{"id":1752,"date":"2019-05-08T00:19:04","date_gmt":"2019-05-08T00:19:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/?p=1752"},"modified":"2019-05-08T00:19:26","modified_gmt":"2019-05-08T00:19:26","slug":"tari","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/?p=1752","title":{"rendered":"Tari"},"content":{"rendered":"<p>Todo comenz\u00f3 con las bolitas. Esas peque\u00f1as, transparentes y coloridas bolitas de vidrio.<\/p>\n<p>La primera vez que una de ellas cay\u00f3 en sus manos la mir\u00f3 con detenimiento haci\u00e9ndola girar entre sus dedos de ni\u00f1o, la coloc\u00f3 contra el sol y vio la luz a trav\u00e9s de su cuerpo vidriado reflejarse descompuesta en arco iris contra la pared blanca de su casa y admir\u00f3, como en un caleidoscopio, formas ex\u00f3ticas, cambiantes y transparentes. No quiso intentar el juego para ganar otras por temor a perderla, pero se las ingeni\u00f3 para aumentar su n\u00famero, y en pocos a\u00f1os tuvo una variada colecci\u00f3n de distintos tama\u00f1os y colores.<\/p>\n<p>A las bolitas siguieron las cajas de f\u00f3sforos y las estampillas, luego las postales, y finalmente los recortes de peri\u00f3dicos y revistas, que con el tiempo llegaron a ser una parte muy importante de su vida.<\/p>\n<p>Recortaba fundamentalmente noticias de polic\u00eda pues eran las \u00fanicas que pensaba protagonizadas por hombres, los dem\u00e1s acontecimientos eran, para Tari, obra de seres que no llegaba a sentir como sus pares, quiz\u00e1 porque esos protagonismos lo superaban y los sent\u00eda como imposibles para ser ejecutados por simples mortales como \u00e9l, a los que la vida no ofrec\u00eda mayores emociones.<\/p>\n<p>Los relatos tr\u00e1gicos lo hac\u00edan vibrar, y si no ten\u00edan explicaci\u00f3n alguna despertaban hasta tal punto su imaginaci\u00f3n que la excitaci\u00f3n que esto le produc\u00eda lo privaba del sue\u00f1o y lo obligaba a investigar por su cuenta.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 a tener de cada caso una carpeta llena de notas y fotograf\u00edas, tomadas algunas por \u00e9l, cuando el tema as\u00ed lo justificaba.<\/p>\n<p>Muchas veces se trasladaba varios kil\u00f3metros sin importarle el fr\u00edo, el calor o la lluvia, para llegar al sitio en el cual se hab\u00eda producido un suceso que despertara su curiosidad y ah\u00ed recababa informes, conversaba con la gente del lugar, indagaba todo lo posible, realizando una importante labor period\u00edstica para un solo lector.<\/p>\n<p>Muy pronto el n\u00famero de carpetas ocup\u00f3 todo su escritorio. Luego comenz\u00f3 a acomodarlas en el piso.<\/p>\n<p>En pocos a\u00f1os debi\u00f3 destinar una habitaci\u00f3n completa de su casa para guardarlas. No quer\u00eda tirar uno solo de sus papeles. Durante las noches de invierno se sentaba frente al hogar encendido con una o dos carpetas sobre las piernas, las abr\u00eda con cuidado y recorr\u00eda las hojas leyendo fechas, nombres; rehaciendo los casos en su mente. As\u00ed repasaba lo sucedido y llegaba a veces a conclusiones inesperadas.<\/p>\n<p>Cada una trataba sobre un solo hecho y llevaba toda la documentaci\u00f3n aparecida, no s\u00f3lo en Buenos Aires sino tambi\u00e9n en otras capitales de habla hispana.<\/p>\n<p>A veces acud\u00eda a la polic\u00eda para contar su versi\u00f3n de alguna historia, pero el oficial de guardia nunca ten\u00eda tiempo ni ganas de o\u00edrlo, y jam\u00e1s le franque\u00f3 el acceso m\u00e1s all\u00e1. De haberlo escuchado se habr\u00eda sorprendido por las deducciones de ese peque\u00f1o hombrecito de aspecto estrafalario.<\/p>\n<p>Con el correr del tiempo las carpetas fueron invadiendo todo, como una enorme planta trepadora que no repara en nada en su af\u00e1n invasor.<\/p>\n<p>Luego del escritorio ocuparon la sala de \u00a0estar y el comedor y avanzaron por la circulaci\u00f3n hacia el dormitorio y el ba\u00f1o.<\/p>\n<p>Cuando comenz\u00f3 a desalojar las alacenas de la cocina y todos los lugares a su alrededor para guardarlas, decidi\u00f3 que hab\u00eda llegado el momento de mudarse.<\/p>\n<p>Necesitaba espacio. No le importaba el barrio ni el estado del inmueble. Orient\u00f3 su b\u00fasqueda hacia las zonas m\u00e1s antiguas de Buenos Aires: Almagro, Constituci\u00f3n, San Telmo. Era ah\u00ed donde pensaba encontrar la comodidad necesaria a un precio accesible para sus ingresos provenientes de una peque\u00f1a herencia que le permit\u00eda vivir modestamente de rentas.<\/p>\n<p>Finalmente alquil\u00f3 un afrancesado \u2018petit hotel\u2019 en la esquina de Brasil y Piedras, en el barrio de Constituci\u00f3n, y se traslad\u00f3 con sus pocos muebles y toda su papeler\u00eda.<\/p>\n<p>El frente del edificio era se\u00f1orial, con piedra en toda su alzada, celos\u00edas de hierro que proteg\u00edan estrechas carpinter\u00edas y una importante puerta de doble hoja por la que se ingresaba, a trav\u00e9s de una escalera de m\u00e1rmol blanco, al vest\u00edbulo que se abr\u00eda, con grandes ventanales de vidrio repartido y biselado, a un peque\u00f1o patio en donde una estatua se escond\u00eda, p\u00fadicamente, recogiendo una t\u00fanica que no alcanzaba a cubrir sus pechos desnudos.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s del vest\u00edbulo de entrada y el patio se desarrollaban en esa planta tres salas con pisos de roble, altas puertas macizas y descascaradas molduras decorativas.<\/p>\n<p>En el primer piso, rodeando la escalera interior tambi\u00e9n de m\u00e1rmol blanco con balaustrada de hierro y bronce, e iluminada cenitalmente por un colorido vitral asombrosamente intacto, hab\u00eda tres dormitorios y un ba\u00f1o.<\/p>\n<p>Remataba el conjunto la terraza semidestruida y la cubierta de pizarras donde el tiempo hab\u00eda hecho estragos permitiendo, en d\u00edas lluviosos, el paso del agua.<\/p>\n<p>Desde la planta baja una oculta y empinada escalera de hormig\u00f3n conduc\u00eda al s\u00f3tano de doble altura, muy amplio, de forma rectangular sobre la calle Brasil que se transformaba en un pasillo angosto en el sector de la calle Piedras. Estaba ventilado en todo lo largo de la l\u00ednea municipal a trav\u00e9s de ventanas abiertas a nivel de la vereda protegidas por rejas que en otra \u00e9poca estuvieron pintadas de negro.<\/p>\n<p>Este s\u00f3tano fue el que determinara su elecci\u00f3n, y ah\u00ed organiz\u00f3 el archivo. Compr\u00f3 varios metros de madera de pino y con ellas construy\u00f3 escalerillas. \u00c9l mismo las cort\u00f3. Los brazos lampi\u00f1os desnudos y su pelada h\u00fameda, brillante de transpiraci\u00f3n y cruzada de lado a lado por unos pocos pelos entrecanos, acompa\u00f1aban su esfuerzo. Mientras trabajaba a duras penas lograba mantener los anteojos sobre su nariz respingada. La barba blanca que enmarcaba sus mejillas rubicundas, se sacud\u00eda imperceptiblemente con su movimiento.<\/p>\n<p>Cuando logr\u00f3 armar las escalerillas las uni\u00f3 con listones anchos y fuertes, a guisa de alfaj\u00edas. Coloc\u00f3 escaleras colgantes entre los archivos y dio por terminada la tarea. Comenz\u00f3 entonces a acomodar su preciado tesoro, hasta ese instante precariamente apilado en el hall frente a la p\u00fadica y vigilante estatua.<\/p>\n<p>Una a una revisaba sus carpetas, las clasificaba, y luego de catalogarlas en un enorme y grueso cuaderno, las colocaba amorosamente en su reci\u00e9n terminado destino.<\/p>\n<p>Previo a todo el trabajo de carpinter\u00eda hab\u00eda comprado pintura y blanqueado paredes y techos.<\/p>\n<p>Cuando termin\u00f3 su obra baj\u00f3 con mucho esfuerzo, a causa de la estrechez de la escalera, una gran mesa r\u00fastica de madera, una silla y una vieja l\u00e1mpara a kerosene.<\/p>\n<p>La elaboraci\u00f3n de todo su proyecto, demand\u00f3 varios meses de intenso trabajo. Pese a esto en ning\u00fan momento dej\u00f3 de preocuparle lo que suced\u00eda a su alrededor. Diariamente sal\u00eda, cerca de las nueve de la ma\u00f1ana, a recoger los diarios y varias revistas de actualidad y al atardecer, sentado c\u00f3modamente en el gran vest\u00edbulo con las gafas bailando al comp\u00e1s de su respiraci\u00f3n, le\u00eda y revisaba l\u00ednea a l\u00ednea las noticias, mientras sorb\u00eda caf\u00e9 negro y dulz\u00f3n, y mordisqueaba una manzana.<\/p>\n<p>Un c\u00e1lido domingo de noviembre sali\u00f3 al atardecer a recorrer el barrio, para \u00e9l casi desconocido.<\/p>\n<p>Las calles estaban desiertas y flotaba en el aire, mezclado con la luz del sol que lo te\u00f1\u00eda, un polvillo que le hac\u00eda pensar que el mundo era una m\u00e1gica esfera de oro.<\/p>\n<p>En una esquina, se tent\u00f3 con un \u2018pochoclero\u2019 y volvi\u00f3 a sentirse ni\u00f1o otra vez. Compr\u00f3 un paquete y continu\u00f3 su paseo tranquilo, disfrutando poder hacerlo mientras pensaba en la gente que misteriosa y oculta lo rodeaba. Se sent\u00eda feliz pues lo ten\u00eda todo en la vida. Saboreaba su dulce y observaba ac\u00e1 los viejos balcones con sus hermosas balaustradas, recuerdo de lujos pasados, all\u00e1, las paredes descascaradas de algunas viviendas. Pensaba entonces en la historia de los seres que otrora viv\u00edan en ellas, y en las de los que actualmente las habitaban.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sigui\u00f3 caminando por la calle Brasil. Pocos metros antes de llegar a Per\u00fa vio estacionado un Ford Falcon color verde oscuro. Dobl\u00f3 hacia el Sur. Apenas hab\u00eda caminado unos pasos cuando fue brutalmente atropellado y cay\u00f3, rodando sus \u00faltimas \u2018palomitas de ma\u00edz\u2019 por el suelo. Qued\u00f3 sentado sobre su trasero y apoyado en sus manos mientras su voluminoso abdomen se agitaba a causa del susto y del golpe.<\/p>\n<p>Desde su rid\u00edcula posici\u00f3n vio correr a un hombre de contextura peque\u00f1a, delgado y \u00e1gil, quien, desandando el camino hecho por Tari, desapareci\u00f3 r\u00e1pidamente en la primera esquina. En pocos segundos el Falcon verde dej\u00f3 o\u00edr su motor y atraves\u00f3 a toda velocidad la bocacalle.<\/p>\n<p>Tari se quit\u00f3 las gafas que colgaban sobre su nariz y se frot\u00f3 los ojos. No daba cr\u00e9dito a lo ocurrido, casi sent\u00eda que era protagonista de uno de esos casos\u00a0 que estudiaba diariamente. Se qued\u00f3 en la vereda con las rodillas apuntando al cielo, tratando de recuperar el aliento perdido e imaginando mil cosas en dos minutos. \u00a0Se levant\u00f3 con dificultad y emprendi\u00f3 el regreso a su hogar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, luego de su recorrida habitual, al leer los diarios su pecho se agit\u00f3 por una noticia que le pertenec\u00eda a \u00e9l antes que a la prensa: se hab\u00eda perpetrado un asesinato en un inquilinato de la calle Per\u00fa, casi Brasil; la occisa, encontrada en la pieza donde viv\u00eda, era una mujer joven. La muerte hab\u00eda sido producida por un golpe seco en la garganta que hab\u00eda comprimido la tr\u00e1quea, un golpe de karate al que hab\u00eda seguido una muerte inmediata y sin sangre.<\/p>\n<p>El diario tembl\u00f3 en sus manos y respir\u00f3 profundamente, \u00e9l conoc\u00eda al asesino, era aquel hombre que lo hab\u00eda atropellado el d\u00eda anterior. No ten\u00eda ninguna duda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Desde aquel momento su vida tom\u00f3 impulso.<\/p>\n<p>Ahora sent\u00eda que su obligaci\u00f3n era tambi\u00e9n con la sociedad ya que por primera vez, no s\u00f3lo deb\u00eda dilucidar un enigma sino encontrar a un personaje real, alguien que \u00e9l hab\u00eda visto y a quien pod\u00eda reconocer.<\/p>\n<p>Record\u00f3 que dos a\u00f1os atr\u00e1s algo parecido hab\u00eda sucedido en la zona del Abasto: una muchacha apareci\u00f3 muerta con un golpe similar dentro del ba\u00f1o de un bar, y a los pocos meses se encontr\u00f3 otra, sobre un banco, en la estaci\u00f3n Once.<\/p>\n<p>Con gran emoci\u00f3n baj\u00f3 al s\u00f3tano, encendi\u00f3 la l\u00e1mpara a kerosene y consult\u00f3 su cat\u00e1logo. Hecho esto, l\u00e1mpara en mano, desplaz\u00f3 una de las escaleras colgantes, se trep\u00f3 y busc\u00f3 las carpetas que trataban esos casos sin resolver, y de id\u00e9nticas caracter\u00edsticas al actual. Una vez con ellas en su poder se sent\u00f3, por primera vez, tras la mesa del s\u00f3tano y comenz\u00f3 a hojearlas con detenimiento.<\/p>\n<p>La excitaci\u00f3n que experimentaba mientras las revisaba y estudiaba era inmensa.<\/p>\n<p>Pronto not\u00f3 que el s\u00f3tano era un lugar muy peque\u00f1o para el trabajo que deb\u00eda realizar y apagando la l\u00e1mpara, subi\u00f3 al vest\u00edbulo donde continu\u00f3 su estudio. Sent\u00eda que su estatua, asombrada, levantaba la cabeza cada tanto para observarlo, y que la t\u00fanica que p\u00fadicamente la cubr\u00eda se deslizar\u00eda en cualquier momento hasta el suelo.<\/p>\n<p>Organiz\u00f3 su mente utilizando el piso embaldosado como escritorio desplegando \u00a0garabatos y dibujos, palabras y croquis de la ciudad que s\u00f3lo para \u00e9l ten\u00edan significado y que iba confeccionando sobre la marcha.<\/p>\n<p>Sin darse cuenta el d\u00eda lo sorprendi\u00f3, y con el d\u00eda lleg\u00f3 la claridad. Se encontraba seleccionando y acomodando datos en cuclillas, rodeado de papeles, cuando de pronto record\u00f3 una figura peque\u00f1a y delgada que nunca faltaba entre los curiosos, en esos irresueltos cr\u00edmenes. Lentamente se puso de pie. Con las manos tomadas a su espalda recorri\u00f3 la estancia a paso lento pensando y analizando. Luego se dirigi\u00f3 a la cocina, prepar\u00f3 una gran jarra de caf\u00e9, lo sorbi\u00f3 despacio y decidi\u00f3 llegar hasta el final. Ten\u00eda los elementos para hacerlo. Se sinti\u00f3 pleno y feliz.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A media ma\u00f1ana se dirigi\u00f3 a la calle Per\u00fa. Como era de esperar, estaba la polic\u00eda.<\/p>\n<p>Se aproxim\u00f3 y se mezcl\u00f3 con los curiosos. Por primera vez trataba de pasar desapercibido. Buscaba a alguien y no quer\u00eda ser visto. Sab\u00eda que el asesino estar\u00eda en el lugar del hecho y que lo reconocer\u00eda. No se conoc\u00eda el por qu\u00e9 de estos cr\u00edmenes. De haber habido una motivaci\u00f3n habr\u00edan sido aclarados con anterioridad.<\/p>\n<p>Observ\u00f3 y escuch\u00f3. La joven era una muchacha humilde que se desempe\u00f1aba como sirvienta en una casa de familia, ten\u00eda sus francos los s\u00e1bados a la tarde y los domingos todo el d\u00eda. Hac\u00eda un tiempo hab\u00eda iniciado relaciones con una persona de la que nadie sab\u00eda nada. Ella comentaba que era un hombre serio y varios a\u00f1os mayor que ella.<\/p>\n<p>Durante toda la jornada Tari recorri\u00f3 con su mirada los rostros presentes. Su hombre no estaba. Finalmente al atardecer desisti\u00f3, gir\u00f3 sobre sus talones y regres\u00f3 a su casa sin notar que un Ford Falcon color verde oscuro se detuvo frente a los polic\u00edas apostados en la puerta del inquilinato. Desde el interior del coche unos ojos acerados, ocultos tras lentes ahumados, lo observaron alejarse.<\/p>\n<p>Esa noche Tari repas\u00f3 sus notas y papeles buscando algo que lo llevara a otro resultado. Pero siempre llegaba a la misma conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Agotado por la excitante velada se dirigi\u00f3 al dormitorio. Mientras se higienizaba para dormir se mir\u00f3 al espejo interrog\u00e1ndose con la mirada. Luego neg\u00f3 con la cabeza. \u00c9l no se hab\u00eda equivocado, regresar\u00eda una y otra vez hasta lograr encontrarlo y desenmascararlo. Finalmente se puso su pijama y se acost\u00f3.<\/p>\n<p>El sue\u00f1o tard\u00f3 en llegar.<\/p>\n<p>Cuando se durmi\u00f3 tuvo pesadillas: corr\u00eda por un bosque, totalmente desnudo, las ramas de los \u00e1rboles lo golpeaban sin piedad. La luna, muy alta, redonda y blanca, se re\u00eda y usaba las nubes para velarse la cara. De pronto se encontr\u00f3 rodeado por la negrura de la noche y frente a \u00e9l un \u00e1rbol esbelto cuyas ramas agitaba con furia el viento cay\u00f3 produciendo un fuerte chasquido. Despert\u00f3 sobresaltado. La transpiraci\u00f3n hab\u00eda empapado su cama y su ropa de dormir. El coraz\u00f3n le lat\u00eda con furia y respiraba con dificultad. Se hundi\u00f3 pesadamente en la almohada y en ese momento oy\u00f3 un ruido. El ruido se repiti\u00f3. Era un ruido seco y sordo que proven\u00eda de la planta baja. Se levant\u00f3 y descendi\u00f3 en la oscuridad. El ruido continuaba como un chasquido, como un golpe de l\u00e1tigo. No pod\u00edan ser ratas, las ratas no pueden hacer sonidos tan parejos cada tres segundos exactos.<\/p>\n<p>A medida que se acercaba al vest\u00edbulo se o\u00eda con mayor claridad. Pens\u00f3 en su archivo. Sent\u00eda que la transpiraci\u00f3n se iba secando sobre su espalda y comenz\u00f3 a temblar, tem\u00eda por sus recortes, temblaba por el miedo. Vio a trav\u00e9s de los ventanales a su estatua dormida. El ruido no la hab\u00eda sorprendido.<\/p>\n<p>Al pisar el \u00faltimo escal\u00f3n el fr\u00edo de la espalda le abraz\u00f3 el pecho. \u00a1Se adivinaba un ligero resplandor proveniente del s\u00f3tano! \u00a1La vieja l\u00e1mpara a kerosene estaba encendida!<\/p>\n<p>Alguien estaba en su archivo y ese chasquido era el ruido producido por cada una de sus carpetas al caer al piso. Fue hasta la cocina y busc\u00f3 alg\u00fan tipo de arma. No encontr\u00f3 nada que le sirviera, s\u00f3lo atin\u00f3 a tomar un peque\u00f1o banco para usarlo como escudo.<\/p>\n<p>Baj\u00f3 con temor, los pies descalzos sobre el cemento liso de la escalera.<\/p>\n<p>Mientras descend\u00eda se abr\u00eda ante \u00e9l un espect\u00e1culo aterrador: sus carpetas, a las que hab\u00eda dedicado su vida entera, estaban esparcidas por el suelo y ca\u00edan una a una produciendo ese sonido que lo despertara.<\/p>\n<p>Paralizado por el miedo y caminando con dificultad, se acerc\u00f3 a su tesoro desparramado. Entonces vio al hombre, que con la boca apretada y los ojos acerados fijos en las estanter\u00edas, iba rompiendo y arrojando, una a una sus carpetas al suelo, formando un mont\u00f3n de papeles desordenados y est\u00e9riles bajo la mesa de madera sobre la que se apoyaba la l\u00e1mpara a kerosene. Poco le cost\u00f3 adivinar la idea que se ocultaba en ese rostro peque\u00f1o y afilado que lo ignoraba hasta tal extremo que ni se inmutaba con su silenciosa presencia.<\/p>\n<p>Mir\u00f3 a su alrededor buscando algo con qu\u00e9 detenerlo. Pens\u00f3 c\u00f3mo atacarlo con alguna posibilidad de \u00e9xito. Sab\u00eda que este hombre era \u00e1gil, y que deb\u00eda mantenerse fuera del alcance de sus manos y de sus piernas. Ten\u00eda que aprovechar el hecho de que no lo considerara, eso le otorgaba algunos instantes de ventaja. La vista de sus papeles desparramados le infund\u00eda una fuerza que Tari ignoraba que pose\u00eda.<\/p>\n<p>De pronto record\u00f3 las herramientas que hab\u00eda utilizado en la construcci\u00f3n de los archivos; estaban cerca, apenas estirando la mano derecha junto a la entrada colgaban prolijamente un martillo y un serrucho. Sin hacer el menor ruido, deposit\u00f3 el banco en el suelo y descolg\u00f3 primero el serrucho, que apret\u00f3 con fuerza en su mano izquierda, y luego el martillo, el arma con la que pensaba atacar.<\/p>\n<p>Sab\u00eda que tendr\u00eda una sola oportunidad y observ\u00f3 a su adversario actuar. Este se encontraba retirando las \u00faltimas carpetas ubicadas en el cuarto estante, a la altura de su rostro.<\/p>\n<p>Este era el momento, su \u00fanico momento.<\/p>\n<p>Sigilosamente se desliz\u00f3 por entre las escalerillas. Ve\u00eda la luz que iba creciendo con cada manotazo que arrancaba una carpeta. Se agazap\u00f3 y prepar\u00f3 su martillo, el momento se aproximaba, llegaba. Y lleg\u00f3. Casi sin darse cuenta, como si otro guiara su mano, lanz\u00f3 el martillo y lo vio arrastrarse sobre las alfaj\u00edas e incrustarse en el rostro de su enemigo en el preciso instante en que este ten\u00eda las manos ocupadas con sus amados papeles.<\/p>\n<p>Cay\u00f3 pesadamente. El hierro hundido en la \u00f3rbita de su ojo. Cay\u00f3 para atr\u00e1s, sobre la pila de papeles preparados para el fuego, salpicando sangre por doquier.<\/p>\n<p>En un instante Tari estuvo junto a \u00e9l, no sab\u00eda si a\u00fan viv\u00eda. Quiso asegurarse de que no fuera as\u00ed y para ello emple\u00f3 el serrucho. Apenas un peque\u00f1o corte en la yugular.<\/p>\n<p>Cuando termin\u00f3, tembloroso y como en un sue\u00f1o, se dirigi\u00f3 al dormitorio, se visti\u00f3 y sali\u00f3 a la calle. Respir\u00f3 el aire tibio de la noche y se dirigi\u00f3 despacio hasta la comisar\u00eda.<\/p>\n<p>Apenas pod\u00eda creer que el protagonismo lo hubiera ido a buscar hasta su casa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todo comenz\u00f3 con las bolitas. Esas peque\u00f1as, transparentes y coloridas bolitas de vidrio. 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