{"id":949,"date":"2015-11-30T20:54:35","date_gmt":"2015-11-30T20:54:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/?p=949"},"modified":"2015-11-30T20:54:35","modified_gmt":"2015-11-30T20:54:35","slug":"sebastian-el-gato","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/?p=949","title":{"rendered":"Sebasti\u00e1n, el gato"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sebasti\u00e1n era un gatito gordo y juguet\u00f3n. Su pelo era suave y con rayas de distintos tonos grises. Su morro era chiquito y muy negro y ten\u00eda enormes ojos amarillo verdosos.<\/p>\n<p>Viv\u00eda con do\u00f1a Luc\u00eda en la misma casa desde que ten\u00eda memoria, y donde \u00e9l iba creciendo un poquito m\u00e1s cada d\u00eda. Eran muy unidos y a su manera amigos que se contaban todos sus problemas y alegr\u00edas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A veces, mientras do\u00f1a Luc\u00eda tej\u00eda enormes mantas hechas de recortes, \u00e9l se escabull\u00eda dentro de la gran canasta de mimbre llena de ovillos de lana de distintos colores y texturas y jugaba enred\u00e1ndose en las finas hebras, hasta quedar transformado en un ovillo multicolor.<\/p>\n<p>\u00a1C\u00f3mo se enojaba entonces do\u00f1a Luc\u00eda! Lo retaba d\u00e1ndole palmaditas en su lomo gris y, mientras lo desenredaba despacito, le anunciaba que esa tarde no tendr\u00eda su raci\u00f3n de crema y galletas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pero do\u00f1a Luc\u00eda ten\u00eda poca memoria y mucha paciencia y, llegada la hora, su merienda estaba lista en el plato azul, ese que llevaba su nombre escrito en grandes letras.<\/p>\n<p>Sebasti\u00e1n, luego de ensuciarse con crema los bigotes cerraba los ojos y se frotaba mimoso, en se\u00f1al de gratitud, contra las piernas de su due\u00f1a.<\/p>\n<p>De tarde en tarde, durante las siestas de verano, a la hora exacta en que do\u00f1a Luc\u00eda cabeceaba en la mecedora, el sol penetraba curioso por la ventana abierta y besaba los caireles de la ara\u00f1a que colgaba desde el cielo, en el centro de la estancia, descomponiendo su rayo en mil luces de colores que estallaban, alegres, contra la pared.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Encandilado, Sebasti\u00e1n trepaba sobre muebles y cuadros tratando de alcanzarlas, y ca\u00eda estrepitosamente con el fracaso dibujado en el h\u00famedo morro negro.<\/p>\n<p>Como era persistente, repet\u00eda su intento una y otra vez, hasta que el sol cansado de re\u00edrse del pobre gato, se retiraba muy divertido para realizar igual tarea en otro lado.<\/p>\n<p>Suced\u00eda a veces que el viento, amigo de uno y otro, ayudaba en el juego transformando la ara\u00f1a en una sonora calesita que giraba y giraba sin cesar, en un despliegue alegre de campanas y de luces. El gato corr\u00eda entonces tratando de alcanzar el arco iris pintado en la pared blanca, o en los muebles de madera. A veces se ocultaba en la piel atigrada de Sebasti\u00e1n, desapareciendo as\u00ed, m\u00e1gica e inexorablemente, delante de sus propios ojos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De tanto en tanto alg\u00fan adorno de esos que tanto le gustaban a do\u00f1a Luc\u00eda, ca\u00eda v\u00edctima de sus correr\u00edas. \u00a1Mejor no hablar del enojo de su due\u00f1a ante el desastre! El gato desaparec\u00eda por varios d\u00edas hasta que el recuerdo de aquello se perd\u00eda en el olvido y regresaba, contrito y avergonzado, con la peluda cola entre las patas, pidiendo disculpas con la mirada.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Luc\u00eda, que era muy buena y lo quer\u00eda mucho, lo retaba \u00a1Qu\u00e9 menos! Finalmente lo sub\u00eda a su falda y lo rega\u00f1aba con dulzura mientras le acariciaba la cabeza. En respuesta el ronroneo de Sebasti\u00e1n llenaba toda la sala.<\/p>\n<p>Estos eran los juegos inocentes de las tardes de est\u00edo y el gato, el sol y el viento, llegaron a ser de tan amigos, compinches.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As\u00ed, entre siesta y siesta, entre una y otra estaci\u00f3n del a\u00f1o, fue pasando el tiempo y Sebasti\u00e1n se transform\u00f3 en un joven gato bastante formal y educado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hasta que una vez&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8230;se encontraba hecho un ovillo ronroneando sobre un mullido almohad\u00f3n, medio dormido, medio despierto. De pronto abri\u00f3 su boca en un bostezo enorme y mir\u00f3 hacia la ventana.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 del vidrio sonre\u00eda un espl\u00e9ndido d\u00eda de primavera. Uno de esos d\u00edas en los que el sol es tibio y la tarde perfumada. Estir\u00f3 entonces primero su patita derecha, luego su patita izquierda, arque\u00f3 el lomo hacia arriba hasta casi tocar el cielo, luego hacia abajo hasta casi rozar el piso con su panza blanca y, luego de estirarse a gusto, sali\u00f3 a retozar por el parque que rodeaba la hermosa y antigua casa en la que viv\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En un recodo del jard\u00edn a la sombra de un para\u00edso, una joven gata de suave y largo pelo blanco, se encontraba muy seria y concentrada frente a una paloma a la que quer\u00eda dar caza.<\/p>\n<p>La gatita no ser\u00eda de las cercan\u00edas pues \u00e9l nunca la hab\u00eda visto y no recordaba una vecina tan bonita.<\/p>\n<p>\u00a1Sebasti\u00e1n jam\u00e1s habr\u00eda podido olvidar tanta hermosura!<\/p>\n<p>Se acerc\u00f3 sigiloso sin hacer ruido, hundiendo con cuidado sus patas acolchadas en la hierba transparente y la observ\u00f3 en silencio.<\/p>\n<p>La proximidad aumentaba su belleza.<\/p>\n<p>Ella, con las orejas tiradas hacia atr\u00e1s en actitud expectante, apoyada en sus patas traseras dispuestas al salto, con una pata delantera recogida para estirarse en el momento preciso, aguardaba.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A duras penas Sebasti\u00e1n pod\u00eda contener el aliento asombrado de la pericia que demostraba la actitud de la gata y su ignorancia total (la de Sebasti\u00e1n), frente a tales ejercicios.<\/p>\n<p>Fifi (as\u00ed se llamaba la gata), de un certero zarpazo se hizo de su presa y con mucha habilidad la coloc\u00f3 patas arriba, la abri\u00f3 y se dispuso a comerla pues se encontraba hambrienta.<\/p>\n<p>Sebasti\u00e1n que no sab\u00eda reconocer el hambre porque esta siempre le hab\u00eda sido satisfecha a\u00fan antes de hacerse sentir, no pudo menos que pegar un respingo, nunca se hab\u00eda encontrado con una hembra que actuara as\u00ed.<\/p>\n<p>Record\u00f3 a las leonas que en la sabana africana son quienes buscan la comida para toda la familia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esta dulce y hermosa gatita era pues, digna \u00e9mula de aquellos felinos.<\/p>\n<p>Ahora estaba enfrascada en la comida, frente a ella ten\u00eda abierta a la paloma torcaza y hund\u00eda su boca en el cuerpo a\u00fan tibio, saboreando y relami\u00e9ndose.<\/p>\n<p>Sebasti\u00e1n observaba embelesado como la boca de Fifi se llenaba de plumas color caf\u00e9. Ella se relam\u00eda, con las orejas blancas paraditas movi\u00e9ndose a uno y otro lado, y sus ojos clavados en la merienda.<\/p>\n<p>Quiso acercarse, entablar conversaci\u00f3n, conocerla. Pens\u00f3 incluso, en la posibilidad de pasear juntos y cantarle a la luna cualquier noche que no fuera demasiado fr\u00eda.<\/p>\n<p>Con esa idea dio un largo rodeo para presentarse de frente y no asustarla apareciendo de improviso desde donde se encontraba.<\/p>\n<p>Fue un esfuerzo innecesario pues ella no lo vio. Pero, para los enamorados (y Sebasti\u00e1n ya se hab\u00eda enamorado), todos los esfuerzos son peque\u00f1os gestos de amor infinito.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De todos modos Fifi, s\u00f3lo not\u00f3 su presencia cuando \u00e9l estuvo muy cerca, casi frente a ella. Apoy\u00f3 entonces su panza en tierra, clav\u00f3 una pata delantera en la paloma y lo mir\u00f3 con desconfianza y fiereza.<\/p>\n<p>Sebasti\u00e1n, ignorando esa helada y terrible mirada, como caballero que era, la salud\u00f3 con un suave maullido y ensay\u00f3 una t\u00edmida sonrisa que se perdi\u00f3 bajo sus bigotes negros. Ella guard\u00f3 silencio, lo midi\u00f3 desde su lugar y, al cabo de pocos minutos, sigui\u00f3 con su comida.<\/p>\n<p>Insisti\u00f3 \u00e9l en el saludo; ella entonces emiti\u00f3 un ronco y corto maullido de advertencia y sigui\u00f3 comiendo.<\/p>\n<p>El desconcierto de Sebasti\u00e1n era grande pues \u00e9l pensaba que la voz de la bella gata deb\u00eda ser tan dulce y armoniosa como ella misma.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sin darse por vencido, como buen gato cabeza dura y caprichoso que era, trat\u00f3 nuevamente de llamar su atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de todo quer\u00eda ser su amigo, darle la bienvenida, \u00bfacaso no estaba esa linda gatita en el jard\u00edn de su casa? As\u00ed pues, sin dejarse apabullar, se puso a cantar una \u00f3pera que conoc\u00eda muy bien, una de tantas que, con su due\u00f1a, sol\u00edan escuchar en las noches de invierno frente a un crepitante fuego y una taza de t\u00e9. (El t\u00e9, por supuesto no era para Sebasti\u00e1n).<\/p>\n<p>Prorrumpi\u00f3 pues, en fuertes maullidos, pero no era Pavarotti cantando \u201cIl pagliaccio\u201d. La gata no dijo ni \u201cmiau\u201d. Acometi\u00f3 entonces, con una chacarera. Tampoco tuvo resultados positivos. Intent\u00f3 luego con un tango, y con sentimiento enton\u00f3 \u201cVolver\u201d.<\/p>\n<p>Ella lo miraba de costado, sin mucho inter\u00e9s, enfrascada en su merienda que, por su gesto y dedicaci\u00f3n se adivinaba deliciosa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sin embargo, la actitud de Sebasti\u00e1n y el movimiento de brazos y patas, llamaron su atenci\u00f3n. En un momento dado, levant\u00f3 la cabeza inclin\u00e1ndola hacia la derecha y se relami\u00f3 cerrando el ojo izquierdo, suspendiendo por un instante la comida. Suspir\u00f3 y mir\u00f3 a Sebasti\u00e1n mientras volv\u00eda a relamerse, esta vez con ambos ojos bien abiertos observ\u00e1ndolo con atenci\u00f3n mientras se desgranaba en el aire la canci\u00f3n ciudadana.<\/p>\n<p>Animado por este hecho, Sebasti\u00e1n comenz\u00f3 a bailar el tango que con tanto sentimiento entonaba, primero con t\u00edmidos pasos, luego, al ver el aparente inter\u00e9s despertado, el ritmo se hizo m\u00e1s intenso y termin\u00f3 haciendo ochos y quebradas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fifi, lo miraba embelesada y cada tanto aprobaba con ligeros movimientos de orejas y ojos. \u00a1Hasta parec\u00eda que sonre\u00eda!<\/p>\n<p>Cuando termin\u00f3 su canto y su baile ella aplaudi\u00f3 feliz.<\/p>\n<p>\u00c9l entonces, salud\u00f3 con ligeras inclinaciones y sonri\u00f3 satisfecho por el \u00e9xito obtenido, luego se acerc\u00f3, con la cola atigrada muy alta recortando el cielo, y en un gesto de total entrega se tir\u00f3 frente a ella, la espalda en tierra, la panza al viento y sus patas agitadas en el aire.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 bonita se la ve\u00eda desde ah\u00ed, desde esa amorosa posici\u00f3n!<\/p>\n<p>Ella, entonces, hundi\u00f3 su hocico, peque\u00f1o y rosado, en el interior del ave y despacio fue tironeando hasta sacar el coraz\u00f3n y entreg\u00e1rselo a Sebasti\u00e1n, como prueba de amor.<\/p>\n<p>Cuando sus hocicos se rozaron y abri\u00f3 la boca para recibir el regalo de boca de Fifi, not\u00f3 que sus ojos celestes, muy celestes, se trasparentaban confundi\u00e9ndose con el color del cielo.<\/p>\n<p>\u00c9se fue el comienzo de una hermosa historia de amor. Lo que Sebasti\u00e1n no sab\u00eda en ese momento era el por qu\u00e9 Fifi no hab\u00eda aplaudido su canto. Lo supo despu\u00e9s, cuando le confes\u00f3 su amor y Fifi lo mir\u00f3 sin comprender: Fifi era sorda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No le import\u00f3. Sab\u00eda que de alguna manera podr\u00edan llegar a comunicarse, de lo contrario, \u00bfc\u00f3mo era posible que \u00e9l hubiera sido tan feliz saboreando un tibio coraz\u00f3n mientras le parec\u00eda estar en el cielo recostado sobre una alfombra verde, con una hermosa gatita blanca observ\u00e1ndolo?<\/p>\n<p>Y aprendieron a hablar sin palabras, a veces, a trav\u00e9s del ronroneo, cuando caminaban muy juntos, pegaditos uno al otro o mediante maullidos que Sebasti\u00e1n emit\u00eda con su morro pegado a Fifi, de manera que ella pudiera sentir su vibraci\u00f3n pero, lo m\u00e1s efectivo fue siempre el gesto cari\u00f1oso, la mirada dulce y la sonrisa sincera.<\/p>\n<p>Ahora Sebasti\u00e1n es un gato serio, padre de familia, que intenta alejar a sus hijos de las tentaciones del sol y del viento, sus antiguos compa\u00f1eros de juego, no porque sean malos, sino porque lleg\u00f3 el tiempo de ser \u00e9l quien, a su vez, eduque.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La vida generosa le regal\u00f3 la alegr\u00eda de diez hijos, cuatro machos y seis hembritas. Con ellos sale por las noches a cazar lauchas y p\u00e1jaros; con ellas se entretiene escuchando historias, que tambi\u00e9n entre los gatos se cuentan.<\/p>\n<p>Todos lo llenan de peludos y tiernos abrazos, y de lamidos y h\u00famedos besos.<\/p>\n<p>Sebasti\u00e1n es un gato feliz, con una gran familia a la que fue formando poco a poco desde aquel inolvidable d\u00eda en el que conoci\u00f3 a su preciosa y dulce compa\u00f1era.<\/p>\n<p>Sabe que no se equivoc\u00f3 y repasa, contento, todos los momentos vividos gracias a esa blanca y sorda gatita.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Sebasti\u00e1n era un gatito gordo y juguet\u00f3n. Su pelo era suave y con rayas de distintos tonos grises. 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