{"id":1777,"date":"2019-05-08T00:56:43","date_gmt":"2019-05-08T00:56:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/?p=1777"},"modified":"2019-05-08T00:59:57","modified_gmt":"2019-05-08T00:59:57","slug":"sabor-a-vainilla","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/?p=1777","title":{"rendered":"Sabor a vainilla"},"content":{"rendered":"<p>Hab\u00eda nacido as\u00ed, con ese hilo invisible que la un\u00eda con la gente y con las cosas.<\/p>\n<p>Empezaron a notarlo cuando era muy chiquita, en su af\u00e1n de seguir al padre primero y al abuelo despu\u00e9s.<\/p>\n<p>A medida que fue creciendo adopt\u00f3 un protector tras otro, y lo iba cambiando seg\u00fan lo mandaba la vida; de este modo no sent\u00eda dolor alguno por la p\u00e9rdida y se un\u00eda pasajera pero totalmente.<\/p>\n<p>Su forma tan peculiar de ser y sentir motivaba en los dem\u00e1s cierta dosis de sadismo, por lo cual siempre era objeto de malos tratos.<\/p>\n<p>Cuando creci\u00f3, esos malos tratos se transformaron en vej\u00e1menes y violaciones que ella aceptaba en silencio, con resignaci\u00f3n.<\/p>\n<p>A veces sus ojos se enturbiaban pero aun as\u00ed, no sab\u00eda defenderse.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 a los veinticinco a\u00f1os y su due\u00f1o gu\u00eda opresor era en ese momento un hombre violento y agresivo, uno m\u00e1s para agregar a su larga lista de cancerberos.<\/p>\n<p>En su interior pensaba que ninguno hab\u00eda sido tan malo, sobre todo porque \u00e9ste le arranc\u00f3 de sus entra\u00f1as tres hijos apenas entrevi\u00f3 la verdad de su estado.<\/p>\n<p>Todav\u00eda recordaba el sue\u00f1o pesado al despertar de la anestesia y el dolor punzante en el bajo vientre y en el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Con \u00e9l ten\u00eda que estar siempre dispuesta a entregarse y obediente a sus \u00f3rdenes y caprichos, pero a pesar de aceptar todo cada tanto recib\u00eda un golpiza: \u201cPara que aprendas\u201d, a la que segu\u00edan la cara amoratada y los ojos tristes y enrojecidos.<\/p>\n<p>Ella pensaba que \u00e9l era nervioso y sensible, y que ella era caprichosa y malvada, que deb\u00eda realmente aprender a comprenderlo y a su vez, mejorar.<\/p>\n<p>La \u00fanica distracci\u00f3n que ella se permit\u00eda eran los helados.<\/p>\n<p>Tomaba helados siempre que pod\u00eda. Esa sensaci\u00f3n de cosa fresca, dulce y tan sabrosa, que se disolv\u00eda en su boca bajo la presi\u00f3n de su lengua contra el paladar era, para ella, lo m\u00e1s parecido a la felicidad.<\/p>\n<p>En la esquina de su casa, a pocos pasos sobre su misma vereda, hab\u00eda una helader\u00eda, y ese verano, como todos antes, la visitaba diariamente.<\/p>\n<p>Al atardecer compraba un kilo de variados gustos y colores, y los compart\u00eda con \u00e9l, su perro guardi\u00e1n, que controlaba su hora de salida y su hora de llegada con la deliciosa mercader\u00eda. Si la ausencia era corta, la recib\u00eda amablemente, de otro modo se produc\u00edan los golpes y los gritos, y luego la penitencia de ver el kilo de helado bajo el agua caliente, deshaci\u00e9ndose suavemente como su vida joven.<\/p>\n<p>Fue por eso que comenz\u00f3 a conversar con Cristian, el nuevo dependiente, a pedirle que la atendiera r\u00e1pido, que no la hiciera esperar para evitar la terrible escena que suceder\u00eda si no llegaba en el tiempo establecido por \u00e9l.<\/p>\n<p>Le relataba los horrores a los que era sometida, con naturalidad, sin saber que eran horrores.<\/p>\n<p>Al principio Cristian se re\u00eda divertido, luego fue d\u00e1ndose cuenta de la realidad. A veces la ve\u00eda pasar con \u00e9l, acompa\u00f1ando su\u00a0 paso largo con los suyos, cortos y temerosos.<\/p>\n<p>Siempre iba un poquito atr\u00e1s y como colgada de su brazo, contrastando su figura menuda y sumisa con la de \u00e9l, alta y arrogante.<\/p>\n<p>Cristian se daba cuenta incluso de que no deb\u00eda saludarla, y ella iba mirando el suelo para no verlo.<\/p>\n<p>D\u00eda a d\u00eda el joven fue notando que ella era un ser humano que nadie, ni siquiera ella misma, conoc\u00eda.<\/p>\n<p>Y trat\u00f3 de conocerla.<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana, esper\u00f3 que \u00e9l saliera para sus obligaciones y fue a tocar a su puerta. La expresi\u00f3n de inmenso terror que se reflej\u00f3 en la cara de la muchacha le hizo arrepentirse de su atrevimiento. No obstante continu\u00f3 asedi\u00e1ndola entre helado y helado, entre rosas, dorados y casta\u00f1os sabores, entre la alegr\u00eda de la helader\u00eda y la sordidez de su vida.<\/p>\n<p>Una noche de diciembre, mientras ella esperaba golosa que le llenara su pote con las distintas cremas y Cristian la miraba buscando insistente sus ojos y su sonrisa, alguien se par\u00f3 a su lado y los amenaz\u00f3 con un rev\u00f3lver. En su temor no atinaron a nada y el asaltante los condujo, junto con los dem\u00e1s empleados y clientes a un ba\u00f1o y los encerr\u00f3 all\u00ed, luego de sacarles dinero y relojes antes de dirigirse a saquear la caja.<\/p>\n<p>Cristian se dio cuenta de que ser\u00eda la \u00fanica oportunidad de tenerla. La arrincon\u00f3 contra la pared, entre el lavatorio y la puerta de entrada y ah\u00ed, suavemente, muy suavemente, empez\u00f3 a acariciarle la cara y a besarla. Su mano le recorri\u00f3 el cuerpo entero y ella se dej\u00f3 besar y acariciar.<\/p>\n<p>Ah\u00ed, delante de seis personas que lo miraban con estupor, la posey\u00f3, y ella se entreg\u00f3 blandamente, como estaba acostumbrada a hacerlo.<\/p>\n<p>Sin embargo fue la primera vez en su vida que sinti\u00f3 algo tan hermoso. Comenz\u00f3 retribuir los besos y las caricias y habr\u00eda seguido haci\u00e9ndolo durante toda la noche y todo el d\u00eda siguiente.<\/p>\n<p>Los gritos del otro lado de la puerta los volvieron a la realidad. Cristian aprovech\u00f3 los \u00faltimos instantes para decirle al o\u00eddo: \u201cV\u00e1monos juntos, muy lejos\u201d. Por toda respuesta ella baj\u00f3 los ojos llenos de l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>Cuando los sacaron de su encierro \u00e9l estaba esperando desconcertado por su tardanza y el asalto.<\/p>\n<p>Pasaron varios d\u00edas sin que apareciera por la helader\u00eda.<\/p>\n<p>Cristian se sent\u00eda culpable por su ausencia. Deseaba volver a verla.<\/p>\n<p>Una noche apareci\u00f3, con su cabello lacio y rubio recogido en la nuca con un mo\u00f1o. Llevaba puesta una solera blanca con grandes flores azules.<\/p>\n<p>Pidi\u00f3 el consabido kilo de helados.<\/p>\n<p>Cristian quiso hablarle, ella levant\u00f3 sus ojos casta\u00f1os y opacos y le sonri\u00f3 levemente. \u201cTe amo, suplic\u00f3 el muchacho, v\u00e1monos, esc\u00e1pate conmigo\u201d. Ella ampli\u00f3 algo su triste sonrisa \u201cYo tambi\u00e9n te amo\u201d. Y tomando el helado sali\u00f3.<\/p>\n<p>Los gritos, la frenada y el correr de la gente lo sorprendi\u00f3 armando un cucurucho de vainilla y como todo el mundo, Cristian sali\u00f3 a ver.<\/p>\n<p>Y la vio.<\/p>\n<p>Vio su cuerpo menudo con la solera de grandes flores azules entre las que aparec\u00edan otras rojas, extra\u00f1as ajenas, que crec\u00edan y crec\u00edan, el cabello desparramado sobre el pavimento, la mano izquierda aprisionando el pote de helado contra el pecho.<\/p>\n<p>Cristian se acerc\u00f3 lentamente, pensaba que en cualquier momento ella iba a levantarse, le iba a sonre\u00edr como esa primera y \u00fanica vez, con esa carita triste y p\u00e1lida y esa boca que deseaba besar y besar para devolverle el aliento y llevarla, suave, muy suavemente, hasta su casa, que quedaba tan cerquita de la helader\u00eda que ni siquiera era necesario cruzar la calle.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hab\u00eda nacido as\u00ed, con ese hilo invisible que la un\u00eda con la gente y con las cosas. 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