{"id":1743,"date":"2019-05-08T00:10:29","date_gmt":"2019-05-08T00:10:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/?p=1743"},"modified":"2019-05-08T00:13:21","modified_gmt":"2019-05-08T00:13:21","slug":"los-mellizos","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/?p=1743","title":{"rendered":"Los mellizos"},"content":{"rendered":"<p>Eran tan parecidos que dif\u00edcilmente se los distingu\u00eda.<\/p>\n<p>Cuando beb\u00e9s, la madre les pon\u00eda ropa de distintos colores para reconocerlos.<\/p>\n<p>Un d\u00eda olvid\u00f3 qu\u00e9 ropa correspond\u00eda a cada uno y nunca supo si los llamaba por el nombre con el que hab\u00edan sido bautizados. Afortunadamente, cuando ten\u00edan alrededor de cinco a\u00f1os, apareci\u00f3 una peque\u00f1a mancha, como un lunar rojo, en el blanco del ojo derecho de uno de ellos, el que respond\u00eda al nombre de Sebasti\u00e1n, y eso le permiti\u00f3 identificarlos, pero s\u00f3lo ella lo sab\u00eda.<\/p>\n<p>Cuando quer\u00edan confundirla, cerraban los ojos y riendo y saltando le ped\u00edan que los reconociera.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfAdivina qui\u00e9n soy?\u2013 Re\u00eda Fernando.<\/p>\n<p>\u2013Y yo, \u00bfc\u00f3mo me llamo?\u2013 Preguntaba Sebasti\u00e1n.<\/p>\n<p>No eran el anverso y el reverso de una medalla, eran el duplicado el uno del otro.<\/p>\n<p>En el afecto de sus abuelos se multiplicaban sin saber los ancianos nunca a cu\u00e1l de sus nietos recib\u00edan y mimaban.<\/p>\n<p>Sebasti\u00e1n y Fernando eran chicos normales, con una cierta dosis de dulzura y de sadismo. Su mayor placer consist\u00eda en burlarse de la gente y confundirse el uno con el otro, trasladarse con la velocidad del rayo o estar en dos lugares al mismo tiempo. Cuando realizaban maldades dec\u00edan ser Fernando, aun cuando fueran ejecutadas por cualquiera de ellos. De esta forma Sebasti\u00e1n aparec\u00eda como el ni\u00f1o bueno y, cuando invocaban su nombre consegu\u00edan que se les consintiera hasta el capricho m\u00e1s extra\u00f1o.<\/p>\n<p>En el colegio los profesores ignoraban a cu\u00e1l estaban examinando. El de historia opt\u00f3 por hacerlo simult\u00e1neamente a los dos, de esta manera era imposible equivocarse.<\/p>\n<p>La adolescencia fue la \u00e9poca de sus mayores concreciones, deambulaban solos y sin l\u00edmites, los espacios y los tiempos les pertenec\u00edan. Llegaron a enloquecer a todo aquel que ignoraba que de cada uno exist\u00eda otro igual, actuando en yunta pero separadamente, atacando por distintos flancos.<\/p>\n<p>Comenzaron a hacerse llamar Sefer.<\/p>\n<p>Entre sus m\u00e1ximas satisfacciones estaba la de sus romances. Pocas personas pueden multiplicarse, y ellos lo hac\u00edan; esto les permit\u00eda una variedad infinita de situaciones y la posibilidad de disfrutar de los logros y los amores del otro.<\/p>\n<p>Eligieron ambos la misma profesi\u00f3n y cada uno estudi\u00f3 la mitad de la carrera de Ciencias Econ\u00f3micas examin\u00e1ndose en cada asignatura dos veces.<\/p>\n<p>Se recibieron en tiempo record y con excelente promedio.<\/p>\n<p>El hecho de ser tan id\u00e9nticos los ayudaba permanentemente.<\/p>\n<p>Ya ten\u00edan ambos cerca de treinta a\u00f1os cuando Fernando ingres\u00f3 a trabajar como contador en una importante empresa naviera. La cantidad de dinero que todos los d\u00edas se manejaba y, que literalmente corr\u00eda ante sus ojos, era muy grande. Tanto como fue su tentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Despacio, muy despacio, como s\u00f3lo \u00e9l sab\u00eda hacerlo, estudi\u00f3 la posibilidad de un desfalco. Conoc\u00eda los riesgos, que eran muchos, pero estaba dispuesto a enfrentarlos.<\/p>\n<p>Concentr\u00f3 todas las energ\u00edas en eso y al cabo de pocos meses, lo llev\u00f3 a cabo. A pesar de todas sus precauciones fue detenido, pero como era previsible, Fernando hab\u00eda pensado en esa posibilidad y no se dej\u00f3 amilanar. Neg\u00f3 el hecho, ocult\u00f3 el fruto de la acci\u00f3n il\u00edcita y cuando fue preso contrat\u00f3 al mejor abogado penalista del momento para lograr una pena menos severa.\u00a0Iba a ser condenado. Entonces pensando que Sebasti\u00e1n no se negar\u00eda le sugiri\u00f3 compartir, como siempre lo hab\u00edan hecho, la situaci\u00f3n presente.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de todo hab\u00eda mucho, much\u00edsimo dinero de por medio y esto les permitir\u00eda hacer realidad todas las fantas\u00edas por imposibles que fueran.<\/p>\n<p>La c\u00e1rcel donde lo recluyeron estaba junto al mar, sobre un acantilado. Hasta la celda llegaban el aroma salobre del agua y el ruido sordo de las olas rompiendo contra las rocas. S\u00f3lo el grito de las grullas lo cubr\u00eda de tanto en tanto.<\/p>\n<p>Una vez afianzado, conociendo los movimientos de la prisi\u00f3n, tram\u00f3 su plan y comenz\u00f3 a ejecutarlo con la ayuda de su hermano, pues era de ambos la responsabilidad de compartir y cuidar una fortuna.<\/p>\n<p>H\u00e1bilmente fueron sacando el dinero de su escondrijo y lo llevaron al extranjero, blanque\u00e1ndolo y haci\u00e9ndolo producir hasta duplicarlo.<\/p>\n<p>Alternaban los d\u00edas pasados en la c\u00e1rcel, por lo tanto no les pesaban. Estaban quince d\u00edas adentro y quince afuera, se reemplazaban en un instante a la vista de todos, como anta\u00f1o, en el momento en el que se confund\u00edan en un abrazo. Y era tal su habilidad que nunca nadie pudo advertirlo.<\/p>\n<p>Entre una y otra salida conocieron a una encantadora joven que llevaba en s\u00ed la alegr\u00eda del mundo y unos espl\u00e9ndidos ojos negros. Frente a ella, igual que en su juventud y en la c\u00e1rcel, se hac\u00edan llamar Sefer.<\/p>\n<p>Nunca supieron de cual de ellos surgi\u00f3 la idea de casarse, s\u00f3lo sab\u00edan que ambos lo deseaban.<\/p>\n<p>Mientras Fernando contaba los d\u00edas dentro de la celda, Sebasti\u00e1n formaliz\u00f3 la boda y comenz\u00f3 la luna de miel dividida en dos etapas, la primera de ellas se materializ\u00f3 en las monta\u00f1as heladas de los Alpes, luego el hermano lo reemplaz\u00f3 y se dirigi\u00f3 a las espl\u00e9ndidas playas de Grecia.<\/p>\n<p>La vida era hermosa, estaban felizmente casados, disfrutaban de un excelente bienestar econ\u00f3mico y cada tanto, se reclu\u00edan en prisi\u00f3n a la que hab\u00edan aprendido a tomar como un centro de retiro donde se encontraban con su yo m\u00e1s \u00edntimo rompiendo, de esta manera, con la rutina y no alcanzando el tedio del matrimonio.<\/p>\n<p>Se acercaba el verano y el sol despertaba el deseo del agua y de la arena.<\/p>\n<p>Fernando, que disfrutaba en esos momentos de la libertad, decidi\u00f3 regresar al lugar en donde pasara los primeros d\u00edas de su matrimonio, mientras Sebasti\u00e1n esperaba con ansiedad tras las rejas imagin\u00e1ndolos juntos, proyect\u00e1ndose \u00e9l mismo en un futuro goce. El amor que sent\u00eda por su esposa se confund\u00eda con el que sent\u00eda por su hermano y con el que su propia persona le inspiraba. Ni ellos mismos sab\u00edan d\u00f3nde empezaba uno y terminaba el otro.<\/p>\n<p>Por entre los barrotes que cerraban la abertura cercana al techo, pod\u00eda ver el cielo azul claro de la ma\u00f1ana apagarse lentamente hasta la oscuridad de la noche estrellada. Una vez y otra. No pasaba el sol por ese sector, pero pod\u00eda oler el mar y escuchar las olas romper contra el acantilado. De tanto en tanto alg\u00fan ave marina, mientras velaba la escasa luz que se filtraba, picoteaba y golpeaba con sus alas las rejas, produciendo una tregua a la soledad y a la quietud de la celda.<\/p>\n<p>As\u00ed se suced\u00edan lentamente los d\u00edas en esa prisi\u00f3n acunada por el mar, mientras esperaba la libertad desde lo m\u00e1s profundo de su coraz\u00f3n y la ve\u00eda escurrirse por entre las barras de hierro de su peque\u00f1a ventana desde la que ve\u00eda las estrellas.<\/p>\n<p>En su imaginaci\u00f3n o\u00eda, a trav\u00e9s de kil\u00f3metros, los cantos de los marineros griegos. Tambi\u00e9n pod\u00eda sentir sobre su piel el calor abrasador del sol africano, oler los pescados recogidos en el Mar del Norte, o sentir apretado contra el paladar, el sabor inconfundible de las ostras frescas, mientras le cosquilleaban contra la nariz las burbujas despreocupadas del champagne.<\/p>\n<p>Ya hab\u00eda pasado el tiempo estipulado por su hermano y este a\u00fan no aparec\u00eda, sab\u00eda que no lo abandonar\u00eda, pero no ignoraba que los brazos tibios de una mujer pod\u00edan hacer olvidar al mellizo prisionero.<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 a inquietarse por la falta de noticias primero y por la ausencia despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Se desesper\u00f3 y se sinti\u00f3 preso por primera vez desde que comenzara a compartir la prisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Termin\u00f3 por no esperar m\u00e1s. Odi\u00f3 al hermano ingrato.<\/p>\n<p>Fue entonces cuando una noche la repentina calma del mar lo despert\u00f3. Abri\u00f3 los ojos y aguz\u00f3 el o\u00eddo. Se sent\u00eda transportado y como flotando en el aire. No se o\u00eda el murmullo del agua ni se ve\u00edan las estrellas en el cielo. Parec\u00eda una de esas noches en las que el mar devuelve a sus v\u00edctimas.<\/p>\n<p>Y as\u00ed sucedi\u00f3.<\/p>\n<p>Una r\u00e1faga, silenciosa y tenue, comenz\u00f3 a penetrar en su celda y una extra\u00f1a claridad lo encandil\u00f3. Sinti\u00f3 la presencia c\u00e1lida de Fernando y en la penumbra, lo vio corporizarse, poco a poco, hasta recortarse n\u00edtida su figura contra las paredes oscuras.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfC\u00f3mo es posible que est\u00e9s ac\u00e1? \u2013le pregunt\u00f3 asombrado.<\/p>\n<p>Fernando, con los ojos inyectados en sangre, la boca entreabierta y la cabeza cubierta de arena, respondi\u00f3 con voz lenta y ronca.<\/p>\n<p>\u2013Estoy muerto. He muerto hace d\u00edas y mi cuerpo y mi esp\u00edritu han deambulado por la tierra buscando d\u00f3nde reposar. Se niegan a dejar este mundo. He muerto entre las azules aguas del mar Egeo, ca\u00ed desde la cubierta de un crucero, se enredaron mis ropas en las h\u00e9lices, y fui empujado al fondo arenoso, entre algas y estrellas marinas. Se llenaron mis pulmones de agua salada hasta estallar y mis ojos salieron de sus \u00f3rbitas. No te veo, hermano querido, estoy ciego.<\/p>\n<p>Reci\u00e9n entonces Sebasti\u00e1n lo observ\u00f3 detenidamente: todo su cuerpo estaba sucio de arena y los ojos, que \u00e9l hab\u00eda visto inyectados en sangre, eran dos cuencas vac\u00edas, profundas y oscuras. Su vientre, otrora fuerte y musculoso era una masa informe e hinchada de agua helada, los pies se ve\u00edan lastimados entre los dedos y con las u\u00f1as destrozadas. Todo \u00e9l estaba lleno de ara\u00f1azos y cortaduras, la ropa hecha jirones le colgaba cubriendo apenas su desnudez.<\/p>\n<p>Sebasti\u00e1n cay\u00f3 pesadamente en su camastro y observ\u00f3 la figura fantasmag\u00f3rica que, parada frente a \u00e9l, chorreaba agua formando un charco de luces.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfQu\u00e9 se supone que hagamos ahora? \u2013pregunt\u00f3 con la voz desfigurada.<\/p>\n<p>\u2013Ocupa t\u00fa mi lugar y yo ocupar\u00e9 el tuyo, tal cual lo hemos hecho siempre a lo largo de nuestras vidas, solo que \u00e9ste ser\u00e1 nuestro \u00faltimo cambio. Seremos los dos uno y as\u00ed obtendremos ambos la libertad.<\/p>\n<p>Diciendo esto abri\u00f3 sus brazos desgarrados y, ofreciendo su pecho, se confundieron en un \u00faltimo abrazo fraterno.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, notando la ausencia de Sefer entre los reclusos en el momento de esparcimiento, uno de los carceleros se dirigi\u00f3 hasta su celda.<\/p>\n<p>Al acercarse vio, entre asombrado y estupefacto, un cuerpo semidesnudo, sucio de arena, tirado sobre el catre empapado, con claras huellas de haber muerto ahogado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eran tan parecidos que dif\u00edcilmente se los distingu\u00eda. 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