{"id":565,"date":"2011-02-22T18:03:59","date_gmt":"2011-02-22T18:03:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/?p=565"},"modified":"2011-02-22T18:03:59","modified_gmt":"2011-02-22T18:03:59","slug":"cinco-autores-al-rescate-de-nuestra-identidad-nacional","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/?p=565","title":{"rendered":"Cinco autores al rescate de nuestra identidad nacional"},"content":{"rendered":"<p>Agosto. Segunda mitad del a\u00f1o 2001 que se escapa. Hoy, poco es lo queda de la identidad de los pueblos del planeta en este mundo globalizado.<\/p>\n<p>La arquitectura, los medios de transporte, la vestimenta, la comida, todo, salvo por ahora algunas excepciones, copian las mismas fuentes.<\/p>\n<p>Incluso, se tiende a unificar moneda y lengua. Digo lengua y no lenguaje, porque si fuera el lenguaje del amor el que nos unificara, no necesitar\u00edamos de la lengua para diferenciarnos. Un mismo idioma para toda la humanidad.<\/p>\n<p>Los hombres nos dirigimos hacia una transformaci\u00f3n masiva, la meta: llegar a ser una masa uniforme, sin identidad propia. Los pa\u00edses, productores para una \u00fanica distribuidora universal.<\/p>\n<p>Es a trav\u00e9s del arte, de la m\u00fasica, de la pintura, de la literatura, que lograremos escapar del olvido en el que nos vamos sumergiendo. S\u00f3lo el arte rescatar\u00e1 nuestra memoria para poder identificarnos en las generaciones futuras.<\/p>\n<p>He seleccionado 5 autores, entre los muchos que han tomado la antorcha de la identidad en sus manos para lograr que permanezca viva la llama del pasado y se los presento a ustedes.<\/p>\n<p>El primero de ellos es el escritor, historiador, buceador de nuestro ayer a trav\u00e9s de testimonios vivos rescatados del deterioro del tiempo: el arquitecto Carlos\u00a0 Moreno que, con amor y respeto, nos introduce en un medio tan\u00a0 extenso como nuestro pa\u00eds, (2.791.810 km2) y en un h\u00e1bitat tan peculiar como el que alberg\u00f3 a las primeras generaciones de argentinos.<\/p>\n<p>No olvidemos que, la Argentina, como tantos otros pa\u00edses de Am\u00e9rica, tiene una historia de hechos que revelan la lucha constante del hombre en un medio que deb\u00eda transformar para que sirviera a su subsistencia, y luego, para que le permitiera repetir, en un suelo y clima muy distintos, la vida a la que estaba acostumbrado.<\/p>\n<p>\u201c&#8230; Al llegar los europeos, el que hoy es nuestro territorio, estaba poblado por comunidades ind\u00edgenas con distintos grados de desarrollo &#8230;\u201d dice el arquitecto Carlos Moreno.<\/p>\n<p>\u201c&#8230; Las m\u00e1s evolucionadas eran las del noroeste, debido a que parte de la regi\u00f3n estaba integrada al Imperio de los Incas, con un alto grado de organizaci\u00f3n social y una tecnolog\u00eda productiva adecuada al medio en el que viv\u00edan&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Fue justamente el Imperio de los Incas lo que despert\u00f3 la codicia del conquistador que, mientras introduc\u00eda su cultura y tecnolog\u00eda, buscaba afanosamente el oro y la plata prometidos.<\/p>\n<p>La marcada divisi\u00f3n geogr\u00e1fica de nuestro suelo, influy\u00f3 de manera decisiva en los tipos de construcci\u00f3n, sumado a ello la disponibilidad de materiales. En el noroeste se utiliz\u00f3 la construcci\u00f3n en piedra, incluso para la arquitectura\u00a0 dom\u00e9stica. Para los techos se empleaban vigas de madera cubiertas con paja.\u00a0 \u201c&#8230; Una variante fueron los muros compuestos por finos tabiques de piedra exteriores rellenos con una mezcla de barro y piedra&#8230;\u201d<\/p>\n<p>En la regi\u00f3n bonaerense, los espa\u00f1oles encontraron indios n\u00f3mades y semin\u00f3mades. Sus viviendas estaban formadas por paravientos construidos con cueros de guanaco y, m\u00e1s adelante, cuando el ganado fue tra\u00eddo a estas tierras, por cueros de vaca.<\/p>\n<p>En la Patagonia, habitada por grupos tehuelches, n\u00f3mades que viv\u00edan de la caza y de la pesca, encontramos una \u201c&#8230; vivienda f\u00e1cil de transportar y capaz de soportar las bajas temperaturas. Las pieles de animales sostenidas por postes de madera&#8230;\u201d la forma m\u00e1s elemental la encontramos en la vivienda ona: \u201c&#8230; enganche del cuero al palo de soporte por medio de un simple agujero\u201d &#8230; o &#8230; \u201cun simple sistema compuesto por palos que ofician de estructura y cueros que cierran los huecos &#8230;\u201d una simple defensa contra los fr\u00edos vientos.<\/p>\n<p>Sin embargo:\u00a0 \u201c&#8230;\u00a0 Aparecen, desde entonces, cuatro componentes arquitect\u00f3nicos: el ADENTRO,\u00a0 con\u00a0 un microclima diferenciado del de afuera; un SOLADO sobre el cual se desarrolla la actividad; el AFUERA inmediato donde se organizan los espacios con condiciones ambientales intermedias. Entre el adentro y el afuera existe un elemento que los separa, los une y a la vez los relaciona: el ACCESO. En su origen \u00e9ste constituy\u00f3 un agujero y la conservaci\u00f3n del microclima interior, hasta ir complejiz\u00e1ndose paulatinamente&#8230;\u201d<\/p>\n<p>La explotaci\u00f3n rudimentaria que se hac\u00eda del suelo no era suficiente para producir medios de subsistencia, por lo tanto la densidad demogr\u00e1fica era muy baja.<\/p>\n<p>En un principio, la misma naturaleza protegi\u00f3 a los abor\u00edgenes ya que \u201c&#8230; La pampa, esa planicie sin \u00e1rboles, casi infinita, fue para esa gente \u2013 los conquistadores &#8211; solo un desierto vac\u00edo\u201d &#8230; \u201cno hab\u00eda oro ni plata, ni ning\u00fan otro valor\u201d &#8230; \u201cera\u201d &#8230; \u201csimplemente\u201d &#8230; \u201cun lugar que serv\u00eda para trasladarse&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Ese fue el motivo por el que estos territorios quedaron, en los primeros tiempos de la conquista, a salvo de la mano destructora del espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>\u201c &#8230; Esas tierras s\u00f3lo fueron necesarias cuando, revoluci\u00f3n industrial mediante, las posibilidades del comercio mundial revalorizaron los productos\u201d &#8230; \u201cque se pod\u00edan obtener\u201d &#8230; \u201cen estas regiones&#8230;\u201d<\/p>\n<p>La forma primaria de esta industria fue extractiva y no pudo aportar mucho a la econom\u00eda rioplatense. Sin embargo es, a partir de la misma, que aparece el gaucho, \u201c&#8230; en el que se acent\u00faan\u00a0 caracter\u00edsticas que reconocen antecedentes en la ganader\u00eda del sur de Espa\u00f1a&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Es a partir del aporte de los inmigrantes provenientes de Irlanda, Escocia e Inglaterra que se mejoran las razas de\u00a0 animales criollos, esto, sumado a una tecnolog\u00eda agraria desarrollada \u201c&#8230; genera un reacomodamiento social de gran magnitud, cuya consecuencia es la emigraci\u00f3n\u201d &#8230; \u201cEstos inmigrantes traen, junto a sus esperanzas, su cultura, la que aplicada a un territorio que se encontraba en un estado potencial, rinde inmediatamente frutos &#8230; \u201d<\/p>\n<p>Y se conform\u00f3 un nuevo paisaje.\u00a0 \u201c&#8230; \u00bfQu\u00e9 nos puede decir un modesto galp\u00f3n, una zanja casi tapada o un malacate cuyo \u00fanico destino pareciera ser el chatarrero? Creo que mucho. Estos humildes elementos son consecuencia del accionar humano en su interactuar con el medio. La pampa, sin m\u00e1s l\u00edmite que el horizonte, horizonte sin referencias, model\u00f3 el car\u00e1cter de los hombres de estas tierras, navegantes en un mar de tierra, en un paisaje tan sin paisaje&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Tomando los pocos elementos con los que contaba, el hombre pas\u00f3, de una econom\u00eda de subsistencia a transformar los campos en \u201cel granero del mundo\u201d utilizando dos elementos b\u00e1sicos \u201c &#8230;tiempo e inversi\u00f3n&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Un ejemplo que nos sirve de referencia es\u00a0 Ca\u00f1uelas, un pago con historia, casi tan antiguo como Buenos Aires,\u00a0 pero del que s\u00f3lo se conservan testimonios pertenecientes \u201c&#8230; a la \u00e9poca de expansi\u00f3n de la actividad agropecuaria y valorizaci\u00f3n de los campos (1820-1890)&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Ca\u00f1uelas encierra la memoria de la transformaci\u00f3n econ\u00f3mica agropecuaria bonaerense\u00a0 \u201c&#8230; y la evoluci\u00f3n de la comunidad y su cultura han ido creando historias que ya son ra\u00edces, y que han ido dejando muchos testimonios que, pudiendo ser materiales o no, forman en su conjunto la memoria colectiva &#8230;\u201d<\/p>\n<p>El intercambio de conocimientos entre los pueblos producen la transculturaci\u00f3n, que tiene mayor impacto seg\u00fan el grado de desarrollo de lo for\u00e1neo que se incorpore.<\/p>\n<p>En arquitectura encontramos, por ejemplo en la \u00e9poca colonial, las b\u00f3vedas de madera usadas por los jesuitas en distintas iglesias y que a\u00fan hoy se pueden observar en toda su belleza en la iglesia de la  Compa\u00f1\u00eda, en la ciudad de C\u00f3rdoba. Estas t\u00e9cnicas, sofisticadas para la \u00e9poca, se utilizaban simult\u00e1neamente con otras t\u00e9cnicas sencillas, como aquellas simples estructuras\u00a0 con las que se\u00a0 techaban las iglesias bonaerenses del siglo XVII. Es decir que \u201c&#8230; un desarrollo desigual dentro de la tecnolog\u00eda se dio en el territorio de nuestro pa\u00eds, en el que influyeron las condiciones del h\u00e1bitat, el factor de asentamiento o las disponibilidades del lugar &#8230;\u201d<\/p>\n<p>Con el tiempo, los hombres fueron haciendo paredes utilizando los materiales que ten\u00edan a su alcance: el adobe y los brazos, m\u00e1s abundantes en el invierno, cuando el trabajo del campo mermaba.<\/p>\n<p>As\u00ed, poco a poco, fue construy\u00e9ndose la vida y levant\u00e1ndose ciudades&#8230;<\/p>\n<p>De una de esas ciudades levantadas en suelo argentino por los inmigrantes llegados de tierras lejanas, Rosa Mar\u00eda Sobr\u00f3n nos cuenta historias maravillosas.<\/p>\n<p>Rosa Mar\u00eda Sobr\u00f3n de Trucco, naci\u00f3 en Nogoy\u00e1, provincia de Entre R\u00edos y ejerci\u00f3 la docencia en Victoria, ciudad donde consagr\u00f3 su vocaci\u00f3n de escritora. Numerosos libros publicados avalan su trayectoria en la creaci\u00f3n literaria \u00ab<em>La espera iluminada<\/em>\u00ab, \u00ab<em>Poemas con sol y llanto<\/em>\u00ab, \u00ab<em>Es tiempo de eleg\u00eda<\/em>\u00ab, \u00ab<em>Un poco cantando y un poco so\u00f1ando<\/em>\u00ab, \u00ab<em>Las cosas son palabras<\/em>\u00ab, \u00ab<em>De tiempos y de almas<\/em>\u00ab, \u00ab<em>Por la esquina del tiempo<\/em>\u00ab, \u00ab<em>\u00bfNo ves que ya es la hora?<\/em>\u00ab, \u00ab<em>La estaci\u00f3n<\/em>\u00bb , \u00ab<em>Angeles, espejos y memoria<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Poes\u00eda, relatos y cuentos, han sido los eslabones de una larga cadena de distinciones: premios y menciones de los que ha sido objeto Rosa Mar\u00eda, Rosita, para todos los que la conocemos y apreciamos.<\/p>\n<p>En su obra, con mirada nost\u00e1lgica, de fina sensibilidad,\u00a0 rescata, a trav\u00e9s de la evocaci\u00f3n de lugares, personajes y detalles como:\u00a0 \u201c&#8230; La sirena\u201d&#8230; \u201cNo, no hubo sirenas en mi pueblo, tan lejos \u00a1ay! de la m\u00e1gica evocaci\u00f3n del mar\u201d &#8230; \u201cera la sirena que anunciaba las funciones del \u00fanico cine&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de la sirena estaba: \u201c&#8230; Marcos, \u201cel loco\u201d, encargado de repartir por las calles, los boletines anunciadores del programa cinematogr\u00e1fico&#8230;\u201d.<\/p>\n<p>Pero contin\u00faa Rosita\u00a0 \u201c&#8230; Y \u00a1qu\u00e9 deleite si, el papelito consabido era m\u00e1s grueso y estaba pintado en colores! La pel\u00edcula era fuera de lo com\u00fan. Se hac\u00eda imprescindible verla\u201d &#8230;.\u00a0 \u201cSirena&#8230; Marcos&#8230; papelitos que vuelan&#8230;\u201d dice, evocando una \u00e9poca lejana disuelta en el tiempo y el espacio.<\/p>\n<p>Costumbres pueblerinas\u00a0 \u201c&#8230; Cuando llegaba el d\u00eda s\u00e1bado&#8230; Sab\u00edamos que la tarde de ese d\u00eda, era anuncio ya del siempre bien esperado domingo\u201d &#8230;\u00a0 \u201csab\u00edamos, sobre todo, que significaba romper con la rutina\u201d &#8230; \u201cpara efectuar un paseo. Un paseo s\u00ed. Muy simple\u201d &#8230; \u201cTan simple como la llana lisura de esa calle, por donde ver\u00edamos deslizarse ingenuos afanes e incompletas alegr\u00edas. S\u00ed. El paseo del s\u00e1bado vespertino&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Rosa Mar\u00eda Sobr\u00f3n regresa, en su recuerdo, hasta la &#8230;\u201ccalle linda\u201d&#8230; de su infancia, esa calle tan especial debido a que era la \u00fanica asfaltada del pueblo, las dem\u00e1s, adoquinadas o simplemente de tierra, no pod\u00edan competir con ella. Evocaci\u00f3n desde la nostalgia del recuerdo.<\/p>\n<p>Buena muestra de ello es el relato que da t\u00edtulo al\u00a0 libro \u201c<em>La Estaci\u00f3n<\/em>\u201d y que dice:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230; Estaci\u00f3n de ferrocarril \u201d &#8230; \u201cUn enjambre de barriletes multicolores estampa de risa el claro cielo de oto\u00f1o\u201d\u00a0 &#8230; \u00abMultitud de piedrecillas color canela, marrones y grises, forman el piso irregular\u201d &#8230; \u00abMuchachas alegres, vestidas de domingo, ostentan su donaire, a la espera de lo desconocido. No aguardan a nadie. Pero tal vez, aguardan algo callada y escondidamente, con una ilusi\u00f3n que suponen secreta, pero que viste de luces sus rostros ansiosos y frescos&#8230;\u00bb Nost\u00e1lgica mirada del pasado, exquisita sutileza.<\/p>\n<p>Refiri\u00e9ndose a \u00ab<em>La Estaci\u00f3n<\/em>\u00bb\u00a0 dice Roberto Angel Parodi, en el diario \u00abLa Calle\u00bb de Concepci\u00f3n del Uruguay, en el a\u00f1o 1970 &#8211;\u00a0 &#8230; \u201csatisface tanto el inter\u00e9s del adulto, como la imaginaci\u00f3n de la adolescencia en cuyas manos no puede menos que acrecentar su mundo afectivo e incitar la memoria\u00a0 a recordar episodios similares\u00bb.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de\u00a0 cosas sencillas nos encontramos con su memoria: \u201c&#8230; Y all\u00ed est\u00e1 la gracia de las serpentinas m\u00faltiples, escapando de dos manos ingenuas, en un luminoso mensaje de inocencia. Y el papel diminuto que inunda las cabezas y carruajes. Y el chisporroteo de colores en los disfraces infantiles, cargados de met\u00e1licos reflejos \u201d&#8230; \u201cY, al fin, entre anuncios estent\u00f3reos, la musical prestancia de las comparsas &#8230;\u201d alegre mirada de la infancia.<\/p>\n<p>Rosita nos recuerda aromas que dif\u00edcilmente podamos encontrar hoy: \u201c&#8230; En el interior, un viejo patio, un aljibe en el centro, se me asoma al recuerdo con un olor fresco de ladrillo reci\u00e9n regado y con la verde humedad de los helechos gigantescos. Olor a ladrillo reci\u00e9n regado\u201d &#8230; \u201cEl mismo que se alzaba de las calles empedradas del pueblo&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Y nos entrega color en las sensaciones \u201c&#8230; la tarde pueblerina que sal\u00eda reci\u00e9n de su modorra, estirando su luz amarillenta hacia el poniente, en un p\u00e1lido temblor de extra\u00f1as lunas, de c\u00e1lidos y agonizantes rosas desva\u00eddos&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Sensibilidad de poeta en cada letra que rescata im\u00e1genes de una \u00e9poca lejana regal\u00e1ndolas para el recuerdo y que, de la pluma de Rosita, permanecer\u00e1n vivas para goce de las generaciones futuras.<\/p>\n<p>Vayamos ahora a Ca\u00f1uelas, un pago con historia, seg\u00fan palabras del arquitecto Carlos Moreno, para encontrar a Mar\u00eda Lydia Torti, quien\u00a0 naci\u00f3 precisamente all\u00e1,\u00a0 en Ca\u00f1uelas, provincia de Buenos Aires<\/p>\n<p>Profesora Nacional, Normal y Especial en Letras (U.B.A.). Ejerce la docencia desde temprana edad y de muy diversas maneras.<\/p>\n<p>Ha recibido premios provinciales, nacionales e internacionales.<\/p>\n<p>Fue declarada \u201cMujer bonaerense en Literatura\u201d 1997 por la Honorable C\u00e1mara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires.<\/p>\n<p>Poeta, cuentista y narradora, es adem\u00e1s socia de S.A.D.E. y Gente de Letras.<\/p>\n<p>Es la fundadora del Caf\u00e9 Literario \u201cLa Galer\u00eda\u201d que se desarrolla en Ca\u00f1uelas, regalando a la ciudad un toque de encanto y cultura del que s\u00f3lo Mar\u00eda Lydia es capaz.<\/p>\n<p>Entre sus numerosos libros \u00e9ditos,\u00a0 \u201c<em>Detr\u00e1s de las v\u00edas<\/em>\u201d \u2013 Cuentos \u2013\u00a0 mereci\u00f3 el Sello de Honor de la S.A.D.E., La Plata, 1985.<\/p>\n<p>Mar\u00eda Lydia Torti escribe, muchas veces, relatos, y muchos de \u00e9stos son reales, sucedidos a mediados del siglo XX. Los mismos\u00a0 podr\u00edan haber sido echados al olvido de no mediar la intervenci\u00f3n de la escritora, quien\u00a0 los rescata con preciosismo, con delicadeza y, sobre todo, con inmenso cari\u00f1o.<\/p>\n<p>As\u00ed tambi\u00e9n sucede en sus cuentos que, adem\u00e1s, nos hablan en el idioma tan particular del gaucho argentino, m\u00e1s precisamente del gaucho de los pagos de Ca\u00f1uelas\u00a0 \u201c&#8230; el atardecer es triste, che. Antesala de la noche y la noche es mala\u201d &#8230; \u201ccon esas ag\u00fcer\u00edas; ten\u00e9s embrujada a la peonada y te asegur\u00e1s el auditorio en el fog\u00f3n. \u00a1Viejo versero\u201d&#8230; Cuentos en los que \u201c&#8230; el mate se pon\u00eda lindo a la luz del brasero&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Y tambi\u00e9n \u201c&#8230; El fr\u00edo amurallaba el campo y estremecido el anciano rumbe\u00f3 hacia el galp\u00f3n, que como luci\u00e9rnaga gigante opon\u00eda su luz a las tinieblas&#8230;\u201d y\u00a0 \u201c&#8230;Soplaba la sudestada y hac\u00eda tres d\u00edas que el agua golpeaba en los techos, en el patio, en la hacienda arremolinada bajo el omb\u00fa, en los para\u00edsos &#8230;\u201d<\/p>\n<p>Vemos como, a trav\u00e9s de una excelente s\u00edntesis descriptiva, nos introduce en la inmensidad de la pampa, que\u00a0 nos envuelve y nos atrapa.<\/p>\n<p>No faltan\u00a0 \u201c&#8230; La rueda y el fog\u00f3n&#8230;\u201d\u00a0 y tampoco el compa\u00f1ero inseparable del gaucho \u201c&#8230; Medio clareando\u00a0 mont\u00e9 al bayo y me fui rumbo a las casas \u201d &#8230; \u201cComo una r\u00e1faga mont\u00f3 en su caballo&#8230;\u201d<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de las palabras de Mar\u00eda Lydia surgen ante nosotros olvidadas figuras que cobran nuevamente vida y adquieren dimensiones reales, tangibles.<\/p>\n<p>En su prosa nos habla del amor al terru\u00f1o, hacia la naturaleza; nos habla de la fidelidad, del pudor y el orgullo del gaucho, capaz de morir por su propia mano si falta a alguno de los principios que marcan su vida entera.<\/p>\n<p>Nuestro campo se descubre en el idioma y en los hechos \u201c&#8230;Tata azuzaba el brasero y la pava resplandec\u00eda, mientras el mate pasaba de mano en mano, a la luz de la fogata&#8230;.\u201d\u00a0 en el\u00a0 retrato fiel \u201c&#8230; Pel\u00e9 el fac\u00f3n de la cintura, por si fuera alg\u00fan animal del monte, que comenzaba ahicito nom\u00e1s,\u00a0 a la vuelta de la Querencia, almac\u00e9n de ramos generales&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n cuando aparecen \u201c&#8230; unas cuantas ca\u00f1as rociadas por el entusiasmo del truco&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Sin olvidar el infaltable, t\u00edpico atuendo gauchesco \u201c&#8230; El poncho cay\u00f3 y sirvi\u00f3 de\u00a0 mullida manta para los enamorados&#8230;\u201d mientras\u00a0 \u201c&#8230; Avanzaba la aurora del domingo&#8230;.\u201d y luego\u00a0 \u201c&#8230;se alej\u00f3 al galope no sin antes apoderarse de la prenda amada&#8230;\u201d La prenda amada, mudo testigo atemporal.<\/p>\n<p>Y la m\u00fasica, que nos alegra y nos deleita \u201c&#8230; La guitarra al son de zambas y chacareras cant\u00f3 toda la noche\u201d &#8230;\u00a0 \u201cSonaban las guitarras y los acordeones; una pista de baile se hab\u00eda limpiado con agua y escoba. El piso duro ol\u00eda a tierra mojada&#8230;\u201d.<\/p>\n<p>Las comidas, tan reales que hasta podemos saborearlas con la vista y el olfato \u201c&#8230; Las mujeres calentaban en grandes ollas la grasa derretida para fritar las empanadas de carne. Afuera el asador cuidaba una ternerita reci\u00e9n carneada, custodiada por chorizos, achuras, con un fuego lento y sabio&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la magia del amor se apodera de nosotros y participamos, gozosos, de la fiesta de los amantes mientras surgen los jazmines con su m\u00e1gico y\u00a0 penetrante perfume, en tanto\u00a0 \u201c&#8230; Se oyen risitas y pasos apresurados\u00a0 penetrando\u00a0 entre\u00a0 los\u00a0 arbustos\u201d&#8230; \u201cLas manos, los pechos y los labios se unen avarientos\u201d &#8230; \u201c y\u00a0 una\u00a0\u00a0 luna\u00a0 matrona, rellena\u00a0 y\u00a0 fulgurante aparec\u00eda\u00a0 temerosa entre las nubes &#8230;\u201d La poes\u00eda, simple, fresca, como la naturaleza misma.<\/p>\n<p>Figuras exactas, precisas, con el amor, patinando ausencias: \u201c&#8230;La pareja abandonaba la fiesta rumbo al monte y all\u00ed se perd\u00edan en el abrazo del amor eterno&#8230;\u201d Lo eterno entendido en toda la extensi\u00f3n de la palabra, lo desconocido que nos asombra y deslumbra.<\/p>\n<p>Pero est\u00e1 el infierno, entremezclado con las supersticiones gauchas\u00a0 \u201c&#8230; Un olor a azufre lo envolvi\u00f3 \u201d &#8230; \u201cen menos que canta un gallo el macho se volvi\u00f3 rojo como una llama viva\u201d &#8230; \u201cuna luz mala atraves\u00f3 el techo de paja y se perdi\u00f3\u00a0 en\u00a0 el firmamento\u201d&#8230; \u201c El Viernes Santo\u201d &#8230; \u201cver\u00e1n salir una gran llamarada que en forma de cuervo punz\u00f3 se esfuma en la noche dando graznidos. Si hay viento oler\u00e1n a azufre, pero \u00fanicamente si hay viento &#8230;\u201d<\/p>\n<p>Y lo insondable: \u201c&#8230;\u00a0 Estall\u00f3 la tierra como un refucilo\u201d&#8230; \u201capareciendo\u00a0 en rojo vivo la figura del baquiano muerto&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Pero hay m\u00e1s, mucho m\u00e1s. Mar\u00eda Lydia nos regala incansables y maravillosos cuentos y relatos y\u00a0 nos pone en la mano, para que la disfrutemos, una espl\u00e9ndida maqueta literaria, un pedazo de nuestra patria.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n desde Ca\u00f1uelas nos llegan los cuentos e historietas (comics) de Jorge Claudio Morhain, quien ha deleitado, desde tiempo atr\u00e1s, a los m\u00e1s peque\u00f1os con cuentos publicados en la revista Billiken, Topo Gigo, Parachicos, etc. Nos ha regalado las nanas\u00a0 infantiles, de una especial ternura en: \u201cEn el fondo de mi calle\u201d.<\/p>\n<p>Ha instruido a los j\u00f3venes sobre costumbres argentinas a trav\u00e9s de 4.000 mil historietas publicadas: \u201cEl Cabo Savino\u201d, \u201cPehu\u00e9n Cur\u00e1\u201d, \u201cMat\u00edn Toro\u201d, \u201cEl Arriero\u201d, \u201cEl Chasqui\u201d y muchas otras.<\/p>\n<p>Es conocido su trabajo en\u00a0 series como \u201cLock Olmo\u201d (Billiken); o \u201cSerie Negra\u201d (Skorpio) por citar algunas y, entre la colecci\u00f3n: Los Libros del Quirquincho, cuentos de terror y humor para adolescentes\u201d sobresalen: \u00ab<em>Malos tiempos para Dr\u00e1cula<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Obtuvo el Primer Premio Concurso de Ciencia Ficci\u00f3n\u00a0 H\u00e9ctor Germ\u00e1n Oesterheld 1984\u00a0 y\u00a0 Menci\u00f3n Premio Fantas\u00eda Infantil 1995 por \u201c<em>Amores con Guardapolvos<\/em>\u201d,\u00a0 entre otros.<\/p>\n<p>Claudio Morhain escribe a los ni\u00f1os montado en la suave brisa de un amanecer de verano\u00a0 \u201c&#8230; Chengo, el cuis, se despert\u00f3 somnoliento &#8230;\u201d\u00a0 y le ense\u00f1a a conocer lo nuestro desde la belleza de lo simple \u201c&#8230; saludaba a Manocorta, la mulita; a Perico; el benteveo y a Parrancho; el pato maicero, siempre arrastrando los chiripaces&#8230;\u201d tampoco faltan \u201c&#8230;Silvana, la calandria; Alba, la garza blanca; Rrruth, la rana criolla; Jacinto el sapo; Juan, el pirincho despeinado y, adem\u00e1s, para completar, Negra, la hormiga&#8230;\u201d<\/p>\n<p>En esta mezcla de fauna criolla aparece un Ovni que no es Ovni\u00a0 sino \u201cBarrilete\u201d, como lo bautizan los amigos reunidos. En fin, una\u00a0 invasi\u00f3n de alegr\u00eda para los m\u00e1s peque\u00f1os.<\/p>\n<p>No falta en\u00a0 los\u00a0 cuentos de Claudio\u00a0 el mate sorbido entre las pir\u00e1mides del Valle de los Reyes \u201c &#8230; Y ah\u00ed estaba, la cola entre las piernas, don Sem\u00edramo Rosetto, buscando las llaves del jeep. Cuando Rold\u00e1n extendi\u00f3 el mate hacia la momia &#8211; \u00bfGusta, do\u00f1a?\u201d &#8230; \u201cLa momia vacil\u00f3 un instante, y luego estir\u00f3 levemente uno de sus brazos ennegrecidos&#8230;\u201d Hasta a las momias tienta la infusi\u00f3n criolla.<\/p>\n<p>En sus cuentos puede ense\u00f1ar matem\u00e1ticas con una sonrisa\u00a0 \u201c&#8230; La casa de la quinta de don Bilbao ten\u00eda s\u00f3lo dos habitaciones. Una grande con un fog\u00f3n, y era la cocina. Una grande sin un fog\u00f3n, y era el dormitorio\u201d &#8230; \u201cEn el dormitorio hab\u00eda nueve camas\u201d&#8230; \u201chab\u00eda un pap\u00e1, una mam\u00e1\u00a0 ocho nenes y nueve camas, lo que, seg\u00fan dicen las matem\u00e1ticas, dejaba a un nene sin cama\u201d &#8230; \u201cy ocho almohadas y siete frazadas &#8230;\u201d y se siguen restando cosas y sumando falencias por lo que, finalmente\u00a0 \u201c&#8230; la casita pobre de la quinta de don Bilbao ten\u00eda un nene siempre ojeroso por no dormir, dos con la cabeza\u00a0 torcida por dormir sin almohada, tres muertos de fr\u00edo por las noches, cuatro cansados de vivir parados&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Nos enternece cuando nos habla de Jaime, el chico en bicicleta subiendo una cuesta empinada en busca de su amor\u00a0 \u201c&#8230; entre el marr\u00f3n ladrillo y el rojo malvones\u201d &#8230; \u201cCerca de la mitad de la cuadra hay d\u00faplex con jard\u00edn\u201d &#8230; \u201cpasada la siesta, la reposera est\u00e1 ocupada\u201d &#8230; \u201cla chica se ha ido tostando parejo, cautamente. Jaime sabe que el sol la ha besado con cari\u00f1o&#8230;\u201d\u00a0 Jaime suspira, como todos lo hicimos alguna vez, pero \u00e9l tiene su recompensa\u00a0 \u201c&#8230; Ella. Est\u00e1 all\u00ed. S\u00ed. Ella. Sonriendo. Ella est\u00e1 all\u00ed, sonriendo en el centro del hall de la terminal\u201d&#8230; \u201c\u00a1Y lo besa! \u00a1Lo besa en la boca, as\u00ed, suavecito, r\u00e1pido, c\u00e1lidamente! \u2013 \u00a1Chau!\u00a1Vuelvo en el invierno!&#8230;\u201d\u00a0 y realmente regresa. Inocencia infantil que no pod\u00eda ser defraudada.<\/p>\n<p>Sus cuentos se llenan de aroma a durazno maduro, ciruelas y mandarinas\u00a0 mientras \u201c&#8230; sudorosos\u00a0 caballos se disputaban los huellones de la calle de tierra&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Nadie como Cluadio Morhain para recordarnos el idioma tan nuestro con la partida de robots que \u201c &#8230; hab\u00eda salido defectuosa. Con decirles que en lugar de decir \u201cBuen\u00a0 d\u00eda\u201d exclamaban \u201cHola, che\u201d. Y en lugar de tocar m\u00fasica barroca se pon\u00edan a cantar \u201cViejo Smoking\u201d, que es un tango m\u00e1s viejo que mi tatarabuela\u201d&#8230; \u201cLos robots se\u00a0 peinaban a la gomina o cebaban mate &#8230;\u201d<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo era posible tanto error humano al construirlos? Pero todo tiene su explicaci\u00f3n\u00a0 \u201c&#8230; Los robots fallaban y fallaban y fallaban. Hasta que Carlitos, t\u00e9cnico en aseo (barrendero) meti\u00f3 la cuchara \u201d&#8230; \u201c Y descubri\u00f3\u201d\u00a0 &#8230; \u201c que los corazones hab\u00eda sido desarrollados en la secci\u00f3n ABZ de la 4-27B.Y que la ABZ\/4-27B hab\u00eda sido, hace much\u00edsimo tiempo, la esquina de una antiqu\u00edsima ciudad \u201d\u00a0 &#8230; \u201c- Est\u00e1 cantado \u2013 explic\u00f3 Carlitos \u2013 La ciudad se llamaba Buenos Aires \u201d &#8230; \u201c Y la esquina era Corrientes y Esmeralda \u201d &#8230;\u00a0 \u201c &#8211;\u00bfQu\u00e9 es lo que est\u00e1\u00a0 cantado \u2013 repitieron los ingenieros.\u00a0 \u2013 Amainaron guapos junto a tus ochavas, cuando un elegante los calz\u00f3 de cross \u201d\u00a0 &#8230; \u201c y en tu esquina brava, cualquier cacat\u00faa sue\u00f1a con la pinta de Carlos Gardel \u2013 cant\u00f3 Carlitos. \u00a1Y los robosts bailaban! &#8230;\u201d<\/p>\n<p>Pues bien, \u00bfqui\u00e9n hubiera querido robots perfectos si pod\u00edan tener unos engominados\u00a0 robots tangueros? \u201c&#8230; Los clientes se quejaron, se negaron a aceptar los robots que andaban bien. \u00a1Todos\u00a0 quer\u00edan a los viejos, sentimentales y tangueros robots canyengues! Qu\u00e9 milonga, \u00bfno?\u00a0 \u00a1Hubo que volver la desarreglarlos! Y color\u00edn colorado, este cuento&#8230; \u00a1chan&#8230;chan!&#8230;\u201d<\/p>\n<p>No puedo cerrar el cap\u00edtulo de Claudio Morhain sin dedicar unas palabras al \u201c<em>Cabo Savino<\/em>\u201d y a \u201c<em>Malos tiempos para Dr\u00e1cula<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Los cuadernos de historietas &#8211; lo que se conoce hoy como comics &#8211; del\u00a0 \u201c<em>Cabo Savino<\/em>\u201d, narran historias ilustradas de la \u00e9poca de los malones, las cautivas y las gringas que se iban acriollando en nuestro suelo.<\/p>\n<p>\u201c&#8230; Laga\u00f1oso todav\u00eda, el cabo Savino sale al patio, y ah\u00ed est\u00e1, esper\u00e1ndolo la helada. Una helada que parece venir de la luna blanca que parece achicar las cosas dentro de s\u00ed mismas&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Y el huinca que aparece \u201c&#8230; All\u00e1 van, envueltos en sus ponchos ra\u00eddos, haciendo crujir el pasto como si estuviera cubierto de az\u00facar. Diez hombres, galopando fuerte para calentar los pingos y sus cuerpos. Cabalgan en silencio, husmeando sobre la pampa, cuerpe\u00e1ndole el bulto al fr\u00edo. Hasta que sale el sol. Un sol flaco y ojeroso, pero suficiente&#8230; avestruces, cuises, alg\u00fan guanaco o un venado los miran pasar, indiferentes&#8230;\u201d<\/p>\n<p>A poco de cabalgar se encuentran con un grupo de\u00a0 indios con mujeres blancas cautivas, que vienen huyendo, escapando de en medio de una gran reuni\u00f3n de tribus \u201c&#8230;\u00a0 S\u00ed, huinca cabo. Viniendo gente del otro lado de las monta\u00f1as tambi\u00e9n\u201d &#8230; \u201c\u00a1Mmmh&#8230; !\u00a1Mal\u00edsimo! \u00a1Reuni\u00f3n grande trae mal\u00f3n grande seguro!&#8230;\u201d Epocas lejanas, desconocidas, pero, gracias a Morhain, a\u00fan presentes.<\/p>\n<p>Sin embargo, el cabo Savino tiene momentos de m\u00fasica y empanadas como \u201c&#8230;Una\u00a0 polkita gringa que se estaba acriollando sonaba en el patio de la enramada, y\u00a0 el olor de las empanadas ven\u00eda como en manotazos de relamidas. La gente se hab\u00eda desparramado seg\u00fan su gusto: unos a lechucear a las chinas, otros a tabear en la canchita a la vuelta de las casas,\u00a0 unos cuantos, prendidos a las empanadas, truqueaban en la cocina&#8230;\u201d.<\/p>\n<p>Las empanadas \u201c&#8230; Picantonas, jugosas, olorosas&#8230;, \u00a1qu\u00e9 mano tiene \u00f1a Rosario. Cha digo con \u00f1a Rosario. Si fuera m\u00e1s joven me gustar\u00eda para mujer, y si fuera m\u00e1s vieja, para mama&#8230;\u201d<\/p>\n<p>El cabo Savino tiene tambi\u00e9n su coraz\u00f3n y a pedido de \u201c\u00f1a Rosario\u201d parte a perseguir a un matrero, a Juli\u00e1n, que ha dado muerte a su hijo en una pelea de gauchos,\u00a0 a fac\u00f3n..<\/p>\n<p>\u201c&#8230; Los caballos de Juli\u00e1n hab\u00edan dejado como un surco en la gramilla. No esperaba que lo siguiera. O no le importaba&#8230; \u00a1Cha digo! \u00a1Se viene nom\u00e1s la tormenta! mil rel\u00e1mpagos y angustiados truenos. Viento fuerte y fresco&#8230; \u00a1Vamos, pingo! \u00a1Otra guapeada! \u00a1La pucha!&#8230;\u201d\u00a0 El cabo, siendo autoridad, apresa al asesino \u201c &#8230; \u00bfY sab\u00e9s, Juli\u00e1n? No ten\u00eda ninguna gana de alcanzarte&#8230;\u00a0 no me parec\u00edas matrero. Pero ahora.. No s\u00e9. No me gusta c\u00f3mo pelaste el fac\u00f3n apenas te di el alto. Un gaucho manso no se revuelve as\u00ed, como una v\u00edbora&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Sin embargo, no se equivoc\u00f3, la corazonada\u00a0 era cierta, y Juli\u00e1n, gaucho al fin, salva al cabo Savino de una muerte segura y, a riesgo de su libertad, lo devuelve al pago. Toda una lecci\u00f3n para mostrarnos el coraz\u00f3n de la gente de nuestra tierra.<\/p>\n<p>Finalmente, los \u201c<em>Malos tiempos para Dr\u00e1cula<\/em>\u201d \u201c&#8230; Marto era titiritero&#8230;sab\u00eda\u00a0\u00a0 qu\u00e9 era aquello \u2013 la cueva de la Salamanca \u2013 Su pap\u00e1, un experto en mitos argentinos, le\u00a0 hab\u00eda explicado que el Pombero era el duende rubio de las siestas chaque\u00f1as; que el Lobiz\u00f3n era el s\u00e9ptimo hijo var\u00f3n sin bautizar que se emperraba en la luna llena; y que San La Muerte era un esqueleto que en Corrientes se lo venera como a un santo. Y que la Salamanca es la fiesta, reuni\u00f3n y algarab\u00eda de todos los duendes, brujos, diablos y fantasmas juntos. En Santiago del Estero &#8230;\u201d<\/p>\n<p>Marto se encuentra con todos ellos en la  Salamanca \u2013 en un sue\u00f1o &#8211; baila con el Lobiz\u00f3n y \u201c&#8230; El Pombero le prest\u00f3 su sombrer\u00edsimo, y lo convirti\u00f3 en gallo. Despu\u00e9s en sapo, despu\u00e9s en \u00f1and\u00fa, despu\u00e9s en Marto. El Yas\u00ed Yater\u00e9 lo convid\u00f3 con mate &#8230;\u201d\u00a0 Luego de esa reuni\u00f3n Marto no sue\u00f1a m\u00e1s de esa manera; es el sue\u00f1o del fin\u00a0 de\u00a0 su infancia.<\/p>\n<p>En \u201c<em>Malos tiempos para Dr\u00e1cula<\/em>\u201d hay lugar para\u00a0\u00a0 \u201c &#8230;\u00a0 ponernos verdes mateando\u201d&#8230; y enfrentar las supersticiones con el diablo, que no era un diablo \u201c&#8230; ni mucho menos, con may\u00fascula. Nada de cola en punta ni de bigotes retorcidos y mucho, much\u00edsimo menos, pata de cabra &#8230;\u201d.<\/p>\n<p>Y tampoco faltan los toldos &#8230; \u201c Toldos ind\u00edgenas, como esos que uno ha estudiado en los libros: estructuras multiformes de troncos atados sobre los que se aseguraban cueros y m\u00e1s cueros, atados con tientos \u201d &#8230;<\/p>\n<p>Para finalizar en \u201c<em>Malos tiempos<\/em>&#8230;\u201d nos regala un Dr\u00e1cula inmortal que, habiendo mordido a un enfermo de Sida, pasa la eternidad en un eterno resfr\u00edo &#8230; \u201c Y ah\u00ed est\u00e1. La casona. Tapiada. Cerrada. Lo que todos saben, lo que cualquiera puede o\u00edr personalmente, son los tremendos, poderosos, angustiantes estornudos que salen de la mole gris \u201d &#8230; \u201cPor eso la llaman ahora La Casa del Estornudo \u201d&#8230;<\/p>\n<p>Carmen Escalada\u00a0 ha dedicado gran parte de su vida al quehacer po\u00e9tico.<\/p>\n<p>Siendo ni\u00f1a, sus padres se\u00a0 trasladaron a Comodoro Rivadavia donde vivi\u00f3 y ejerci\u00f3 como profesora superior de Declamaci\u00f3n y Arte Esc\u00e9nico presentando recitales en la Regi\u00f3n Patag\u00f3nica, en Mar del Plata y en la  Capital Federal. Ejerci\u00f3 la docencia en el arte de la interpretaci\u00f3n po\u00e9tica. Fue\u00a0 Asesora de Cultura de la  Municipalidad de Comodoro Rivadavia. Su programa por Radio Nacional incluy\u00f3 un ciclo de Poes\u00eda Universal, Poes\u00eda Americana y Poetas Argentinos Contempor\u00e1neos.<\/p>\n<p>Es socia activa de distintas instituciones literarias. Actualmente es Presidenta de Gente de Letras,\u00a0 prestigiosa asociaci\u00f3n\u00a0 de escritores argentinos.<\/p>\n<p>Hay en Carmen, una actitud vital y amorosa con el medio ambiente en el que le toc\u00f3 vivir: con el paisaje y con el sentir del hombre patag\u00f3nico. A ellos\u00a0 les ha dedicado gran parte de su vida y de su obra.<\/p>\n<p>En su poes\u00eda exhala un canto di\u00e1fano arrancado de\u00a0 sus sentimientos m\u00e1s profundos o sacude nuestra indiferencia con su amor por el pa\u00eds que la vio nacer. Este amor que trasuntan sus poemas fue legado por su padre, Federico Escalada \u201c&#8230;m\u00e9dico, antrop\u00f3logo, so\u00f1ador y m\u00fasico,\/ militar, poeta, maestro y estudioso.\/ Fuiste de mi patria un hombre tan valioso,\/ que ni Dios tuvo paciencia de esperarte\/&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Federico Escalada\u00a0 se traslad\u00f3 a Comodoro Rivadavia &#8230;\u201cComo un Quijote\/ sin yelmo y sin espada,\/&#8230;\/ La Patagonia ind\u00f3mita te abri\u00f3 sus colosales brazos.\/ y te adentraste en ella\/ con tu valor de caballero andante.\/&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Carmen Escalada rescata en cada verso el valor de la gente y de las cosas:<\/p>\n<p>\u201c&#8230; Tehuelche, fuiste hace siglos,\/ due\u00f1o y se\u00f1or de nuestra pampa\/ habitante de australes territorios,\/ n\u00f3made incansable, luchador de vientos&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n rescata leyendas, como la del Kaper-Kaike, el meteoro que cay\u00f3 del cielo y que los tehuelches integraron a su religi\u00f3n, ador\u00e1ndolo.<\/p>\n<p>\u201c&#8230;\u00a0 Ya la piedra no es piedra,\/ obra de Sehecho, Dios de los tehuelches,\/ due\u00f1a y se\u00f1ora de la tierra.\/&#8230;.\u201d Sehecho, madre de los animales. Un d\u00eda su hijo favorito, un potrillo blanco, corre por la meseta \u201c &#8230; hasta que el br\u00edo de su juvenil carrera \/ lo lleva a hundir su cuerpo en la laguna helada. \/ Muere as\u00ed su ni\u00f1o bienamado &#8230;\u201d la madre traspasada de dolor ruega la muerte, que no llega. \u201c&#8230; Usa entonces sus m\u00e1gicos poderes,\/ se protege detr\u00e1s de un calafate, y se transforma en el hierro cosmog\u00f3nico\/ que por centurias los indios veneraron&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Y es en la gente en la que desborda su ternura, sobre todo en dos mujeres, s\u00edmbolos de una raza, a las que Carmen dedica gran parte de sus poemas.<\/p>\n<p>Una de ellas, la anciana tehuelche Beltenshun, vivi\u00f3 cerca del r\u00edo Pinturas, en forma primitiva en las cuevas de las manos pintadas, ubicada en el ca\u00f1ad\u00f3n de Charcamac,\u00a0 zona centro oeste de la provincia de Santa Cruz.<\/p>\n<p>Beltenshun habit\u00f3, en cuevas, como sus antepasados, hasta mediados del siglo XX. Su tribu, n\u00f3made, viv\u00eda pr\u00e1cticamente de la caza.<\/p>\n<p>Al morir, con m\u00e1s de 100 a\u00f1os, era casi ciega. Muri\u00f3 hablando el dialecto teushen, el que hablaban los chehuachekenk y fue la \u00faltima que lo hizo. Beltenshun hablaba todos los idiomas.<\/p>\n<p>Cuando muri\u00f3, el camaruco se bail\u00f3, alrededor del fuego, por varios d\u00edas. Lo hicieron ataviados con ropas de ceremonia, tejidas, con dibujos geom\u00e9tricos y vivos colores.<\/p>\n<p>Sin embargo, para comprender mejor la organizaci\u00f3n\u00a0 tehuelche, debemos saber que:<\/p>\n<p>Los tehuelches, eran abor\u00edgenes pac\u00edficos y estaban divididos en tres parcialidades:<\/p>\n<p>-los Aoni-Kenk, altos, ocupantes de la zona oriental del territorio al que pertenec\u00edan los onas, fueron descubiertos por Magallanes en Tierra del Fuego.<\/p>\n<p>-los Gu\u00e9nena-Kene, o Septentrionales<\/p>\n<p>-los Chehuache &#8211; Kenk u Occidentales, bajos, parecidos a los Araucanos.<\/p>\n<p>El Dr. Federico Escalada desentra\u00f1a y hace la clasificaci\u00f3n del complejo tehuelche. \u201cEso es lo exacto, cristiano loco, vos nos entend\u00e9s\u201d, le dec\u00eda la anciana Beltenshun.<\/p>\n<p>La otra mujer india a quien Carmen le rinde tributo, es Agustina Quilchamal, hija del cacique Quilchamal, pertenecientes a la parcialidad Aoni \u2013 Kenk la que viv\u00eda en las tolder\u00edas, de la caza y de la pesca, descalzos.<\/p>\n<p>En la lejana \u00e9poca en la que el perito Moreno fue a la Patagonia y se acerc\u00f3 al cacique, su padre, para pedirle ayuda, do\u00f1a Agustina era una jovencita de 12 \u00f3 13 a\u00f1os. Ella tuvo la misi\u00f3n de acompa\u00f1arlo en su primera recorrida.<\/p>\n<p>Agustina, con el correr de los a\u00f1os, fue a vivir a R\u00edo Mayo y, partiendo de las tolder\u00edas, tuvo la posibilidad de viajar en los modernos medios de transporte. Viaj\u00f3 en auto y en tren. Naveg\u00f3 desde Comodoro Rivadavia a Rawson, para realizar tr\u00e1mites por las tierras abor\u00edgenes que los indios reclamaban.<\/p>\n<p>Sol\u00eda decir \u201cLo \u00fanico que me falta es andar en esos p\u00e1jaros que vuelan\u201d. El Dr. Federico Escalada la hizo trasladar a Buenos Aires en avi\u00f3n.<\/p>\n<p>Fue una mujer privilegiada que remont\u00f3, desde la prehistoria de su tolder\u00eda, hasta el modernismo, desde la cacer\u00eda del guanaco y \u00f1and\u00fa en la meseta hasta acercarse al cielo en un avi\u00f3n. Lo hizo en los 90 a\u00f1os que le toc\u00f3 vivir.<\/p>\n<p>&#8230;\u201cSurge del duro oscurantismo del atraso \/ la augusta presencia del pasado,\/ revivida expresi\u00f3n de lo olvidado\/ la mirada clara, y valiente el paso. \/ En su ni\u00f1ez vivi\u00f3 en las tolder\u00edas, \/ corri\u00f3 descalza las \u00e1ridas mesetas, para llegar al futuro en su meta \/ de trastocar la noche por el\u00a0 d\u00eda &#8230;\u201d<\/p>\n<p>Do\u00f1a Agustina fue hija de un tehuelche, pero se cas\u00f3 con el cacique Mankein, araucano, perteneciente a una\u00a0 raza\u00a0 m\u00e1s fuerte y guerrera que en la batalla de La Pel\u00e9, pr\u00e1cticamente exterminaron a los hombres tehuelches, tomando prisioneras a las mujeres y a los ni\u00f1os. Y poco a poco la raza desapareci\u00f3.<\/p>\n<p>El fin de los tehuelches\u00a0 fue el fin de un grupo \u00e9tnico con un dialecto que desaparece con ellos.\u00a0 Como tambi\u00e9n desaparecieron los Awurwur\u201d raza perdida:<\/p>\n<p>&#8230;\u201cComo l\u00e1nguido recuerdo casi fenecido,\/ va surgiendo a trav\u00e9s de la neblina, \/ como sombra sin \u00e9poca ni espacio, \/ la leyenda de raza legendaria \/ que se sumi\u00f3 para siempre en el olvido. \/ Fueron su hogar y su cobijo \/ la fr\u00eda roca y un cielo borrascoso,\/ sus ropas, un manto de marchita pluma \/ y su herencia la deformidad y la miseria. \/ Raqu\u00edticos, enclenques, huidizos, \/ una raza inferior entre las pobres razas. \/ corredores\u00a0 veloces como el viento, \/ no pudieron atravesar sin extinguirse\/ la barrera gran\u00edtica del tiempo. \/ \u00a1Pobres indios fueguinos sin futuro!\/ Tan s\u00f3lo un mito m\u00e1s entre otros mitos, \/ la naturaleza les rob\u00f3 la vida \/ y les quit\u00f3 su humana trascendencia&#8230;.\u201d<\/p>\n<p>En el norte del pa\u00eds, en cambio, las razas han sobrevivido. A\u00fan existe una gran poblaci\u00f3n quechua en Humahuaca y Purmamarca.<\/p>\n<p>Y\u00a0 Carmen Escalada dice en sus versos:<\/p>\n<p>&#8230; \u201c y se apagan los silencios \/ con el rasgar de guitarras.\/Iglesias, tejas y aljibes\/ son el recuerdo de Espa\u00f1a,\/ antigales y apachetas,\/la quena, el erke y la caja,\/ el sonar de las bagualeas\/ son presencia americana &#8230;\u201d<\/p>\n<p>El homenaje de sus palabras sigue siendo para la gente, hombres y mujeres que, debiendo afrontar la vida\u00a0 en una naturaleza exigente, bajan la cabeza y ofrecen sus brazos para escapar del hambre y de la muerte.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n es gente que no deja de bailar a la vida:<\/p>\n<p>&#8230; \u201cZambita la que me encuentro\/\u00a0\u00a0 hundida en tu coraz\u00f3n,\/ me bailaron nuestros gauchos\/\u00a0\u00a0 y tambi\u00e9n me bailan hoy&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Ni de\u00a0 cantar:<\/p>\n<p>&#8230;\u00a0 \u201c\u00a1Ay!, mi cajita chayera \/\u00a0 que acompa\u00f1as mi dolor \/\u00a0 las tristezas de los pobres \/\u00a0 y las penas del amor &#8230;\u201d<\/p>\n<p>Ni de se\u00f1alar, con su lenguaje pintoresco, nuestra peque\u00f1ez de gran ciudad:<\/p>\n<p>&#8230;\u201cYo he venido a G\u00fcenos Aires\/ para ver la gran ciud\u00e1.\/ Hay Pagrecito qui pena, \/ toda esa gente me d\u00e1 \u201d &#8230; \u201cSi Usted\u00a0 viera c\u00f3mo viven\/corriendo de aqu\u00ed pa ll\u00e1,\/no miran nunca pal cielo\/ ni tampoco ver pa tras\u201d &#8230;. \u201cNi van a dar una mano\/ Al qui necesita m\u00e1s\u201d\u00a0 &#8230; \u201cYo ma\u00f1ana di ma\u00f1ana\/\u00a0\u00a0 me g\u00fcelvo a mi libert\u00e1,\/ a besar la Pachamama \/ darle al mota y a charquear,\/ tocar mi caja chayera \/\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 y sintarme en el zaya\/ cutipando di la coca \/ pa poderme rianimar. \/ Sentir la quena y el erke,\/ fistejar el carnaval, \/ y hacerme un rancho de pircas\/ pa vivir con una imilla,\/ Nuestros changos y&#8230; nada m\u00e1s &#8230;\u201d<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n\u00a0 para hombre del cerro hay un recuerdo:<\/p>\n<p>&#8230;\u201cCuando voy por esos cerros \/camino del pucar\u00e1, \/siento en mi pecho apretado \/qu\u2019il aire me va a faltar. \/Las piedras qui voy pisando \/honda huella dejar\u00e1n \/in este cuerpo te\u00f1ido \/con el inti del lugar &#8230;\u201d<\/p>\n<p>Y hasta para Casilda, la monta\u00f1esa:<\/p>\n<p>&#8230; \u201c Es como un milagro la Casilda, \/ con el rostro amasado en polvaredas, anochecidas de luna las pupilas, \/ y penetradas de tiempo sus mejillas.\/\u00a0 All\u00e1 va con sus cabras monta\u00f1esas \/\u00a0 hilando soles y tejiendo sue\u00f1os, \/\u00a0 apoyando sus callosas plantas, \/\u00a0 sobre la ardiente y calcinada tierra.\u201d&#8230;<\/p>\n<p>Para finalizar he reservado los versos que Carmen escribi\u00f3 en su adolescencia, sentido homenaje dedicado a la muerte de Beltenshun.<\/p>\n<p>&#8230;\u00a0 \u201cMientras el sol se oculta \/ tras las p\u00e1lidas monta\u00f1as, \/se va muriendo la tarde\/ y agonizando una raza.\/ El cerro torn\u00f3se azul,\/la meseta adormecida,\/ y entre fulgores extra\u00f1os\/ se apagaron tus pupilas.\/ As\u00ed el \u00faltimo baluarte\/ de aquella raza aborigen \/entre sombras ancestrales\/ gime su angustia de siglos.\/ El teushen desaparece \/y nadie volver\u00e1 a hablarle.\/<\/p>\n<p>La viejecita pronuncia \/sus tres palabras postreras, \/G\u00e9nena-K\u00e9ne, Chehuache-K\u00e9nk, A\u00f3ni-Kenk, \/y se le escurre la vida \/entre el tormento y la pena.\/ Un ritmo de camaruco\/ golpea en el horizonte, \/un grito de sangre india \/ se levanta desde el monte &#8230;\u201d<\/p>\n<p>Es mi deseo que esto no ocurra con nosotros.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p>\u201c<em>Espa\u00f1oles y Criollos, Largas Historias de Amores y Desamores<\/em>\u201d &#8211; De las viejas tapias y ladrillos \u2013 Cuaderno 4 \u2013\u00a0 de Carlos Moreno &#8211; Icomos Comit\u00e9 Argentino \u2013 Centro para la conservaci\u00f3n del patrimonio urbano y rural. S.I.P.- F.A.D.U.- U.B.A \u2013 Instituto Argentino de Investigaci\u00f3n de Historia de la Arquitectura y del Urbanismo \u2013 Junta de Estudios Hist\u00f3ricos de Ca\u00f1uelas &#8211; Buenos Aires &#8211; 1995- e-mail: carlosmoreno@infovia.com.ar<\/p>\n<p>\u201c<em>Patrimonio de la Producci\u00f3n Rural<\/em>\u201d En el antiguo partido de Ca\u00f1uelas &#8211; de Carlos Moreno \u2013 Patrimonio Rural\u00a0 Icomos Comit\u00e9 Argentino \u2013 Centro para la conservaci\u00f3n del patrimonio urbano y rural. S.I.P.- F.A.D.U.- U.B.A \u2013 Instituto Argentino de Investigaci\u00f3n de Historia de la Arquitectura y del Urbanismo \u2013 Junta de Estudios Hist\u00f3ricos de Ca\u00f1uelas &#8211; Buenos Aires &#8211;<\/p>\n<p>\u2013 Reedici\u00f3n 1995.- e-mail: carlosmoreno@infovia.com.ar<\/p>\n<p>\u201cLa Estaci\u00f3n\u201d (Estampas de mi pueblo) de Rosa Mar\u00eda Sobr\u00f3n de Trucco \u2013 Editorial de Entre R\u00edos, Prov. de Entre R\u00edos\u00a0 \u2013 1999-<\/p>\n<p>\u201cDe la tierra\u201d (Cuentos de Ca\u00f1uelas) de Mar\u00eda Lydia Torti\u00a0 &#8211; Libros del Zahir \u2013 Colecci\u00f3n \u201cLa vida breve\u201d &#8211;\u00a0 Buenos Aires &#8211;\u00a0 1999.- e-mail: juacoff@hotmail.com<\/p>\n<p>\u201cEl cabo Savino\u201d \u2013 Cuaderno 01 \u2013 de Jorge\u00a0 Claudio Morhain<\/p>\n<p>\u201cMalos tiempos para Dr\u00e1cula\u201d de Jorge\u00a0 Claudio Morhain<\/p>\n<p>Revista Billiken \u2013 Jorge Claudio Morhain e-mail:\u00a0 jcmorh@infovia.com.ar\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 http:\/\/www.elaleph.com\/autor\/claudio_morhain.<\/p>\n<p>\u201cDe la tierra al Coraz\u00f3n\u201d de Carmen Escalada &#8211;\u00a0 Ediciones OCRUXAVES \u2013 Buenos Aires-\u00a0\u00a0 &#8211; 1988 &#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 e-mail:\u00a0 cosigal@hotmail.com.ar<\/p>\n<p>Mar\u00eda Cristina Ber\u00e7aitz<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Agosto. Segunda mitad del a\u00f1o 2001 que se escapa. Hoy, poco es lo queda de la identidad de los pueblos<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[30,29],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/565"}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=565"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/565\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":566,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/565\/revisions\/566"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=565"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=565"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=565"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}