{"id":2562,"date":"2022-03-16T23:48:05","date_gmt":"2022-03-16T23:48:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/?p=2562"},"modified":"2022-03-16T23:48:07","modified_gmt":"2022-03-16T23:48:07","slug":"visita-a-madagascar-y-al-padre-pedro-opeka","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/?p=2562","title":{"rendered":"Visita a Madagascar y al Padre Pedro Opeka"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Por Mar\u00eda Cristina Ber\u00e7aitz<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Desde el lejano d\u00eda en el que mi padre nos ley\u00f3&nbsp;<em>El Principito<\/em>&nbsp;a mis hermanas y a m\u00ed, quise ver el baobab, ese longevo \u00e1rbol africano conocido como el \u2018\u00e1rbol de la vida\u2019, y que cubrir\u00eda el planeta de tan delicado personaje, abraz\u00e1ndolo por completo.<\/p>\n\n\n\n<p>Existen en el mundo ocho especies, seis de ellas en Madagascar, otra en \u00c1frica Continental y otra en Australia.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta isla africana que visitar\u00eda, cuarta en tama\u00f1o en el planeta, cuyos paisajes, bosques, campos sembrados de arroz, playas, arrecifes, y la enorme cantidad de especies de animales, como l\u00e9mures, atraen turistas de todas partes del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta 1958 fue colonia francesa, ahora es independiente.<\/p>\n\n\n\n<p>Madagascar es un lugar de enorme vulnerabilidad social, pese a las riquezas que anidan en su suelo y en su mar.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed es bien conocido el sacerdote argentino, padre Pedro Opeka, \u201cel Alba\u00f1il de Dios\u201d, miembro de la Congregaci\u00f3n de San Vicente de Paul.<\/p>\n\n\n\n<p>Nacido en la Argentina en 1948, hijo de inmigrantes eslovenos, trabaja desde su juventud en la isla. All\u00e1 se dedic\u00f3 a salvar a los pobres de toda pobreza.<\/p>\n\n\n\n<p>Pens\u00e9 en la posibilidad de verlo, pero no lo cre\u00ed posible.<\/p>\n\n\n\n<p>Era el mes de abril de 2017 cuando el avi\u00f3n carrete\u00f3 por la pista del aeropuerto de Antananarivo, capital de la isla, y conocida por todos como Tan\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda llegado a destino, pero no imaginaba la maravillosa experiencia que la vida me ten\u00eda reservada.<\/p>\n\n\n\n<p>Para trasladarnos desde el avi\u00f3n hasta el aeropuerto subimos a un minibus.<\/p>\n\n\n\n<p>En \u00c1frica siempre soy \u2018marcadamente extranjera\u2019 y mi presencia produce curiosidad, por lo que no me sorprendi\u00f3 que una se\u00f1ora (compa\u00f1era eventual de este corto recorrido), vestida con la ropa t\u00edpica del lugar, me mirara y con una amable sonrisa en su cara morena me preguntara, en franc\u00e9s, idioma usado conjuntamente con el malgache, de d\u00f3nde era. Por dos veces le respond\u00ed: \u201cDe la Argentina\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella no conoc\u00eda ese lugar. Le sonre\u00ed y le dije: \u201cDel pa\u00eds del padre Pedro\u201d. Sonri\u00f3 complacida y movi\u00f3 afirmativamente la cabeza; no le quedaban dudas.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez terminados los tr\u00e1mites migratorios, un taxi me llev\u00f3 hasta el Hotel Brajas, situado en medio de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre considero m\u00e1s seguro elegir un hotel con restaurante. Este adem\u00e1s contaba con un bar sorprendente colmado de bebidas de todas partes del mundo. Este bar quedaba muy pr\u00f3ximo a la puerta de entrada.<\/p>\n\n\n\n<p>Las hermosas j\u00f3venes que me recibieron derrochaban simpat\u00eda. Me informaron que Tan\u00e1 no era un lugar seguro, por lo tanto y dado lo avanzada de la hora cercana al atardecer, me conven\u00eda quedarme en el hotel.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre ambas empleadas hab\u00eda una caja para propinas. Solamente en Madagascar las he visto.<\/p>\n\n\n\n<p>Dej\u00e9 mis maletas en la habitaci\u00f3n, no muy grande y con ba\u00f1o privado. Una como tantas de tantos hoteles. Baj\u00e9 nuevamente al hall.<\/p>\n\n\n\n<p>A medida que se ocultaba el sol, en el bar se encend\u00edan luces de colores, predominando los rosas y naranjas. Mir\u00e9 inquisitivamente a las recepcionistas y les pregunt\u00e9 el motivo: a ese bar acud\u00edan vecinos del lugar y muchos amigos del due\u00f1o, Brajas, hind\u00faes como \u00e9l. No era un lugar donde una se\u00f1ora pudiera sentarse a beber una copa. El hotel iba mostr\u00e1ndome su otra cara, la m\u00e1s redituable y dolorosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Quise salir a caminar, pero las empleadas me indicaron lo peligroso que era. Me dirig\u00ed entonces al comedor ubicado en el primer piso en un balc\u00f3n terraza, y desde ah\u00ed pude observar a la gente que circulaba por la calle.<\/p>\n\n\n\n<p>Su ropa mostraba claramente su condici\u00f3n. Luego me dar\u00eda cuenta de que en Madagascar hasta quienes tienen trabajo son pobres.<\/p>\n\n\n\n<p>Aconsejada por las chicas de la recepci\u00f3n contrat\u00e9, para el d\u00eda siguiente, un chofer que me llevar\u00eda a recorrer los alrededores. Me dejaron muy en claro que no pod\u00eda caminar sola por la ciudad a ninguna hora del d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>A media ma\u00f1ana se present\u00f3 Antoine, un joven y robusto malgache de piel color caramelo, como todos en la isla. Ten\u00eda un coche franc\u00e9s no muy moderno; me permiti\u00f3 sentarme a su lado. Comenzamos a atravesar la ciudad a paso de hombre, tanta era la gente. En un momento baj\u00f3 la ventanilla para que entrara algo de aire. Yo tomaba fotos hasta que not\u00e9 que el vidrio sub\u00eda, cerr\u00e1ndose para mi protecci\u00f3n. Un joven se acercaba entre todo el gent\u00edo, ten\u00eda la mirada fija en mi Tablet.<\/p>\n\n\n\n<p>Recorrimos poblados cercanos en los que hombres y mujeres ofrec\u00edan artesan\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo era hermoso, desde las telas coloridas para envolverse o transformar en vestidos, los manteles bordados o tejidos, y las tallas de madera, entre muchas otras cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo recorr\u00eda el lugar, miraba, preguntaba, tocaba las delicadas telas, pero no quise comprar nada, con gran disgusto de los vendedores.<\/p>\n\n\n\n<p>Tengo que hacer un par\u00e9ntesis para hablar de la belleza de las mujeres, los rasgos son perfectos y proporcionados y los cuerpos esbeltos y flexibles que realzan con&nbsp; vestidos de intensos y bellos colores. En ellas se mezcla sangre asi\u00e1tica y negra.<\/p>\n\n\n\n<p>Le coment\u00e9 a Antoine que en Madagascar estaba el padre Pedro, un argentino compatriota m\u00edo. Para mi sorpresa me respondi\u00f3 que sab\u00eda d\u00f3nde se encontraba y se ofreci\u00f3 a llevarme, ya que los baobabs que le hab\u00eda dicho que deseaba visitar estaban demasiado lejos y no tendr\u00eda tiempo de llegar a verlos. Acept\u00e9 entre feliz y sorprendida.<\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente viajar\u00eda a la hermosa isla de Nocy Be ubicada en el noroeste de Madagascar, conocida como \u2018isla de las reinas\u2019 porque en \u00e9pocas lejanas ah\u00ed se refugiaron; tambi\u00e9n llamada \u2018la isla de los perfumes\u2019 porque se exportan desde ella esencias a Francia.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;A mi regreso visitar\u00edamos al padre Pedro. Por el momento ir\u00edamos a pasear uno de los bosques tropicales donde quiz\u00e1 pudiera visualizar animales. Lamentablemente no llegu\u00e9 a ver ning\u00fan l\u00e9mur con anteojos, pero s\u00ed peque\u00f1as familias de monos.<\/p>\n\n\n\n<p>De regreso paramos a almorzar en un pueblito. Pas\u00e9 al ba\u00f1o y not\u00e9 que no hab\u00eda agua, ni en el ba\u00f1o, ni en el local, ni en ning\u00fan lugar del poblado. Se hab\u00eda roto un ca\u00f1o de abastecimiento y no sab\u00edan cu\u00e1ndo ser\u00eda repuesto. Una muestra m\u00e1s de la pobreza de la zona. Obviamente me negu\u00e9 a comer, pese a que el lugar estaba lleno de comensales.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente viaj\u00e9 a la isla de Nocy Be. El hotel Vanila es realmente precioso y cuenta con una piscina con vista al mar. La due\u00f1a es una mujer. En cada uno de los detalles se ve su buen gusto y la mano de un profesional. Incluso en la exquisita cocina con profusi\u00f3n de mariscos frescos.<\/p>\n\n\n\n<p>De todos modos, siempre puede haber accidentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante un almuerzo mi plato lleg\u00f3 con un agregado: un pedazo de vidrio. Llam\u00e9 al camarero y se lo mostr\u00e9. Su rostro moreno se puso blanco. No atin\u00f3 a decir palabra. Su miedo y turbaci\u00f3n me conmovieron. Ser\u00eda un secreto entre los dos. Aunque \u00e9l no era culpable se sent\u00eda responsable y la sombra de perder su trabajo le preocupaba, y no poco. Quedarse sin trabajo en Madagascar es no saber si se comer\u00e1 al d\u00eda siguiente.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el hotel reserv\u00e9 una excursi\u00f3n en lancha por las islas, que insumir\u00eda todo el d\u00eda. No estar\u00eda sola, un matrimonio, hospedado en un hotel cercano, ir\u00eda conmigo. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El d\u00eda nos acompa\u00f1\u00f3. Pudimos disfrutar del paseo y comer en la playa en compa\u00f1\u00eda de un monito que se acerc\u00f3 a curiosear y a comer las sobras de la mesa.<\/p>\n\n\n\n<p>Al regreso se nos uni\u00f3 un franc\u00e9s de alrededor de sesenta a\u00f1os que visitaba Madagascar para saciar su lascivia, y lo hac\u00eda con una jovencita que no llegar\u00eda a los quince a\u00f1os. El turismo sexual es muy com\u00fan en la zona.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue muy penoso ver c\u00f3mo le tocaba las piernas y le acariciaba los muslos, mientras &nbsp;&nbsp;re\u00eda y hablaba con su joven compa\u00f1era; fue penoso y desagradable.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;Regres\u00e9 a Tan\u00e1. Mi paseo por la bell\u00edsima isla de Nocy Be hab\u00eda terminado.<\/p>\n\n\n\n<p>Lleg\u00f3 pues el d\u00eda en que Antoine me llevar\u00eda a conocer al padre Pedro quien, muy joven, tuvo que decidir entre su pasi\u00f3n por el futbol y su amor al pr\u00f3jimo. Hijo de un matrimonio que huy\u00f3 de Eslovenia cuando cay\u00f3 en manos del comunismo y form\u00f3 a sus siete hijos en la fe cristiana y el trabajo, Pedro Opeka ingres\u00f3 a los dieciocho a\u00f1os en el seminario de la Congregaci\u00f3n de San Vicente de Paul, en la ciudad de San Miguel, Argentina.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiero recordar el altruismo con el que monjas y sacerdotes de esta congregaci\u00f3n se desempe\u00f1aron en Buenos Aires durante la terrible epidemia de fiebre amarilla de 1871. Muchos de ellos est\u00e1n enterrados en el Cementerio Sur, donde una placa los recuerda. Esto da la pauta de la formaci\u00f3n de los misioneros de esa Orden.<\/p>\n\n\n\n<p>Siendo a\u00fan seminarista, Pedro mision\u00f3 dos a\u00f1os en Madagascar, y ah\u00ed regres\u00f3 una vez ordenado sacerdote en la Bas\u00edlica de Luj\u00e1n. Desde 1976 se encuentra en la isla. A su llegada, adem\u00e1s de la discriminaci\u00f3n por el color de su piel, sufri\u00f3 paludismo y parasitosis, entre otras enfermedades end\u00e9micas de Madagascar.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero sali\u00f3 indemne.<\/p>\n\n\n\n<p>Como s\u00e9 de la obra que hace el padre Pedro, quise pasar por un banco para retirar una peque\u00f1a contribuci\u00f3n. Pude sacar solamente lo permitido para la extracci\u00f3n de un d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Recorrimos el camino que nos llevar\u00eda a Akamasoa, \u2018Buenos amigos\u2019, en lengua malgache, una de las ciudades fundada por el padre Pedro Opeka, que ya ha salvado a m\u00e1s de quinientas mil personas de la pobreza m\u00e1s absoluta.<\/p>\n\n\n\n<p>Atravesamos campos sembrados con arroz que compon\u00edan una sinfon\u00eda de amarillos y verdes, forestas por donde se adivinaban, y a veces tambi\u00e9n se ve\u00edan, animales de distintas especies. Nos cruzamos con mujeres vestidas con t\u00fanicas de colores vibrantes que hac\u00edan resaltar su figura y el color de su piel. Vimos las estructuras inglesas, puentes y v\u00edas f\u00e9rreas, en uso, pero sin mantenimiento, construidas en la \u00e9poca en la que Inglaterra y Francia rivalizaban por el dominio de la isla, como hoy lo hacen Rusia y China.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente llegamos. Cruzamos un gran portal de hierro que se cierra \u00fanicamente &nbsp;de noche. De un cami\u00f3n descargaban sillas de ruedas y otros enseres para distintas discapacidades.<\/p>\n\n\n\n<p>Dejamos el autom\u00f3vil. Se nos acerc\u00f3 una mujer que cruz\u00f3 algunas palabras con Antoine y nos acompa\u00f1\u00f3 hasta un escritorio donde deb\u00edamos aguardar la llegada del padre Pedro. A este lugar ingresamos a trav\u00e9s de un patio central rodeado de aulas llenas de ni\u00f1os vistiendo guardapolvos color rosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego de un largo rato la figura del padre Pedro se recort\u00f3 en el vano de la puerta. La emoci\u00f3n me super\u00f3 y comenc\u00e9 a llorar. \u201cPero\u2026 \u00bfqu\u00e9 hace, mujer?\u201d, pregunt\u00f3 en franc\u00e9s, \u201c\u00bfPor qu\u00e9 llora?\u201d. Su voz se notaba muy molesta. \u201cPorque estoy en presencia de un hombre santo\u201d. Dije en espa\u00f1ol. \u201cNo diga pavadas\u201d, y a\u00f1adi\u00f3, \u201ctodos los hombres son santos\u201d. A lo que respond\u00ed, \u201cNo es verdad, y usted lo sabe.\u201d. Hizo un gesto de fastidio y se sent\u00f3 invit\u00e1ndonos a hacer lo mismo. Me clav\u00f3 sus ojos celestes, \u201c\u00a1Pero usted es argentina!\u201d exclam\u00f3 interrogativo. \u201cEstaba trabajando, porque soy un alba\u00f1il. Aprend\u00ed el oficio a los ocho a\u00f1os de la mano de mi padre\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>-aclar\u00f3- \u201cy me dijeron que hab\u00eda una se\u00f1ora de Eslovenia que me estaba esperando y que no se ir\u00eda hasta que no llegara a verla. Pero seguro que usted no sabe ni d\u00f3nde queda Eslovenia\u201d. Rio. \u201cEs un pa\u00eds que se encuentra en el sur de la Europa central\u201d. Respond\u00ed tambi\u00e9n riendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Me puse de pie y hurgu\u00e9 en el bolsillo del pantal\u00f3n. \u201cMi mam\u00e1 me ense\u00f1\u00f3 que no se va a ning\u00fan lado con las manos vac\u00edas. Saqu\u00e9 del banco todo lo que pude. Tome\u201d. Mir\u00f3 mi mano y tom\u00f3 lo que le ofrec\u00eda. \u201c\u00bfQu\u00e9 quiere que haga con esto?\u201d. \u201cNo s\u00e9, tampoco s\u00e9 cu\u00e1nto es.\u201d \u201c\u00bfLe hago un recibo?\u201d \u201c\u00a1Ni se le ocurra!\u201d. Llam\u00f3 a una de sus ayudantes y le entreg\u00f3 el dinero para que lo guardara.<\/p>\n\n\n\n<p>Escribo y recuerdo todo, su voz, sus ojos claros, su barba blanca, su piel enrojecida por el sol.<\/p>\n\n\n\n<p>La conversaci\u00f3n se hizo amena y comenz\u00f3 a tutearme. Mir\u00f3 a Antoine y me pregunt\u00f3 si hablaba espa\u00f1ol, a lo que respond\u00ed que no, franc\u00e9s, como todos en la isla. Se puso de pie y en franc\u00e9s, le pregunt\u00f3 la edad, \u201cCuarenta a\u00f1os\u201d, fue la respuesta. \u201c\u00a1Entonces soy m\u00e1s malgache que usted, hace cincuenta a\u00f1os que vivo ac\u00e1, sobreviv\u00ed a cuanta enfermedad me atac\u00f3, tengo sangre malgache en las venas, sufro y vivo como malgache! \u00a1Soy malgache!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego se sent\u00f3 y comenz\u00f3 a hablarme de Akamasoa, de lo que sufri\u00f3 cuando vio a unos ni\u00f1os, sobre una pila de basura, pelearse con un cerdo por un trozo de comida. De aquella noche en la que se desvel\u00f3, se arrodill\u00f3 en la cama y, elevando los brazos al cielo pidi\u00f3 a Dios que le indicara el camino y le ayudara a ayudar a esa gente a salir del basural.<\/p>\n\n\n\n<p>No les prometi\u00f3 dinero, pero s\u00ed trabajo para salir de la pobreza. Me habl\u00f3 de cu\u00e1nto le cost\u00f3 que lo aceptaran por su piel blanca y su cabello rubio, y c\u00f3mo consigui\u00f3 eso a trav\u00e9s del futbol. Me pregunt\u00f3 qu\u00e9 me hab\u00eda parecido Antananarivo, y ante mi respuesta: \u201cUna gran villa miseria\u201d, sus ojos se nublaron. Me di cuenta de cu\u00e1nto amaba Madagascar. \u201cAdem\u00e1s, hay mucho comercio sexual\u201d, agregu\u00e9. Un dolor muy grande cruz\u00f3 su mirada. \u201cNo, eso es en Nocy Be, no en Tan\u00e1\u201d. No quise aumentar su tristeza; bien o\u00eda yo a la madrugada los pasos breves que bajaban la escalera ubicada junto a mi habitaci\u00f3n en el hotel, pasos no de mujeres sino de ni\u00f1as apenas entradas en la pubertad.<\/p>\n\n\n\n<p>Supo que yo era arquitecta y me invit\u00f3 a recorrer su ciudad, construida por un alba\u00f1il, como siempre se reconoce. \u201c\u00a1Arquitectura sin arquitectos, la mejor del mundo, se construye exactamente lo que se necesita!\u201d Dije con alegr\u00eda. Rio con ganas cuando supo que yo era mayor que \u00e9l. \u201c\u00a1Tenemos la misma edad!\u201d re\u00eda. Salimos al patio y los ni\u00f1os que dejaban las aulas para disfrutar del recreo, nos rodearon. Gritaban y trataban de tocarlo. Todos lo adoran. Muchas de las maestras que hoy ense\u00f1an en esa escuela eran ni\u00f1as que viv\u00edan de la basura.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00bfSabes qu\u00e9 gritan? Padre Pedro, una y otra vez, padre Pedro\u201d. Re\u00eda y tomaba las caritas de los ni\u00f1os con sus manos. \u201c\u00a1Qu\u00e9 van a saber, pobres inocentes, de discriminaci\u00f3n! Todos los ni\u00f1os son inocentes. Hay que evitar que vuelvan al basural\u201d Dijo. Me cont\u00f3 de la cantidad de mujeres que hab\u00edan podido salir de la miseria y ahora eran profesoras en colegios de Madagascar, en Akamasoa e incluso tambi\u00e9n en Francia.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedro Opeka es un hombre de Dios, un hombre que vive el Evangelio. Su entrega es constante y ense\u00f1a la doctrina que practica.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando los ni\u00f1os regresaron a sus aulas, llam\u00f3 a un grupo de mujeres y les pidi\u00f3 que me mostraran la obra entera. \u00c9l regresar\u00eda a su trabajo, pero antes me dijo que me pusiera en contacto con su hermana Luc\u00eda, a quien busqu\u00e9 y conoc\u00ed en Buenos Aires. Sin embargo, pese a vivir muy cerca una de la otra, nunca bebimos ese caf\u00e9 que nos prometimos.<\/p>\n\n\n\n<p>El padre Pedro me explic\u00f3 que la mayor\u00eda de los puestos importantes en Akamasoa est\u00e1n en manos de mujeres, ellas son madres y se ocupan de la administraci\u00f3n de la casa y de los hijos, no derrochan el dinero, son conservadoras y saben cu\u00e1nto se necesita, en cambio muchas veces los hombres lo gastan en alcohol, droga o juego.<\/p>\n\n\n\n<p>Las mujeres elegidas me llevaron a recorrer la obra. Comenzamos por la Administraci\u00f3n y lugar de venta de artesan\u00edas y recuerdos. Compr\u00e9 algunas cosas, entre ellas una piragua que, por suerte, pude traer a Valencia y est\u00e1 en exposici\u00f3n en una vitrina. En ese lugar tambi\u00e9n llevan un censo con todos los habitantes de Akamasoa: fecha, edad, estado de salud y todo lo que pueda ser de importancia.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n hay un hospital con internaci\u00f3n para aquellos que, por ser muy ancianos o enfermos, o porque los aqueja alg\u00fan problema de salud no pueden trabajar.<\/p>\n\n\n\n<p>Las viviendas est\u00e1n construidas por sus habitantes de acuerdo a sus necesidades, pero todas siguen un mismo patr\u00f3n. En esta ciudad nada se regala.<\/p>\n\n\n\n<p>Akamasoa tiene leyes propias.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez robaron el dinero recaudado, cuando este era muy escaso. Pedro Opeka les ense\u00f1\u00f3 que era robarse a s\u00ed mismos y que no deb\u00edan permitir que se repitiese. Nunca m\u00e1s sucedi\u00f3, ellos mismos vigilan que no suceda.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego de recorrer el sector edificado me condujeron a la cantera. All\u00ed pude ver a las mujeres que, al rayo del sol y a golpe de martillo, reducen a peque\u00f1os trozos las piedras que los hombres arrancan a la monta\u00f1a. Esos ser\u00e1n parte importante de la estructura de sus hogares. Un sombrero de paja las protege y casi todas tienen un ni\u00f1o atado a su espalda.<\/p>\n\n\n\n<p>Con tantos a\u00f1os de extracci\u00f3n, en el fondo de la cantera se ha formado una explanada.&nbsp;&nbsp; &nbsp;Decidieron darle forma y ah\u00ed celebran, en determinados d\u00edas, la Santa Misa.<\/p>\n\n\n\n<p>Para el oficio diario, de domingos y fiestas de guardar, tienen un enorme espacio techado y con gradas, con capacidad para tres mil personas. All\u00ed se da cita gente de todas partes del mundo que quiere ver al padre Pedro. Me invit\u00f3 a asistir, pero yo partir\u00eda antes.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo m\u00edo fue excepcional y me siento bendecida por ello.<\/p>\n\n\n\n<p>El sonido r\u00edtmico de los martillos sobre la piedra parec\u00eda m\u00fasica. Record\u00e9 que muchos vascos, como mi bisabuelo, al llegar a las Tierras del Plata estaban destinados a las canteras hasta saldar la deuda de su pasaje desde Europa. As\u00ed se lo manifest\u00e9 a las mujeres que me miraron extra\u00f1adas. No creo que comprendieran el significado de mis palabras. Mi bisabuelo trabaj\u00f3 como ellas, y hoy yo pod\u00eda viajar y visitar tierras lejanas.<\/p>\n\n\n\n<p>Por supuesto no faltaba la cancha de f\u00fatbol donde, hasta el d\u00eda de hoy, el padre Pedro juega alg\u00fan picadito, pues le encanta el futbol y fue a trav\u00e9s del f\u00fatbol que se conect\u00f3 con la gente cuando todav\u00eda no conoc\u00eda el idioma malgache.<\/p>\n\n\n\n<p>Acompa\u00f1ada por mis gu\u00edas, a las que se hab\u00edan unido algunos peque\u00f1os, fuimos al vivero, donde todos los viernes los ni\u00f1os plantan \u00e1rboles y todos los viernes los riegan.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada cosa que se hace tiene un prop\u00f3sito de ense\u00f1anza.<\/p>\n\n\n\n<p>Hablando de ense\u00f1anzas. El d\u00eda de mi partida not\u00e9 que me hab\u00edan quedado algunos ariary, la moneda del pa\u00eds. Ten\u00eda que dejarlos en la isla porque, \u00bfcu\u00e1ndo iba a regresar a Madagascar? Pens\u00e9 en d\u00e1rselo de propina al camarero que me sirvi\u00f3 el desayuno esa ma\u00f1ana, pero era demasiado. Record\u00e9 las palabras del padre Pedro: \u201cLas mujeres saben cu\u00e1nto se necesita el dinero\u201d. Regres\u00e9 a mi cuarto para alistarme y partir. Frente a mi habitaci\u00f3n la mucama se afanaba en la limpieza de otra, la puerta estaba abierta. \u201cPerd\u00f3n, \u00bfes usted la persona que ayer me ayud\u00f3 a entrar?\u201d, pregunt\u00e9 recordando un problema con la llave. Se acerc\u00f3 presurosa y preocupada, \u201cSoy yo, \u00bfsucede algo?\u201d. \u201cNo, nada. Tome, es para usted\u201d, y le entregu\u00e9 el dinero. Lo mir\u00f3, se llev\u00f3 las manos al pecho y elev\u00f3 los ojos al cielo. \u201cGracias, gracias\u201d, musit\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>El padre Pedro Opeka tiene la mirada m\u00e1s pura y franca del mundo, como la de esos ni\u00f1os a los que protege. Fue un encuentro inolvidable. As\u00ed se lo hice saber a Luc\u00eda cuando la conoc\u00ed. \u201cNo pude ver los baobads,\u201d le dije, \u201cesos \u00e1rboles que solamente pueden ser abrazados por varias personas simult\u00e1neamente, pero estuve con un hombre que \u00e9l solo abraza al mundo entero.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Pude volver a verlo cuando visit\u00f3 Buenos Aires. Primero en una charla que tuvo lugar en la Capital y a la que me invit\u00f3 mi hermana, pues no era abierta a todos. Lo acompa\u00f1aban dos mujeres malgaches que cantaron un ritmo t\u00edpico de Madagascar. Sus voces llenaron el sal\u00f3n. Ah\u00ed conoc\u00ed a Luc\u00eda, alta, delgada y rubia como su hermano.<\/p>\n\n\n\n<p>Luc\u00eda me coment\u00f3 que el domingo siguiente el padre Pedro celebrar\u00eda misa en la Bas\u00edlica de Luj\u00e1n y que ella lo asistir\u00eda. Le dije que no faltar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ese domingo amaneci\u00f3 lluvioso.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un bus me llev\u00f3 hasta Luj\u00e1n. La lluvia no me detuvo.<\/p>\n\n\n\n<p>Al terminar la celebraci\u00f3n la gente se agolp\u00f3 a su alrededor para recibir su bendici\u00f3n. Tambi\u00e9n yo. Cuando se acerc\u00f3 a m\u00ed, le dije: \u201cComo no pude quedarme a la misa en Akamasoa, vine a Luj\u00e1n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Me mir\u00f3 sonriente, tratando de buscar en su recuerdo mi imagen.<\/p>\n\n\n\n<p>No importa, para m\u00ed fue revivir Madagascar.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Mar\u00eda Cristina Ber\u00e7aitz Desde el lejano d\u00eda en el que mi padre nos ley\u00f3&nbsp;El Principito&nbsp;a mis hermanas y a<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[39,36],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2562"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2562"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2562\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2563,"href":"https:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2562\/revisions\/2563"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2562"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2562"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cristinabercaitz.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2562"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}