\u00f3\u00a0 varias piezas de cer\u00e1mica, lastim\u00e1ndose.<\/p>\n<p>Su ayudante, mientras lo vendaba, se daba cuenta de que estaba dejando su vida en un trabajo del cual nadie discut\u00eda su excelencia.<\/p>\n<p>\u2013Est\u00e1 usted dejando su sangre en estas piezas, su vida, todo en este trabajo, en este sue\u00f1o irrealizable de alcanzar la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>El restaurador lo mir\u00f3 como si comprendiera, pero, en realidad s\u00f3lo unas palabras se hab\u00edan grabado en su mente, \u201cdejando su sangre\u201d, su sangre.<\/p>\n<p>Inmediatamente arranc\u00f3 con brusquedad el vendaje, apoy\u00f3 la mano en una bandeja y verti\u00f3 su sangre en ella, luego la aplic\u00f3 a guisa de anilina entre los esmaltes coloreando de esta manera, suave, muy suavemente, la tercera capa con un tinte apenas rosado.<\/p>\n<p>Su alegr\u00eda no ten\u00eda l\u00edmites. Hac\u00eda mucho que no experimentaba un placer tan intenso.<\/p>\n<p>Estaba muy cerca del triunfo, estaba muy cerca de lograrlo. \u00a1Era tan poco lo que le faltaba!<\/p>\n<p>Sigui\u00f3 trabajando con denuedo, usando sus cabellos para la sutil textura y su sangre para el suave tinte que s\u00f3lo sus ojos ve\u00edan.<\/p>\n<p>Solamente le faltaba ese toque, ese brillo salpicado entre el oriente perlado y maravilloso de las piezas blancas y el color azul oscuro de las otras piezas.<\/p>\n<p>Entusiasmado con su cuerpo, busc\u00f3 en \u00e9l algo que le permitiera lograrlo. Y lo encontr\u00f3. Lo encontr\u00f3 en sus u\u00f1as quebradizas por su debilidad y el trabajo. Y las us\u00f3 sin importarle arrancarlas de sus dedos.<\/p>\n<p>Y todo lo us\u00f3 hasta finalizar su tarea. Todo. Con alegr\u00eda iba terminando las piezas, esas maravillosas piezas hijas suyas como nada lo hab\u00eda sido, como nada pudo ser nunca hijo de nadie ya que lo hab\u00eda engendrado desde su propia muerte.<\/p>\n<p>Su creciente debilidad le imped\u00eda moverse como antes. Cada vez le costaba m\u00e1s.<\/p>\n<p>Afortunadamente las piezas hab\u00edan comenzado a ser colocadas en el dibujo imperial. Para supervisar las tareas deb\u00eda hacerse acompa\u00f1ar por su ayudante y apoyarse en \u00e9l. As\u00ed pod\u00eda indicar la distancia que deb\u00eda existir entre pieza y pieza, la milim\u00e9trica amplitud de las juntas, la ubicaci\u00f3n en vertical u horizontal de las peque\u00f1as cer\u00e1micas seg\u00fan la textura, seg\u00fan el brillo del cuerpo del \u00e1guila coincidiendo con el brillo de las piezas blancas originales. All\u00ed, en el lugar donde el cuerpo se un\u00eda con el cuello o ambos con el fondo claro o donde pod\u00eda aparecer un detalle de poca importancia, ah\u00ed estaba \u00e9l, supervisando, cuidando, vigilando.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 el d\u00eda en el cual la obra estuvo casi terminada. Se sinti\u00f3 feliz. Con una sonrisa apenas esbozada, con los cabellos escasos, opacos, con el rostro demacrado y p\u00e1lido. Sin poder ara\u00f1ar la vida y sin vida que dar ya que la hab\u00eda entregado toda a esa, su \u00faltima obra maravillosa.<\/p>\n<p>Sinti\u00f3 cerca la muerte y pidi\u00f3 una vez m\u00e1s ayuda para llegar hasta lo alto de la catedral.<\/p>\n<p>La desesperaci\u00f3n de no ver su obra terminada era solamente superada por la imposibilidad de despedirse de ella, como de una amante que luego de quitarnos el coraz\u00f3n desaparece oculta en las sombras de la noche.<\/p>\n<p>Pero no solo esto lo animaba, sino tambi\u00e9n el despedirse de su ciudad y el encontrarse cerca del cielo, pues no se sent\u00eda con fuerzas para recorrer un camino demasiado largo.<\/p>\n<p>Al llegar observ\u00f3 el \u00e1guila y la encontr\u00f3 soberbia. Una suave brisa movi\u00f3 los oscuros velos de su tristeza y el \u00e1guila acompa\u00f1\u00f3 el movimiento con sus alas.<\/p>\n<p>Mir\u00f3 las cabezas, y estas lo enfrentaron con su mirada oblicua. Mir\u00f3 el fondo blanco, el que llevar\u00eda consigo su sangre para toda la eternidad y no supo distinguir las piezas nuevas de las originales.<\/p>\n<p>Una \u00faltima mirada y se sumergi\u00f3 en el albo fondo, mont\u00f3 sobre el \u00e1guila, y vol\u00f3. Desde esa ubicaci\u00f3n de privilegio pudo observar su peque\u00f1o mundo y el recorrido caprichoso de su r\u00edo. Apoy\u00f3 la cabeza en el cuello plumoso del \u00e1guila y, sinti\u00e9ndola vibrar con su misma fuerza, muri\u00f3.<\/p>\n<p>S\u00f3lo faltaba empastinar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dos d\u00edas despu\u00e9s de su entierro su joven ayudante se dirigi\u00f3 a terminar la obra inconclusa. Lo hab\u00edan elegido por ser qui\u00e9n acompa\u00f1ara al maestro con tanto desvelo. No tuvieron en cuenta que el amor era para el ausente, no para la obra a la que le hab\u00eda entregado la vida. Solamente deb\u00eda llenar las peque\u00f1\u00edsimas juntas con pastina. Un trabajo sencillo y de paciencia.<\/p>\n<p>Prepar\u00f3 el material y se dirigi\u00f3 por la estrecha escalera de hierro a la parte superior. Accedi\u00f3 a la plataforma entablonada. Silbando displicente ensuci\u00f3 un trapo en la pastina h\u00fameda y comenz\u00f3 a cubrir el dibujo. Una vez hecho esto, se fue.<\/p>\n<p>Al retomar la tarea varias horas despu\u00e9s el material se encontraba pr\u00e1cticamente fraguado sobre las delicadas piezas. Busc\u00f3 entonces, en su bolsa, un trozo de viruta fina llevada con ese prop\u00f3sito. Presionando levemente comenz\u00f3 a retirar el material excedente con movimientos circulares sin advertir que en su brusquedad destru\u00eda la delicada capa de esmalte y al hacerlo comenzaban a desprenderse trozos peque\u00f1os y brillantes y hebras rubias que volaban llevadas por el viento y se perd\u00edan por las calles sorprendidas.<\/p>\n<p>El \u00e1guila de dos cabezas pareci\u00f3 estremecerse y de sus ojos y su cuerpo comenz\u00f3 a manar sangre apenas rosada que a trav\u00e9s de miles de peque\u00f1\u00edsimas heridas, iba brotando de la figura imperial y se desparramaba por el aire ti\u00f1iendo de rojo la luminosa ma\u00f1ana de primavera.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sali\u00f3 de su casa euf\u00f3rico. A\u00fan le duraba la emoci\u00f3n recibida esa ma\u00f1ana entre la ducha y el desayuno. Disfrut\u00f3<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[1,29],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1732"}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1732"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1732\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1733,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1732\/revisions\/1733"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1732"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1732"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1732"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}