{"id":556,"date":"2011-02-22T17:34:03","date_gmt":"2011-02-22T17:34:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/?p=556"},"modified":"2011-02-22T17:34:10","modified_gmt":"2011-02-22T17:34:10","slug":"lobos-y-gacelas-en-una-obra-de-maria-cristina-bercaitz-fernando-sanchez-zinny","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/?p=556","title":{"rendered":"Lobos y gacelas en una obra de Mar\u00eda Cristina Ber\u00e7aitz, Fernando S\u00e1nchez Zinny"},"content":{"rendered":"<p>Lobos y gacelas en una obra de Mar\u00eda Cristina Ber\u00e7aitz<\/p>\n<p>(de El pa\u00eds de los Pechanes, 2009, Editorial Algazul<\/p>\n<p>Por Fernando S\u00e1nchez Zinny<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cIleana, con la zorra abrazada a su cuello\u2026\u201d hac\u00eda el peregrinaje aleccionador, la no elegida aventura que coronar\u00e1n la salvaci\u00f3n, el conocimiento, la trascendencia y el himeneo. En el cap\u00edtulo 28 de El pa\u00eds de los pechanes (1), titulado \u201cLos lobos y las gacelas\u201d, se lee que llegan hasta un lugar en que la ni\u00f1a escucha ruidos que la zorra reconoce como de lobos que se acercan. Ileana teme por s\u00ed y tambi\u00e9n por unas gacelas que all\u00ed pacen, al parecer destinadas a ser presas de la jaur\u00eda pr\u00f3xima. En un enigm\u00e1tico parlamento, la zorra\u00a0 la tranquiliza; formula, para hacerlo, la aseveraci\u00f3n extra\u00f1a, pero luego corroborada, de que en \u201cese lugar\u201d los lobos nunca\u00a0 comen a las gacelas. \u201cQuiz\u00e1 les den alcance \u2013dice\u2013, pero no, nunca las comen\u2026\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Subraya lo anormal de ese comportamiento lobuno el hecho, reiterado una y otra vez, de que tan s\u00f3lo en ese paraje las cosas suceden as\u00ed. Por a\u00f1adidura, enseguida Ileana queda enterada de que son las propias gacelas las que invitan y provocan a los lobos a que las persigan, pr\u00e1ctica sugerente que all\u00ed asume rasgos rituales y que, vista a la distancia, semeja a las manifestaciones de la pasi\u00f3n sensual entre varones y mujeres como una gota de agua a otra. Ninguna duda cabe que de esa similitud constituye el meollo del fragmento y de que tampoco hay raz\u00f3n alguna para creer que la autora, con entera conciencia, no haya tenido a bien escribir sobre tal tipo de efusiones y la trama de complejos afectos que entra\u00f1an.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otra parte, ese cap\u00edtulo muy poca ilaci\u00f3n parecer\u00eda guardar con el resto de la obra. Si bien todo El pa\u00eds\u2026 est\u00e1 armado a partir de porciones inconexas aunque afines, dispuestas a manera de un rosario de poemas sobre el mismo tema, la que se\u00f1alamos se presenta, en principio, como un gratuito recodo en el camino que va a la Ciudadela.  Mejor observada, concluimos en que, en efecto, se trata\u00a0 de un recodo tortuoso pero para nada gratuito. Ante todo, porque su presencia introduce una expectativa discrepante en un relato que hasta ese momento hasta pod\u00eda ser interpretado como un mero apol\u00f3go infantil, ilusi\u00f3n que \u2013de haber existido\u2013 s\u00f3lo subsistir\u00e1 por dem\u00e1s maltrecha tras tomar noticia de la exaltaci\u00f3n compartida por gacelas y lobos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De pronto resulta que el libro no tiene ni tuvo \u2013ni por asomo\u2013 la m\u00e1s m\u00ednima finalidad pedag\u00f3gica. Como en un complot de comedia, de buenas a primeras todos saben\u00a0 de qu\u00e9 se trata y asumen cautelosas medias palabras para aludir a lo que no es necesario mencionar. La propia Ileana rompe su gruesa costra virginal y se inquieta, se altera y, casi como en juego entre ruboroso y desenfadado con la impudicia, declara que quiere contemplar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Por cierto, el relato es consistente y lineal y, dentro de lo fant\u00e1stico, circula por carriles de estricta l\u00f3gica. \u201cEse lugar\u201d es, a las claras, la instancia temporal en la que el amor irrumpe y vuelve posible cosas de otro modo inveros\u00edmiles como, por ejemplo, que los lobos se abstengan de devorar a las gacelas. Pero si el tema no es sino una determinada deificaci\u00f3n del amor, en lo que hace a una narraci\u00f3n ya un pie estar\u00eda enlodado en la cursiler\u00eda, riesgo ante el que \u2013convengamos\u2013 las ramplonas asociaciones entre lo femenino y ciertos animales y lo masculino y otros, para nada ayudan. De m\u00ed me limitar\u00e9 a decir que no abrigo la menor duda de que al redactar ese texto Mar\u00eda Cristina Ber\u00e7aitz retuvo presentes tanto las sugerencias, groser\u00edas o torpes halagos que acarrea, al respecto, el habla popular, como la adhesi\u00f3n a un compromiso \u2013notorio, pero cuya naturaleza ignoro\u2013 de ir m\u00e1s all\u00e1 de la descripci\u00f3n galante y de servir mejor a la inteligencia de esta \u00e9poca d\u00e1ndole, en clave, un sentido renovado a ese entretenimiento, aparentemente pueriles, de pedir auxilio a la zoolog\u00eda para designar a los sexos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ocurre que las gacelas entornan los alabados ojos y mueven la cola \u2013que en su caso es el rabo\u2013, pero tambi\u00e9n hablan y hasta, una vez que saben despierto el inter\u00e9s del macho al\u00f3geno, no se privan ni siquiera de proporcionarle consejos una pizca enfadosos, considerado el momento. Con ensa\u00f1ada lascivia avisan que \u201cdespu\u00e9s\u201d, afrontar\u00e1n (ellos) \u201cla responsabilidad y el arrepentimiento\u201d. Pero si esto prev\u00e9n, es porque descuentan que el lobo al que encaran es un sincero enamorado. Y a m\u00e1s de sincero, carente de perspectivas, pues el arrepentimiento pronosticado indica que algo est\u00e1 mal en esa relaci\u00f3n inminente, que algo la har\u00e1 improcedente a la hora de homologarla entre las categor\u00edas reconocidas del deporte amoroso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Corresponde se\u00f1alar e insistir sobre las peculiaridades, rarezas\u00a0 y anfibolog\u00edas que es dable encontrar en ese cap\u00edtulo: como vimos, quienes participan en \u00e9l pueden amar y llegar a sentir, en consecuencia, responsabilidad y arrepentimiento, que son sendas sombras del pecado, o sea, de la noci\u00f3n del bien. Hay que hacer notar que en todo el resto del libro los buenos y los malos lo son porque lo son, con independencia de sus actos. La bondad es lo que hacen los buenos y la maldad, obra de los malos, pero unos y otros se ci\u00f1en a las normas de su \u00edndole sin que \u2013seg\u00fan sucede, en general, en las f\u00e1bulas\u2013 existan atisbos de verdadero albedr\u00edo. Los pechanes en modo alguno quieren hacer el mal, s\u00f3lo que son pechanes\u2026 En comparaci\u00f3n, el arrevesado cap\u00edtulo 28 posee una luz cuyo resplandor alcanza a toda la obra y que completa o rectifica su sentido: es, asimismo, un oasis con su reparo de \u00e1rboles esenciales, en medio del desierto emotivo que recorre la protagonista. Es, por \u00faltimo, una inusual moraleja anticipada al desenlace, utilizada por la autora \u2013una ingenua Gepeto, en el fondo\u2013 para ordenarnos, parad\u00f3jica y un poco monstruosamente,\u00a0 que no seamos animales como los pechanes, como los gnomos, como la zorra y a\u00fan como esos grandes mu\u00f1ecos borrosos y simp\u00e1ticos llamados Ileana e Hilario, sino humanos como las gacelas y los lobos, redimidos por la concupiscencia\u00a0 y persuadidos \u2013al menos los segundos\u2013 de que la consumaci\u00f3n los transmutar\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8212;o&#8212;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El estilo en que est\u00e1 escrito el fragmento no es, en s\u00ed, distinto al del resto de la obra, pero al aplicarse a una situaci\u00f3n muy diversa a las que predominan en el conjunto, toma una coloraci\u00f3n y un sabor por dem\u00e1s especiales. Construye, para solaz\u00a0 del buen lector, una suerte de distancia expresiva conformada por una sucesi\u00f3n de figuras sobrias y elegantes, recortadas contra el fulgor del erotismo. La destreza con que se tram\u00f3 la significativa molicie de ese texto obliga, hasta por un prurito de honestidad intelectual, a dar alguna raz\u00f3n acerca de lo er\u00f3tico en el arte, nivel en el que se busca aguzar las sensaciones hasta suscitar excitaci\u00f3n pero no satisfacerla, como s\u00ed se propondr\u00eda el nivel pornogr\u00e1fico. En rigor, desde el punto de vista moral aquello es peor que esto porque en vez de alimentar con ramplona brutalidad la acuciante hambre de la juventud procura que la encandile la sonrisa de la seducci\u00f3n, pero el reproche pierde casi toda su entidad si observamos que en realidad lo er\u00f3tico apenas existe sino como un matiz adicional. As\u00ed en literatura hay pocas, pero muy pocas obras en verdad er\u00f3ticas, por lo que es hasta f\u00e1cil enumerarlas ( 2); la tendencia m\u00e1s bien queda como un arroyuelo perdido en la fronda de la prosa o rumoreante en las s\u00edlabas del verso. Con haber avanzado como muy pocas escritoras locales en ese campo, la propia Mar\u00eda Cristina Ber\u00e7aitz s\u00f3lo dedic\u00f3 tres p\u00e1ginas a ese deliquio espiritual sobre las 150 que componen su libro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero son suficientes para afirmar, con razonable certeza, que no hay nada similar en nuestra literatura\u00a0 y tal vez en la totalidad de la literatura en idioma castellano (3), donde lo m\u00e1s cercano al respecto debe ser la traducci\u00f3n de Dafnis y Cloe de Longo, hecha por don Juan Valera hace un siglo y pico; sin embargo, aun esa aproximaci\u00f3n es s\u00f3lo relativa pues el fragmento comentado difiere mucho del tono de esa obra cl\u00e1sica del Bajo Imperio, as\u00ed como de otras famosas, como la Afrodita de Pierre Louys, las Canciones lesbianas de la fraguada Cydno de Mitilene y los relatos que amenizan Las mil y una noches, en la c\u00e9lebre versi\u00f3n del doctor Mardrus (4).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La elaboraci\u00f3n de esa lograda disimilitud constituye un importante, acaso un fundamental hallazgo de la autora, tal vez asistida por el ambiente puritano caracter\u00edstico de la\u00a0 \u00e9poca presente, acotaci\u00f3n que en todo caso se relaciona con la persuasi\u00f3n de quien escribe estas l\u00edneas acerca de la inevitabilidad con que la cultura rige hasta la voluntad de aquellos que por haber recalado en un tipo de literatura\u00a0 elitista \u2013irremisiblemente elitista\u2013 como el que comentamos,\u00a0 tiendan y aspiren a ser ajenos a los ef\u00edmeros vaivenes sociales. Lo concreto es que en sus manifestaciones cl\u00e1sicas el erotismo es siempre animoso y jocundo, por mucho que sus adeptos l\u00facidos se sepan condenados a castigos terrenales o celestiales; en cambio, en esta versi\u00f3n reciente es sobre todo sentencioso y desesperanzado. Suspira y lloriquea un rato y luego se vuelve petulante y toma aires se\u00f1oriales para lanzar un desaf\u00edo con que la inutilidad del gesto expresa su oposici\u00f3n a la innoble oscuridad del mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8212;o&#8212;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cAfrontar\u00e1s la responsabilidad y el arrepentimiento\u201d preconiza la vestal muy poco antes de dejar de serlo. Lo \u00faltimo se entiende sin dificultades, por aquello de \u201c<em>post coitum<\/em> <em>omnia tristem<\/em>, menos la mujer y el gallo que canta\u201d, pero \u00bfcu\u00e1l es la responsabilidad? En un sentido literal esto es un absurdo pues los lobos son indudablemente\u00a0 lobos \u2013con lobas y con lobitos, se aclara con puntual precisi\u00f3n\u2013 y acerca de las gacelas no hay por qu\u00e9 dudar que, en tanto se desarrolla el relato, sus contrapartes de g\u00e9nero andan por ah\u00ed no m\u00e1s, triscando entre arbustos y rumiando su ominosa cornudez. Esta, sin embargo, quedar\u00e1 disimulada por la buen\u00edsima raz\u00f3n de que un c\u00e1nido no puede engendrar en un b\u00f3vido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Llegamos aqu\u00ed al nudo de la narraci\u00f3n, a la ambigua clave del libro en su conjunto: el amor existe pero es\u00a0 infecundo, la sed es terrible pero no hay agua ni la habr\u00e1 nunca. Una hip\u00f3tesis sobre esta constataci\u00f3n podr\u00eda ser\u00a0 que el lobo es responsable \u2013\u00e9l, s\u00f3lo \u00e9l, pues la gacela al advert\u00edrselo pasa a actuar (ella, la mujer) como v\u00edctima\u2013 de frustrar su vida al desear imposibles. Quiz\u00e1s, aunque no convence del todo, como tampoco termina de convencer la\u00a0 de que estamos ante\u00a0 una alegor\u00eda del destino trillado en el que los opuestos se unen \u2013integrados y marginales, burgueses y despose\u00eddos, seres alados y seres \u00e1pteros\u2013\u00a0 en una rutina insignificante y est\u00e9ril.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un h\u00e1lito tr\u00e1gico nos roza en ese momento de la lectura y de la comprensi\u00f3n. La imagen es n\u00edtida y ha sido tra\u00edda sin esfuerzo visible, envuelta en la mansedumbre de palabras cotidianas: el lobo sigue el rastro de la gacela, ventea su olor y la persigue jadeante. Cuando finalmente dispone de ese cuerpo gr\u00e1cil, mediante una abismal y ag\u00f3nica inversi\u00f3n del instinto \u2013eso es el amor, bien visto\u2013, en vez de destrozarlo a dentelladas, lo acaricia y explora hasta implicarlo en el \u00e9xtasis. Pero \u201cdespu\u00e9s\u201d descubrir\u00e1 que \u00e9sa ha sido una jornada bald\u00eda, un sendero recorrido en vano, pues ni podr\u00e1 dejar su simiente, ni conseguir\u00e1 retener, tan siquiera, a esa ex\u00f3tica compa\u00f1era m\u00e1s all\u00e1 de la fugacidad transcurrida en un lugar que \u00fanicamente puede ser ese alto en la marcha hacia la Ciudadela. Tras el episodio, uno se lo imagina a ese desdichado lobo en el trance de\u00a0 volver, ojeroso y\u00a0 con la cola entre las piernas, ante su ce\u00f1uda loba; admitamos que merece la burla y la l\u00e1stima, las mismas con que se compensa a los fracasados en este mundo, que tambi\u00e9n es de lobos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con suma delicadeza, con una fruici\u00f3n antigua, muy a lo Andr\u00e9 Gide, y con envidiables elegancia y equilibrio, la autora convoca un tema totalmente inusual, como es el del bestialismo, o comercio carnal con seres de otras especies. Aunque hoy se trata de algo reducido a unos cuantos chistes inmundos \u2013la se\u00f1ora y su falderillo, el ni\u00f1o del campo y la oveja, el coya y la llama, o bien el ep\u00edlogo apote\u00f3tico de las Memorias de una princesa rusa \u2013, en muchas culturas pret\u00e9ritas esa uni\u00f3n con otras especies fue vista, en ocasiones, como un prodigio capaz de incorporar a la concepci\u00f3n cualidades que la humanidad no posee (4). Pasifae y Leda admiraron, tr\u00e9mulas, la aspereza del amor animal y los dioses hicieron que la recibieran en su seno. Faunos, centauros y sirenas, los guerreros \u00e1guilas y los guerreros tigres de las civilizaciones andinas y mesoamericanas y aun los \u00e1ngeles, reiteran mil veces la posibilidad pr\u00e1ctica de ese tipo de connubio. Los dioses egipcios (Anubis, Tif\u00f3n, Isis), por \u00faltimo, nos dan una muestra m\u00e1s cercana de lo ideado en esta ocasi\u00f3n, al mostrarnos ejemplos de seres que participan de la naturaleza de dos o varios animales, lo que supone la proyecci\u00f3n ideal de antecesores de especies diversas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para los m\u00e9dicos el bestialismo no es sino es \u201cuna forma de masturbaci\u00f3n que a\u00f1ade la malicia del contacto con un organismo no humano\u201d, criterio por dem\u00e1s antropoc\u00e9ntrico que desde\u00f1a el hecho de que, en rigor, la otra especie participa tambi\u00e9n en el extrav\u00edo, aunque no sea culpable de perversi\u00f3n. Pareciera m\u00e1s exacto definir lo descrito por esa palabra como el contacto sensual entre especies distintas, y acotar que, simplemente, lo designamos como lo hacemos debido a que llamamos \u201cbestias\u201d a todos los seres animados, excepci\u00f3n hecha de nosotros, as\u00ed como que en esos apareamientos\u00a0 no vemos \u2013no podemos ver\u2013\u00a0 sino rupturas simult\u00e1neas en dos mundos, en las que ambos part\u00edcipes quebrantan la red de solidaridades que constituyen sus respectivas herencias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin adherir a nociones de moralidad dogm\u00e1tica y aun admitiendo que los ejemplos anteriores inducen a lenidad, es cierto que este tema se nos presenta, por lo menos, como desagradable. Algo marcadamente repugnante se vincula con esas asociaciones y no hay apelaci\u00f3n alguna a refinamientos o a sapiencias mitol\u00f3gicas capaz de enmascarar este hecho. La \u201cresponsabilidad\u201d a la que invoca la autora\u00a0 no puede, entonces, sino referirse esa circunstancia. Responsabilidad de los enloquecidos c\u00f3mplices ante s\u00ed, tras haber usado malamente de sus cuerpos y tambi\u00e9n responsabilidad social, relativa al deshonor que esa conducta representa a los ojos de quienes la contemplan, como hace la curiosa Ileana. Sin tapujos, adem\u00e1s, se da un claro indicio del partido al que se adscribe la obra, al se\u00f1alar que la verg\u00fcenza y el remordimiento caen por completo sobre el lobo, que es el elemento activo, y no sobre la pasiva gacela (6).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8212;o&#8212;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En lo personal me inclino a admitir que hay necesidad de que converjan dos presunciones simult\u00e1neas y paralelas para poder explicar la oscura inserci\u00f3n de esa narraci\u00f3n particular dentro del homog\u00e9neo relato mayor que constituye El pa\u00eds\u2026 Una, de car\u00e1cter ret\u00f3rico: con toda evidencia ese libro no es lo que se dice, pero buena parte del encanto que de \u00e9l emana consiste en que algunos se ven inducidos a permanecer en esa confusi\u00f3n, en tanto otros creen resolverla mediante la tentadora tesis de que m\u00e1s es ocultaci\u00f3n de lo que no debemos nombrar que no impostura abierta. Se repite en ese punto el caso paradigm\u00e1tico de las flores a\u00a0 las que un\u00e1nimemente se ensalza, sin que nadie traiga a cuento que no son sino \u00f3rganos reproductores, seg\u00fan la aburrida elucidaci\u00f3n de cualquier as\u00e9ptico profesor de bot\u00e1nica sobre avispas y polinizaciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Del mismo modo, Mar\u00eda Cristina Ber\u00e7aitz se alza tras la c\u00e1tedra y dirigi\u00e9ndose a una clase hipot\u00e9tica e inactual predica: \u201cEste libro no es un libro para el p\u00fablico infantil y la f\u00e1bula que estoy contando no es mero pasatiempo inocente, sino un alcohol que quiz\u00e1 no sea\u00a0 bueno no para todos\u201d. El plano ret\u00f3rico concluye por conformarse al sobrevenir la comprobaci\u00f3n de que tras el abrupto corte que represent\u00f3 la irrupci\u00f3n de\u00a0 lobos y gacelas, el relato altera no poco su sustancia y adquiere un dramatismo rom\u00e1ntico que dora el final del conjunto, final previsible por inevitable y que, por lo tanto, iba a tener s\u00f3lo relativo inter\u00e9s. No sin astucia, esa ca\u00edda en la tensi\u00f3n es balanceada con la aparici\u00f3n del retador y entusiasta estandarte puesto a\u00a0 tremolar sobre tanta imprecisa dualidad femenina hasta ah\u00ed escrita: alguien \u2013pero no se sabe qui\u00e9n\u2013, proclama, en lo exterior, justamente lo que quer\u00edamos escuchar: \u201cNo soy lesbiana\u201d, en tanto en lo profundo y solitario, un lacrim\u00f3geno \u201cno soy Ileana\u201d subsiste como letan\u00eda inconsolable, cantinela\u00a0 misteriosa que tal vez denote frustraciones, pues, m\u00e1s all\u00e1 de su esquematismo y debilidad, ese personaje reviste cualidades valiosas y loables, como la constancia, la lealtad, la valent\u00eda, la paciencia y la decisi\u00f3n. El contracanto de la autora nos estar\u00eda haciendo saber que no es una enso\u00f1aci\u00f3n, un proverbio muerto sino un ser de carne y de penuria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La otra presunci\u00f3n es la de que en ese fragmento est\u00e1 el quid de una ideolog\u00eda que quiere ser expuesta pero no demasiado. Los lobos, por lo pronto, no son lobos sino hombres de coraz\u00f3n, y las gacelas no son gacelas sino mujeres dispuestas al apasionamiento: Mar\u00eda Cristina Ber\u00e7aitz postular\u00eda que aun los amantes que son especies distintas, esclavos que pueden intercambiar amor pero nunca unirse plenamente. La vida ser\u00eda, en esa visi\u00f3n, la condena al aislamiento existencial y a la soledad f\u00e1tica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los lobos, por otra parte, plantean con mayor detalle y precisi\u00f3n el drama de los pechanes, que al fin de cuentas no son sino hombres vulgares, pobres diablos sin pasado y sin futuro: ni unos ni otros son malos pero hacen el mal y lo hacen de modo ineluctable, en obediencia a leyes infrangibles de la materia. Acerca de este punto, es positivo que la bocanada de aire c\u00e1lido a que equivale ese cap\u00edtulo 28 alivia bastante el cerrado nihilismo del resto del libro y, en general, de la obra de su autora. La desolaci\u00f3n pesimista y agn\u00f3stica se reviste en esas p\u00e1ginas de cierta gracia franciscana \u2013al menos en la est\u00e9tica ya que no en las creencias\u2013, complacida en que los seres se apiaden unos de otros, aunque igual la existencia se niegue en absoluto a la piedad. No obstante, la esperanza, que ya no es una cosa, persiste bajo la forma de instante detenido. Voces audibles lo dicen:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Hermano lobo, no te temo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Hermana gacela, no importa que no haya ma\u00f1ana, lo mismo el sol llena de alegr\u00eda este espacio en el que nos estamos mirando.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo de \u201chermanos\u201d es tributo\u00a0 al aludido Poverello, sin desconocer que las palabras de ese calibre poseen infinitos matices y vericuetos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Notas:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">l) El pa\u00eds de los pechanes, de Mar\u00eda Cristina Ber\u00e7aitz, Editorial Algazul, Bs. As. 2009.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2)\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En efecto, son muy escasas las obras en verdad er\u00f3ticas, al margen de que tambi\u00e9n sean muy escasas las obras art\u00edsticas importantes que de un modo u otro no contengan aspectos er\u00f3ticos. Pero en la \u00e9poca moderna,\u00a0 el erotismo como modalidad sistem\u00e1tica se reduce a dos \u00fanicos formatos excluyentes: la pintura\u00a0 y la escultura \u201cde boudoir\u201d del siglo XVIII y una pocas producciones inscriptas en los modelos del decadentismo franc\u00e9s de fines del siglo XIX y comienzos de la siguiente centuria. Ilustra, al respecto y es \u00fatil para aclarar los alcances del vocabulario utilizado, la pol\u00e9mica planteada entre nosotros durante la d\u00e9cada del sesenta: Sim\u00f3n Latino en 1959 (Antolog\u00eda de la poes\u00eda sexual) y Alfredo Tapia G\u00f3mez en 1967 (Antolog\u00eda de la poes\u00eda sexual latinoamericana) hab\u00edan postulado la existencia en la l\u00edrica amatoria de tres categor\u00edas diferentes: poes\u00eda amatoria propiamente dicha, poes\u00eda er\u00f3tica y poes\u00eda sexual. La primera abarcaba a los cl\u00e1sicos poemas de amor y de desamor; la segunda, la delectaci\u00f3n corporal todav\u00eda en su etapa individualizada; en tanto que la tercera\u00a0 prescind\u00eda de la hojarasca sentimental y se contra\u00eda a cantar la posesi\u00f3n y el placer. Una relectura de los textos entonces seleccionados como ejemplos muestra \u2013a mi entender\u2013 que la teor\u00eda queda en eso, pues de hecho ning\u00fan poema relevante pertenece a la tercera variante, por m\u00e1s carga \u201chedonista\u201d que conlleve.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3) Restringidas, en rigor, a lo aportado en poes\u00eda por los colombianos Jos\u00e9 Asunci\u00f3n Silva y Angel Alberto Montoya; el argentino Leopoldo Lugones, el uruguayo Julio Herrera y Reissig y tres famosas compatriotas de \u00e9ste: Delmira Agustini,\u00a0 Mar\u00eda Eugenia Vaz Ferreira y Juana de Ibarbourou. En prosa s\u00f3lo cabe mencionar a algunos autores en la actualidad ignotos como los espa\u00f1oles Felipe Trigo, Eduardo Zamacois y Jos\u00e9 Ortega y Munilla (padre de Ortega y Gasset) y el venezolano Jos\u00e9 Mar\u00eda Vargas Vila, si bien los cuatro estar\u00edan, en realidad, m\u00e1s cerca de lo sical\u00edptico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por su extraordinaria fineza y calidad literaria\u00a0 representa un caso aparte y excepcional la citada traducci\u00f3n que del bizantino Longo hizo Juan Valera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4) Merecen especial atenci\u00f3n las formas folkl\u00f3ricas del erotismo, que se encuentran en todas las culturas y que en todas ellas inspiran la actitud popular ante la sexualidad. Advirtamos que en algunos casos hasta han recibido la unci\u00f3n del arte, como pasa\u00a0 con el Decamer\u00f3n negro, de Leo Frobenius.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5) Guillermo Valencia dice de un centauro \u201cque es malo como el hombre y \u00e1gil como el caballo\u201d- Otro centauro, Quir\u00f3n, era preceptor de Aquiles y se le hab\u00eda encargado esa tarea, precisamente, por estar capacitado para ense\u00f1ar al futuro h\u00e9roe lo humano y lo animal. Comp\u00e1rese esta intenci\u00f3n\u00a0 con aquello de Maquiavelo, para quien el pr\u00edncipe deb\u00eda ser unas veces le\u00f3n y otras zorro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">6)\u00a0 Pero en esto la autora se ha limitado a seguir el canon arquet\u00edpico que se empe\u00f1a en contraponer el vigor del macho animal a la tenue condici\u00f3n femenina; hasta la historia de King Kong se basa en ese preconcepto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fernando S\u00e1nchez Zinny<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lobos y gacelas en una obra de Mar\u00eda Cristina Ber\u00e7aitz (de El pa\u00eds de los Pechanes, 2009, Editorial Algazul Por<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[29,34],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/556"}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=556"}],"version-history":[{"count":3,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/556\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":559,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/556\/revisions\/559"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=556"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=556"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=556"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}