{"id":1750,"date":"2019-05-08T00:17:25","date_gmt":"2019-05-08T00:17:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/?p=1750"},"modified":"2019-05-08T00:17:25","modified_gmt":"2019-05-08T00:17:25","slug":"serafin","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/?p=1750","title":{"rendered":"Serafin"},"content":{"rendered":"<p>A medida que ve\u00eda consumirse los le\u00f1os en la gran chimenea de adoqu\u00edn y quebracho sorb\u00eda lentamente el \u00faltimo amargo.<\/p>\n<p>Luc\u00eda, la mujer del capataz pulcramente vestida con un delantal blanco sobre la falda floreada y el cabello recogido en la nuca, aguardaba servil y pacientemente. Seraf\u00edn le entreg\u00f3 el antiguo mate de plata y se puso de pie. Ya hab\u00eda mudado su atuendo campero por el ciudadano y cambiado el rebenque por las llaves del coche. Con la mirada recorri\u00f3 la estancia, sobria y familiar. Hab\u00edan sido impartidas las \u00faltimas indicaciones a su administrador y no esperaba que sucediera nada, fuera de la rutina habitual, durante sus dos meses de veraneo en Grecia.<\/p>\n<p>Con paso sereno se dirigi\u00f3 hasta el coche, un BMW color gris metalizado. Le era fiel a esa marca desde varios a\u00f1os atr\u00e1s. Su <em>dealer<\/em>quiso tentarlo varias veces con coches modernos, de l\u00edneas aerodin\u00e1micas, de colores vistosos, pero, a los cuarenta y cinco a\u00f1os, tan conservador como hab\u00eda sido su padre, se sent\u00eda plenamente identificado con el autom\u00f3vil que conduc\u00eda y le gustaba su suave y elegante andar. Gir\u00f3 la llave en el contacto y escuch\u00f3 largo rato el sonido del motor. Luego parti\u00f3. El hijo de Luc\u00eda lo acompa\u00f1\u00f3 a caballo para abrirle las tranqueras.<\/p>\n<p>El atardecer era muy fr\u00edo, esperaban una helada tan intensa como la de la noche anterior. Conect\u00f3 la calefacci\u00f3n y tom\u00f3 el ancho camino de tierra. El cielo estaba te\u00f1ido de rojo y cubierto de nubes.<\/p>\n<p>El crep\u00fasculo vespertino se estaba trocando en noche. Ten\u00eda que hacer treinta kil\u00f3metros antes de llegar al pavimento y desde ah\u00ed recorrer cien m\u00e1s hasta la Capital. Calcul\u00f3 que llegar\u00eda a su casa alrededor de las veinte. Ten\u00eda tiempo de sobra y ninguna prisa, y se dispuso a disfrutar el regreso. Coloc\u00f3 una casette de Sinatra\u00a0 y se dej\u00f3 transportar. Iba despacio, esquivando la cresta dura de barro y los pozos que aparec\u00edan continuamente. En pocos minutos era de noche, para lo cual la gran cerraz\u00f3n ayudaba. Calcul\u00f3 que le faltaban unos diez kil\u00f3metros para llegar al asfalto cuando not\u00f3 una hilera de luces que desde la izquierda de la ruta se extend\u00edan hacia el oeste. Nunca las hab\u00eda visto en los a\u00f1os que llevaba recorriendo la zona desde que se casara con Isabel.<\/p>\n<p>Su matrimonio hab\u00eda sido un muy buen arreglo entre dos personas cultas, de un mismo nivel social y econ\u00f3mico entre las que se estableciera una corriente de simpat\u00eda y compa\u00f1erismo. Ten\u00edan dos hijas hermosas y un excelente pasar.<\/p>\n<p>Consult\u00f3 el reloj iluminado del tablero y decidi\u00f3 hacer un alto para conocer ese pueblo, del que ignoraba la existencia, y de paso tomar algo. No estar\u00eda mucho tiempo, apenas una media hora. Siempre le hab\u00eda gustado el clima de los peque\u00f1os asentamientos rurales y\u00a0 sentirse cerca de la gente.<\/p>\n<p>Aminor\u00f3 la marcha y gir\u00f3 a la izquierda para tomar el camino iluminado por las luces. Estas lo llevaron directamente a la plaza principal donde se alineaban la Iglesia, el Banco, la comisar\u00eda y el almac\u00e9n de ramos generales. En una de las esquinas se encontraba la confiter\u00eda. Hacia all\u00ed se dirigi\u00f3 y estacion\u00f3 el autom\u00f3vil frente a ella. Al ingresar vio las luces mortecinas que colgaban como racimos sobre las mesas sin mantel y que le daban al lugar un toque fantasmag\u00f3rico. La pinotea del piso brillaba limpia. La barra de madera ocupaba un buen sector del local, y acodados se encontraban cuatro parroquianos de bombachas, boina y fac\u00f3n en la faja negra.<\/p>\n<p>Seraf\u00edn eligi\u00f3 una mesa cerca de la ventana. Las cortinas que cubr\u00edan la mitad inferior de los vidrios, para lograr de esta forma una mayor intimidad, le imped\u00edan la visi\u00f3n de su coche. La oscuridad afuera era casi total, tan s\u00f3lo rota por los faroles que lo condujeran hasta all\u00ed.<\/p>\n<p>Un muchacho se le acerc\u00f3. Le orden\u00f3 una grapa y la t\u00edpica picada: queso, aceitunas, mortadela y man\u00edes.<\/p>\n<p>Se sinti\u00f3 observado por todos. Para \u00e9l no era una sensaci\u00f3n nueva. Acarici\u00f3, en un gesto que lo caracterizaba, el fino bigote, la calvicie incipiente y\u00a0toc\u00f3 el nudo del pa\u00f1uelo de seda que adornaba su cuello. Llevaba puesta una camisa de villela a cuadros en colores claros, chaleco de lana combinada con gamuza, saco de tweed marr\u00f3n, pantalones de corderoy\u00a0 beige y botas cortas, tambi\u00e9n de gamuza. La nariz aguile\u00f1a y el cabello casta\u00f1o claro, entrecano, le daban una cierta prestancia y distinci\u00f3n. Sab\u00eda que miraban al forastero tratando de adivinar su procedencia. Le llevaron lo pedido. El que parec\u00eda el due\u00f1o se lo alcanz\u00f3 personalmente y lo mir\u00f3 con detenimiento.<\/p>\n<p>Bebi\u00f3 la grapa y prob\u00f3 la picada.<\/p>\n<p>Consult\u00f3 su reloj pulsera y se apresur\u00f3 a pagar, ya estaban llegando a su fin los minutos que le destinara a esa fugaz visita.<\/p>\n<p>Al dirigirse a su auto vio alejarse corriendo a un grupo de chicos de alrededor de trece a\u00f1os. Con desconfianza mir\u00f3 las cubiertas, parec\u00edan en orden. Subi\u00f3 al autom\u00f3vil, lo encendi\u00f3 y el motor se oy\u00f3 agradablemente.<\/p>\n<p>Pocos minutos m\u00e1s y volver\u00eda a estar en ruta. Parti\u00f3 y vio como las luces del peque\u00f1o pueblo iban quedando atr\u00e1s. En el pasacasette sonaba \u201cAll the Way\u201d. Luego de una peque\u00f1a curva se encontr\u00f3 con el ancho camino de\u00a0 tierra. Gir\u00f3 el volante hacia la izquierda para tomarlo y oy\u00f3 un sonido caracter\u00edstico, como de \u2018goma en llanta\u2019. Inmediatamente record\u00f3 al grupo de chiquillos. El ruido fue aumentando en volumen y el andar del coche se hizo m\u00e1s pesado.<\/p>\n<p>Detuvo la marcha y con la linterna que siempre llevaba en la guantera revis\u00f3 nuevamente los neum\u00e1ticos. No encontr\u00f3 nada raro y reanud\u00f3 el viaje. Pens\u00f3 que en la oscuridad reinante le iba a ser muy engorroso realizar cualquier tarea. Estaba preocupado y nervioso. Aument\u00f3 la velocidad para alcanzar el pavimento.\u00a0 Al esquivar una alta cresta de barro seco la rueda delantera derecha cay\u00f3 en un bache no advertido y el BMW se desplom\u00f3 de trompa. Ahora estaba claro el juego de los mocosos del pueblo: le hab\u00edan aflojado las tuercas de las ruedas delanteras que se abr\u00edan a ambos lados como un espantajo despatarrado. Descendi\u00f3 del veh\u00edculo dando un portazo y maldiciendo el momento en que se le ocurri\u00f3 dejarse tentar por esa hilera de luces. Abri\u00f3 el ba\u00fal y busc\u00f3 el cricket y la llave cruz. En la oscuridad trat\u00f3 de levantar el coche para poder trabajar. Le pareci\u00f3 una tarea cicl\u00f3pea. Mir\u00f3 a su alrededor y alcanz\u00f3 a ver la luz de una casa.<\/p>\n<p>Pens\u00f3 en buscar auxilio y se dirigi\u00f3 a trabar las puertas. En la negrura de la noche no advirti\u00f3 dos sombras que se acercaban agazapadas. De pronto se sinti\u00f3 abrazado por la espalda con un hierro presionando brutalmente su garganta impidi\u00e9ndole gritar.<\/p>\n<p>Quiso defenderse pero no tuvo fuerzas para hacerlo, sus ojos se nublaron y perdi\u00f3 el conocimiento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando volvi\u00f3 en s\u00ed se encontr\u00f3 tirado en la banquina. Un dolor lacerante le hizo llevar las manos al cuello. Ten\u00eda la piel lastimada. Se incorpor\u00f3 con esfuerzo, estaba desnudo, sucio, dolorido y muerto de fr\u00edo, su coche y la totalidad de su ropa hab\u00edan desaparecido. Camin\u00f3 unos pasos y tropez\u00f3 con unos bultos desparramados: un pantal\u00f3n, una camisa de tela r\u00fastica, y un par de borcegu\u00edes livianos.<\/p>\n<p>Tiritando y venciendo su repulsi\u00f3n se coloc\u00f3 esa ropa y con paso inseguro, tosiendo dolorosamente, fue hacia la luz que hab\u00eda visto momentos antes.<\/p>\n<p>A medida que se acercaba not\u00f3 que ella proven\u00eda de la puerta abierta de una casa. No se le ocurri\u00f3 pensar que quienes lo asaltaran a \u00e9l hab\u00edan incursionado antes por all\u00ed.<\/p>\n<p>Al llegar ingres\u00f3 tambaleante aferr\u00e1ndose a las paredes. No supo horrorizado si el cuadro aterrador que se presentaba ante sus ojos era una macabra fantas\u00eda o la realidad: una mujer yac\u00eda tirada en el piso entre cuatro sillas ca\u00eddas y las patas de una mesa con las ropas destrozadas y marcas de golpes en el cuerpo. Un poco m\u00e1s all\u00e1, en la cocina, se ve\u00eda el cuerpo de una joven con el cuello cortado y el cabello largo, desordenado, pegoteado en un charco de sangre.<\/p>\n<p>Ambas ten\u00edan las faldas arremangadas hasta la cintura y signos evidentes de haber sido violadas.<\/p>\n<p>Sin poder evitarlo vomit\u00f3. El dolor de su garganta fue insoportable. Descompuesto por el espect\u00e1culo se dirigi\u00f3 hacia el exterior. Apenas hab\u00eda salido, oy\u00f3 el traqueteo de un sulky que se detuvo casi sobre su persona, y del cual se ape\u00f3 un hombre. Este lo mir\u00f3 con desconfianza y empuj\u00e1ndolo bruscamente, se zambull\u00f3 en el interior de la casa donde lo aguardaba el espect\u00e1culo de las dos mujeres brutalmente asesinadas.<\/p>\n<p>El grito desgarrador que profiri\u00f3 lo paraliz\u00f3. A trav\u00e9s de la ventana lo vio con los pu\u00f1os en alto y los ojos desorbitados buscando a su alrededor, algo con que vengarse. Levantando una silla por sobre su cabeza sali\u00f3 a golpear a aquel a qui\u00e9n cre\u00eda culpable de tanto salvajismo.<\/p>\n<p>Seraf\u00edn mir\u00f3 a la mole humana que se le aproximaba y d\u00e1ndole la espalda intent\u00f3 correr. Entonces sinti\u00f3 sobre su hombro derecho deshacerse la madera en mil pedazos y crey\u00f3 desmayarse del dolor. Una andanada de golpes de pu\u00f1o le llenaron el cuerpo y la cara. Por un momento su agresor se detuvo para entrar a la casa en busca de un arma de fuego.<\/p>\n<p>Aprovech\u00f3 ese minuto para huir. Su instinto le indicaba huir e intent\u00f3 hacerlo. Huy\u00f3 como pudo, con el brazo derecho colgando, sollozando, con la vista nublada.<\/p>\n<p>No ten\u00eda idea clara de su aspecto ni de que sus ropas, sucias de sangre, eran el uniforme azul claro que usaban los condenados del sector de m\u00e1xima seguridad de la c\u00e1rcel de Mercedes, distante pocos kil\u00f3metros.\u00a0 Lleg\u00f3 al camino de tierra y se dirigi\u00f3 hacia la ruta pavimentada. Su desplazamiento era lento. El dolor le desfiguraba el rostro.<\/p>\n<p>Vio avanzar un coche en direcci\u00f3n contraria, le hizo se\u00f1as, quiz\u00e1 lo podr\u00edan alcanzar hasta la estancia. Tuvo \u00e9xito, el autom\u00f3vil, un Ford Falcon no muy nuevo, se detuvo. Del lado del acompa\u00f1ante descendi\u00f3 un hombre joven, de campera negra que lo hizo subir y sentarse junto al conductor mientras \u00e9l lo hac\u00eda en el asiento trasero del veh\u00edculo.<\/p>\n<p>Seraf\u00edn trat\u00f3 de presentarse y agradecer el auxilio, pero de su garganta sali\u00f3 un desagradable sonido gutural, era obvio que un nervio recurrente hab\u00eda sido afectado. A su espalda oy\u00f3 martillar un arma. Sinti\u00f3 en la nuca el fr\u00edo ca\u00f1o de una pistola.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfCre\u00edas que era tan f\u00e1cil escapar? Ya dos de tus compa\u00f1eros cayeron en Luj\u00e1n. Esos no cuentan m\u00e1s. Quedabas vos y \u201cel tuerto\u201d; a vos ya te tenemos y prontito nos vas a decir d\u00f3nde est\u00e1 el otro. Cuento viejo ese de querer ir a la enfermer\u00eda y escaparse \u2013dec\u00eda el joven oficial arrastrando las palabras\u2013. Nunca debieron matar al guarda, vos sabes que no nos gusta que se metan con nuestros compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>Seraf\u00edn sinti\u00f3 helarse la sangre en sus venas y cerr\u00f3 los ojos esperando abrirlos lejos de ese mal sue\u00f1o.<\/p>\n<p>Entraron al pueblo siguiendo la hilera de luces y se dirigieron a la comisar\u00eda. Al llegar condujeron al detenido a un despacho. Quien manejaba el Ford se quit\u00f3 el sobretodo azul y\u00a0\u00a0 qued\u00f3 a la vista su chaqueta de Comisario. El joven oficial permaneci\u00f3 junto al reo. No hab\u00eda terminado a\u00fan de acomodar el abrigo cuando entr\u00f3 el Oficial Principal<\/p>\n<p>\u2013Jefe \u2013dijo visiblemente angustiado\u2013,\u00a0 lleg\u00f3 su cu\u00f1ado. Lo est\u00e1n atendiendo en mi oficina, hubo una desgracia, su hermana y su sobrina&#8230;<\/p>\n<p>En dos zancadas el Comisario desapareci\u00f3 tras una puerta de comunicaci\u00f3n que cerr\u00f3 de un golpe. Se oyeron voces y gritos. Vagamente se le ocurri\u00f3 a Seraf\u00edn pensar en las dos mujeres violadas tiradas en el piso.<\/p>\n<p>Un momento despu\u00e9s la puerta se abri\u00f3 y como en una pesadilla vio al hombre que lo golpeara, sentado con la cabeza gacha entre los hombros sacudido por el llanto. La enorme figura del Comisario oscureci\u00f3 la estancia, Seraf\u00edn sinti\u00f3 que el piso se abr\u00eda y que se precipitaba a un pozo que no ten\u00eda fin. Estaba parado frente a \u00e9l, vio sus ojos enrojecidos y la cara deformada por el odio y el dolor.<\/p>\n<p>Cuando le habl\u00f3 lo traspas\u00f3 con cada palabra.<\/p>\n<p>\u2013Tanto hice por regresar a mi pueblo y apenas a dos meses de estar ac\u00e1 veo a mi hermana y a mi sobrina violadas. Hijo de puta, bastardo\u2013. Levant\u00f3 el pu\u00f1o cerrado que cay\u00f3 como una pedrada en plena rostro de Seraf\u00edn\u2013. \u00bfQui\u00e9n mat\u00f3 a la chica? \u00bfQui\u00e9n? No te van a quedar dientes en la boca ni ganas ni bolas con qu\u00e9 volver a joder cuando yo acabe con vos\u2013. Lo agarr\u00f3 con furia del brazo derecho hasta hacerlo aullar de dolor.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Ah\u00ed est\u00e1 la prueba! \u2013grit\u00f3\u2013. \u00a1Mi cu\u00f1ado te fractur\u00f3 el hombro con una silla! \u2013 Y diciendo esto comenz\u00f3 a golpearlo con furia animal.<\/p>\n<p>\u2013Basta jefe, det\u00e9ngase! \u2013grit\u00f3 el Principal mientras lo tomaba con fuerza por la espalda y lo separaba\u2013. \u00a1Llev\u00e1telo de ac\u00e1! \u2013orden\u00f3 al chico\u2013. \u00a1Sacalo de adelante porque lo mata ya mismo!<\/p>\n<p>Lo llevaron entre dos, a empujones y a golpes, solidariz\u00e1ndose de esta manera con el dolor de su superior. Abrieron una puerta, lo tiraron al suelo y le propinaron una tremenda golpiza. Una trompada le abri\u00f3 una ceja y otra le fractur\u00f3 la nariz. En su despacho el Comisario trataba de soportar su desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Juan! \u2013llam\u00f3 al Principal mientras se desplomaba tras su escritorio\u2013 te voy a necesitar, deciles a los muchachos que este es mi asunto y que no se metan, que no se olviden que ac\u00e1 yo soy la autoridad, que ignoren que trajimos al degenerado. No quiero avisar todav\u00eda al Juez, decile al Oficial de Servicio que en una hora se lo comunique. Pedime el patrullero, vamos a casa de mi hermana para ver lo sucedido, quiero saber exactamente qu\u00e9 pas\u00f3. Vamos a ir vos y yo solos\u2013. Se pas\u00f3 una mano por los ojos como para despejar la mente\u2013. No, mejor lo llevamos tambi\u00e9n al cabr\u00f3n y a estos dos chicos que ya lo vieron. Ellos me son fieles y me van a ayudar. Quiero cargarme de odio para hacerle sufrir al bastardo\u00a0todo lo que les hizo sufrir a ellas. \u00a1Andando! \u2013termin\u00f3 con la voz enronquecida mientras hurgaba en un caj\u00f3n del escritorio en busca de una pistola calibre treinta y ocho, un \u2018perro\u2019 sin due\u00f1o y con una muerte, a la que le coloc\u00f3 una carga y la puso en la cintura.<\/p>\n<p>Por orden del Comisario fue llevado esposado hasta el patrullero. Lo hicieron entrar en la parte posterior del coche franqueado por los dos j\u00f3venes oficiales y se pusieron en camino.<\/p>\n<p>Seraf\u00edn trat\u00f3, nuevamente, de hablar. Se sent\u00eda impotente, desesperado. No pod\u00eda comunicarse, explicar que \u00e9l tambi\u00e9n era v\u00edctima. Record\u00f3 la confiter\u00eda, quiz\u00e1 el due\u00f1o que tanto lo hab\u00eda observado, pudiera reconocerlo.<\/p>\n<p>Trat\u00f3 de hablar, hizo un esfuerzo:<\/p>\n<p>\u2013Me llamo Seraf\u00edn Carreras. Fui asaltado \u2013se oy\u00f3 decir con una voz deformada que no era la suya\u2013 tom\u00e9 un grapa en la confiter\u00eda, el due\u00f1o me atendi\u00f3, \u00e9l me puede reconocer y explicarles la verdad.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfQu\u00e9 dice \u00e9ste? \u2013pregunt\u00f3 el Comisario.<\/p>\n<p>\u2013No se le entiende. Creo que dice algo de la confiter\u00eda. Podr\u00edamos averiguar de qu\u00e9 se trata\u2013. Sugiri\u00f3 el Principal.<\/p>\n<p>\u2013Qu\u00e9 va, qu\u00e9 va, quiere ganar tiempo, debe creer que su compinche vendr\u00e1 por \u00e9l.<\/p>\n<p>\u2013No perdemos nada intent\u00e1ndolo, apenas unos minutos y salimos de la duda.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Duda! \u00bfQui\u00e9n tiene dudas? \u00bfAcaso yo? \u00bfAcaso vos?\u2013. Grit\u00f3 el Comisario\u2013 \u00a1Vamos a quitarte la duda! Vamos a la confiter\u00eda.<\/p>\n<p>Regresaron unas cuadras y pararon en la esquina. Seraf\u00edn respir\u00f3 aliviado, en pocos momentos se iba a aclarar todo y podr\u00eda dirigirse a la estancia, ba\u00f1arse, curarse las heridas, volver a vivir.<\/p>\n<p>Vio acercarse al due\u00f1o y al muchacho que levantara su pedido con uno de los chicos que lo custodiaban. Encendieron la luz interior del veh\u00edculo para que pudiera ser observado. Not\u00f3 en los rostros de los hombres un gesto de desagrado. Ambos movieron la cabeza negativamente.<\/p>\n<p>\u2013Un forastero tom\u00f3 una grapa esta tarde. Era un se\u00f1or, un hombre educado, bien vestido y limpio. Este es una porquer\u00eda maloliente \u2013y volvieron a negar con la cabeza.<\/p>\n<p>Seraf\u00edn haciendo un esfuerzo m\u00e1s quiso describir su ropa, su pa\u00f1uelo de seda, su gesto y su saco de tweed marr\u00f3n, pero al verlos alejarse, su voz se quebr\u00f3 en un sollozo y un ronquido le inund\u00f3 el pecho.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfConforme? \u00bfYa no ten\u00e9s dudas? \u2013pregunt\u00f3 con sorna el Comisario.<\/p>\n<p>Partieron. El prisionero not\u00f3 que el oficial, en silencio, lo observaba. Al llegar a la casa dejaron el coche sobre el camino a cincuenta metros de la entrada con los dos j\u00f3venes vigil\u00e1ndolo.<\/p>\n<p>All\u00ed se repiti\u00f3 lo mismo que camino a la oficina del Principal, pero esta vez era el Comisario quien lo empujaba o lo llevaba a la rastra agarr\u00e1ndolo con fuerza del brazo fracturado. Todo el odio y la furia volvieron a asaltarlo. Los gritos y los insultos se impon\u00edan al llanto y al dolor frente a las huellas de la tragedia ocurridas ah\u00ed. Los cuerpos se encontraban en el piso, entre el desorden.<\/p>\n<p>Seraf\u00edn pensaba en su mujer y en sus hijas. En cierta forma comprend\u00eda la actitud del Comisario, lo que no pod\u00eda entender era la forma terrible en que se hab\u00eda cegado a punto de ignorar que \u00e9l no era el culpable. A su alrededor ve\u00eda las paredes salpicadas de sangre. Desde la mesada de m\u00e1rmol blanco de la cocina se dibujaba una mano ensangrentada, su huella chorreaba hasta el piso. Parec\u00eda que lo sucedido hab\u00eda sido terrible. La brutalidad de los atacantes se notaba por todas partes. Mir\u00f3 el cuerpo de la joven que yac\u00eda muerta y se estremeci\u00f3, parec\u00eda una ni\u00f1a.<\/p>\n<p>El Principal se dirigi\u00f3 al dormitorio. Parte de la lucha deb\u00eda haberse llevado a cabo en ese lugar. Una camisa color azul claro, tirada en el suelo le llam\u00f3 la atenci\u00f3n. Sin\u00a0 tocarla le coment\u00f3 al comisario:<\/p>\n<p>\u2013Jefe, ac\u00e1 est\u00e1 la ropa de uno de ellos, parece que no tuvo tiempo de cambiarse totalmente pues no est\u00e1n los pantalones ni el calzado.<\/p>\n<p>\u2013Seguro, deben haber o\u00eddo llegar a mi cu\u00f1ado y salieron de raje, a este lo pudo agarrar a golpes y le rompi\u00f3 el hombro, el otro logr\u00f3 huir. Debe de andar cerca de ac\u00e1, es posible que se haya llevado alguna ropa de paisano, pero igual va a caer.<\/p>\n<p>\u2013Yo fui asaltado. Tienen mi ropa y mi auto. Me llamo Seraf\u00edn Carreras \u2013alcanz\u00f3 a decir, entre dientes, pero nadie le entendi\u00f3.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Todav\u00eda ten\u00e9s el coraje de hablar! Catorce a\u00f1os ten\u00eda mi sobrina y mir\u00e1 lo que le hiciste! \u00a1Perro, te voy a matar como a un perro! \u2013Bram\u00f3 el Comisario enfurecido abofete\u00e1ndolo nuevamente\u2013. \u00a1Dame la llave de las esposas!\u2013orden\u00f3.<\/p>\n<p>\u2013Jefe, no, no lo haga \u2013dijo el oficial tratando de disuadirlo mientras las tomaba de su cintur\u00f3n\u2013 espere a estar seguro.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1D\u00e1mela! \u2013grit\u00f3, arrebat\u00e1ndoselas con violencia. El prisionero sinti\u00f3 sus manos libres.<\/p>\n<p>\u2013Ahora, andate.<\/p>\n<p>Seraf\u00edn mir\u00f3 con sorpresa al Comisario y luego al mirar al otro su sorpresa se transform\u00f3 en terror. Se supon\u00eda que ten\u00eda que huir, sab\u00eda que eso se esperaba de \u00e9l.<\/p>\n<p>\u2013Andate\u2013. Rugi\u00f3 el Comisario mientras se le acercaba amenazante\u2013. Andate, ya. Es la \u00fanica oportunidad que te voy a dar, si te qued\u00e1s te va a pasar lo mismo que a estas mujeres.<\/p>\n<p>Seraf\u00edn lo vio estirar la mano hasta agarrar una cuchilla entre varias que se encontraban colocadas tras un soporte de madera contra la pared.<\/p>\n<p>\u2013Andate ya, o te clavo\u2013. Y el brazo se levant\u00f3 hasta recortarse contra el techo.<\/p>\n<p>Torpemente, tropezando y de espaldas, fue acerc\u00e1ndose a la puerta:<\/p>\n<p>\u2013Fu\u00ed asaltado, tienen mi ropa y mi coche, soy el due\u00f1o de la estancia \u201cEl Palmar\u201d\u2013. Sus palabras, apenas audibles e ininteligibles, fueron ahogadas por el grito furioso del Comisario.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Quiero que desaparezcas de mi vista!<\/p>\n<p>Pens\u00f3 que su alternativa era huir. Necesitaba tiempo, y pens\u00f3 en la oportunidad de conseguirlo.<\/p>\n<p>Corriendo torpemente se dirigi\u00f3 hacia el alambrado que rodeaba el lugar en la fantas\u00eda de escapar a campo traviesa.<\/p>\n<p>Esta vez no escuch\u00f3 martillar el arma, oy\u00f3 tan s\u00f3lo el estampido y un golpe en una pantorrilla. Cay\u00f3 de bruces. Cuando intentaba levantarse sinti\u00f3 que lo ayudaban a hacerlo. Casi en vilo lo llevaron hasta el camino de tierra.<\/p>\n<p>\u2013Quiero verte caminar por la ruta \u2013dijo el Comisario clav\u00e1ndole los ojos al tiempo que lo empujaba hacia atr\u00e1s con la mano izquierda mientras empu\u00f1aba la pistola en la derecha. La segunda bala se le incrust\u00f3 en el hombro sano, la tercera le atraves\u00f3 la ingle y la cuarta le perfor\u00f3 un test\u00edculo. Los disparos los efectuaba a intervalos regulares a la distancia de un brazo con la mirada fr\u00eda y dur\u00edsima fija en su cara mientras le hablaba escupi\u00e9ndole palabras de odio y lo sosten\u00eda cada vez que recib\u00eda un impacto de bala y trastabillaba por el sufrimiento.<\/p>\n<p>El \u00faltimo disparo le destroz\u00f3 una rodilla y\u00a0 su agresor lo dej\u00f3 caer a tierra. No se movi\u00f3. Era in\u00fatil intentarlo. A\u00fan as\u00ed trat\u00f3 de pensar en alguna estrategia. Se sent\u00eda destruido, pero todav\u00eda estaba vivo. El dolor era tan fuerte que se estaba transformando en anest\u00e9sico. No pod\u00eda respirar. Se dio cuenta de la presencia del Comisario a su lado cuando lo oy\u00f3 hablar.<\/p>\n<p>\u2013Te voy a hacer un favor muy grande, voy a matarte, de la manera en que muri\u00f3 mi sobrina, cort\u00e1ndote el gaznete, despacio, despacito, como si fueras una gallina\u2013. Y pis\u00e1ndole con furia ambas manos, le agarr\u00f3 la cabeza y lo fue degollando tal cual se lo hab\u00eda prometido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Antes de dejar la casa, lav\u00f3 y colg\u00f3 en su lugar la cuchilla utilizada. Sus pisadas y las huellas del coche se desdibujar\u00edan entre todas las que luego habr\u00eda. De alg\u00fan modo lograr\u00eda hacer aparecer el asesinato del hijo de puta como una gresca entre maleantes. Sus muchachos no dir\u00edan nunca que el bastardo hab\u00eda estado en su despacho, nadie m\u00e1s en la comisar\u00eda sab\u00eda que el hombre hab\u00eda estado ah\u00ed. Todos afirmar\u00edan que fue encontrado muerto en ese lugar. El due\u00f1o del bar y su dependiente no se atrever\u00edan a hablar por semejante basura. Su cu\u00f1ado jurar\u00eda al Juez que nadie estaba en la casa cuando encontr\u00f3 a las mujeres muertas.<\/p>\n<p>Apenas ingres\u00f3 a su despacho, llam\u00f3 al Oficial de Servicio y d\u00e1ndole la espalda para no dejar traducir su emoci\u00f3n dijo:<\/p>\n<p>\u2013Acabo de confirmar el homicidio de mi hermana y de mi sobrina, en la cercan\u00eda de su casa est\u00e1 el cuerpo sin vida de un hombre, por las ropas sabemos que es fugitivo de la c\u00e1rcel de Mercedes. Probablemente fue muerto en una reyerta entre los mismos homicidas. Destaquen una patrulla y vayan hacia all\u00e1. Sigan la rutina habitual. En un momento me re\u00fano con ustedes.<\/p>\n<p>El Oficial Principal entr\u00f3 cuando el Comisario se quitaba la chaqueta manchada de sangre.<\/p>\n<p>\u2013Jefe, en nuestra ausencia lleg\u00f3 esta notificaci\u00f3n que consta en el libro.<\/p>\n<p>\u2013Le\u00e9mela\u2013dijo con la voz enronquecida al tiempo que se desabrochaba el cuello del uniforme.<\/p>\n<p>\u201c&#8230; le informamos que, en el d\u00eda de la fecha&#8230;, siendo las 21 horas, hemos logrado la detenci\u00f3n de dos condenados escapados en la madrugada de la c\u00e1rcel de seguridad de la ciudad de Mercedes, provincia de Buenos Aires, atrapados cuando asaltaban una gasolinera. Ambos hombres vest\u00edan ropa de calle y manejaban un autom\u00f3vil, marca BMW, color gris metalizado, a nombre de Seraf\u00edn Carreras, asaltado, seg\u00fan decir de los detenidos, en las proximidades de &#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A medida que ve\u00eda consumirse los le\u00f1os en la gran chimenea de adoqu\u00edn y quebracho sorb\u00eda lentamente el \u00faltimo amargo.<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[1,29],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1750"}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1750"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1750\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1751,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1750\/revisions\/1751"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1750"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1750"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1750"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}