{"id":1756,"date":"2019-05-08T00:33:48","date_gmt":"2019-05-08T00:33:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/?p=1756"},"modified":"2019-05-08T00:34:15","modified_gmt":"2019-05-08T00:34:15","slug":"adios-amalia-adios-2","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/?p=1756","title":{"rendered":"Adios, Amalia, adios"},"content":{"rendered":"<p>El vestido se amoldaba sentador sobre su cuerpo delgado.<\/p>\n<p>La falda fruncida, un cintur\u00f3n rodeando la cintura breve, las mangas cortas que dejaban al descubierto los brazos ligeramente dorados.<\/p>\n<p>A su lado, sobre el piso del and\u00e9n, la valija peque\u00f1a, dura, de cuero.<\/p>\n<p>En las manos enguantadas sosten\u00eda la cartera.<\/p>\n<p>A lo lejos, el silbato y la columna de humo que escapaba de la locomotora le hizo girar la cabeza. El tren se acercaba.<\/p>\n<p>En la pensi\u00f3n todo seguir\u00eda igual.<\/p>\n<p>En ese momento do\u00f1a Rosa estar\u00eda subiendo los altos escalones de cemento hacia el primer piso con la bandeja del desayuno en las manos. Ah\u00ed, en la habitaci\u00f3n vecina a la que acababa de dejar, estaba Leandro.<\/p>\n<p>Amalia recordaba el primer encuentro, cuando \u00e9l era quien sub\u00eda los altos escalones con la valija negra, pesada, llena de libros y algunas camisas limpias.<\/p>\n<p>Ella, a punto de descender, tuvo que hacerse a un lado para que el joven pudiera pasar, tal la estrechez de la escalera. \u00c9l levant\u00f3 los ojos y la vio, iluminada de frente por la luz que a espaldas de Leandro filtraba una ventana. El cabello claro, los ojos pardos y brillantes como brasas, las mejillas afiebradas, la boca p\u00e1lida confundida con su piel muy blanca.<\/p>\n<p>Sinti\u00f3 que sus piernas flaqueaban a la vista de una mujer tan hermosa que le recordaba la imagen de la Virgen de Guadalupe de la iglesia de su pueblo. Baj\u00f3 turbado la mirada. Apret\u00f3 los dientes y termin\u00f3 de subir disimulando el esfuerzo que le costaba arrastrar la enorme valija. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando pas\u00f3 a su lado fue envuelto por su perfume de azucenas.<\/p>\n<p>Durante las comidas compart\u00edan la misma mesa larga, de madera, cubierta por un mantel a cuadros, alrededor de la cual se ubicaban los hu\u00e9spedes de do\u00f1a Rosa. Leandro, t\u00edmidamente saludaba a todos, se sentaba y com\u00eda en silencio. Poco a poco fue integr\u00e1ndose con los dem\u00e1s j\u00f3venes de la pensi\u00f3n. A veces Amalia no estaba con ellos y do\u00f1a Rosa, en persona, le sub\u00eda la comida. \u201cLa t\u00edsica\u201d, as\u00ed la llamaban los otros.<\/p>\n<p>Comprendi\u00f3 entonces el porqu\u00e9 de los ojos brillantes, las mejillas arreboladas y la boca p\u00e1lida. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Temi\u00f3 por su vida y un gran amor se despert\u00f3 en su coraz\u00f3n. \u201cLa t\u00edsica\u201d dorm\u00eda en la habitaci\u00f3n contigua a la suya. De noche la escuchaba toser y, en su impotencia por ayudarla daba vueltas en la cama, desvelado. A medida que la joven empeoraba su amor crec\u00eda.<\/p>\n<p>Un atardecer coincidieron en los balcones que ventilaban sus habitaciones, Amalia con un vestido ligero de muselina clara que envolv\u00eda su cuerpo cada d\u00eda m\u00e1s delgado, el cabello al viento y una sonrisa en los labios.<\/p>\n<p>\u2013Leandro \u00bfpor qu\u00e9 me esquiva?\u2013 fue la pregunta directa.<\/p>\n<p>\u2013No, Amalia, est\u00e1 usted equivocada, no la esquivo, al contrario. Me encantar\u00eda ser su amigo. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013A m\u00ed tambi\u00e9n\u2013 dijo Amalia con tristeza.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfQu\u00e9 le parece?\u2013 se anim\u00f3 a decir Leandro sintiendo que no pod\u00eda perder esa oportunidad que le regalaba el destino\u2013. Si ambos pensamos as\u00ed, podr\u00edamos sellar nuestra amistad con una taza de t\u00e9 que estoy preparando. Si gusta, venga a mi peque\u00f1o hogar, la invito. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Esa fue la primera vez que Amalia atraves\u00f3 la puerta de su vecino.<\/p>\n<p>Se sentaron uno junto al otro en la banqueta larga que miraba hacia el\u00a0 balc\u00f3n y la noche los sorprendi\u00f3 conversando animadamente.<\/p>\n<p>La proximidad le hac\u00eda desearla. Contemplaba su rostro fr\u00e1gil y perfecto y escuchaba con angustia su respiraci\u00f3n ronca.<\/p>\n<p>La acariciaba y la abrazaba con la mirada y el deseo de poseerla crec\u00eda sin pausa dentro de \u00e9l. So\u00f1aba con besar los ojos y el cabello de\u00a0 la joven enferma que ten\u00eda tan pr\u00f3xima a su cuerpo sano y fuerte, pero pensaba que cualquier cosa que hiciera la lastimar\u00eda y entonces luchaba contra ese sentimiento de amor que tem\u00eda no poder dominar.<\/p>\n<p>Amalia adivinaba esos deseos y sent\u00eda los ojos de Leandro recorrerla.<\/p>\n<p>A partir del primer encuentro se implant\u00f3 la deliciosa costumbre de reunirse, a escondidas, a tomar t\u00e9 o alg\u00fan licor. Amalia a la hora convenida, rozaba apenas la puerta con la yema de los dedos y Leandro le franqueaba la entrada ocultando su alegr\u00eda bajo la m\u00e1scara de una estudiada cortes\u00eda. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En poco tiempo se transformaron en buenos amigos.<\/p>\n<p>Una tarde especialmente c\u00e1lida, Leandro, sin poder evitarlo, acarici\u00f3 el largo cabello y enmarc\u00f3 el rostro de Amalia con sus manos morenas y varoniles, lo atrajo hacia s\u00ed y apoyando su boca en la boca de la joven la bes\u00f3 largamente.<\/p>\n<p>Lo que sigui\u00f3 a eso fue el despertar del universo, el estallido del mundo: la gacela se transform\u00f3 en pantera y devor\u00f3 al tigre convertido en manso gato dom\u00e9stico. El cazador fue presa y cay\u00f3 bajo el hechizo de su v\u00edctima.<\/p>\n<p>La pasi\u00f3n de Amalia era insaciable e incontenible.<\/p>\n<p>La joven lo buscaba y requer\u00eda sin descanso, una y otra vez, un d\u00eda y otro y el d\u00eda siguiente. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Nadie en la pensi\u00f3n sospechaba de ese apasionado y oculto amor que ten\u00eda lugar en el primer piso, frente a la escalera de cemento. Ante los dem\u00e1s se trataban con cort\u00e9s indiferencia. Nadie pod\u00eda pensar que algo hab\u00eda cambiado desde el ingreso de Leandro en la pensi\u00f3n.\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Lo que se empez\u00f3 a ver, poco a poco, fue la mejor\u00eda de Amalia, quien se transformaba de t\u00edsica en saludable y hermosa joven.<\/p>\n<p>Leandro, por el contrario, perd\u00eda peso y vitalidad, su piel naturalmente oscura se iba amarillando y sus ojos perdieron brillo. Cada tanto ca\u00eda en cama y do\u00f1a Rosa, como antes con Amalia, le llevaba la comida. Pasaba d\u00edas sin salir de su habitaci\u00f3n, sin otra visita que la de do\u00f1a Rosa y la de su amiga, quien ahora rozaba levemente la puerta y sin esperar respuesta, abr\u00eda e ingresaba para entregarse y exigirle. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Finalmente qued\u00f3 postrado en cama y debieron llevarle diariamente la comida.<\/p>\n<p>\u201cEl t\u00edsico\u201d, pensaba Leandro, lo denominar\u00edan ahora a \u00e9l como antes a ella.<\/p>\n<p>Lo cierto era que esa ma\u00f1ana, casi de madrugada, Amalia prepar\u00f3 su peque\u00f1a maleta de cuero, se despidi\u00f3 de una do\u00f1a Rosa sorprendida cebando los primeros mates del d\u00eda y parti\u00f3 hacia la estaci\u00f3n. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ah\u00ed estaba ahora, parada sobre el and\u00e9n. Frente a ella se detuvo el tren y ascendi\u00f3 sent\u00e1ndose junto a una ventanilla. Desde ese lugar podr\u00eda recorrer con la vista el pueblo a medida que se alejaran. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El guarda dio la se\u00f1al de partida y desde la locomotora le respondieron con un doble silbato. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Mientras el humo se perd\u00eda a lo lejos, do\u00f1a Rosa golpeaba suavemente la puerta del dormitorio. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Leandro \u00bfest\u00e1 despierto? Le traigo el desayuno. \u00bfMe permite pasar?&#8230; Leandro, por favor, responda, Leandro&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El vestido se amoldaba sentador sobre su cuerpo delgado. 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