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Estrella Betances de Pujadas

Sobre un relato de Estrella Betances de Pujadas: «Jeremías»

Dictadura, silencio, desapariciones, lenguaje, costumbres, creencias, emotividad, vivencias.

Para ahondar en la obra de Estrella Betances de Pujadas, es necesario conocer un poco de su vida. Estrella es dominicana, por lo que conoció el dolor y el horror de la tiranía trujillista. Vio sufrir, tanto a su pueblo como a su familia. Estrella es mujer, por lo que no puede dejar de ver a través del otro, y es poeta, debido a esto su pluma se agiganta y su corazón estalla. Además tiene imaginación y oficio, cosas que le permiten hacer filigrana de una tela de araña, como en uno de sus cuentos cortos más logrado. Pero no termina todo acá, pues asimismo Estrella hace gala de un humor poco común que nos da el respiro necesario cuando, entre líneas, vislumbramos aflicción.

Es muy difícil, dada la vastedad de su obra, hacer un análisis exhaustivo en pocas líneas ya que ha incursionado en el ensayo, con su aguda e inteligente mirada, publicando, entre otros, dos libros esclarecedores sobre la historia de su amada isla y su situación política actual: “Origen y proyecciones del protectoralismo dominicano” –sobre las tendencias anexionistas que suelen querer unir el destino dominicano al de los Estados Unidos–, con palabras previas de Carlos Federico Pérez y: “Asuntos Dominicanos, Literatura, Arte y Cultura”, pintoresco ensayo donde describe la sociedad de su patria en la época en la que vivía en ella. Cuenta también con un ensayo publicado en la antología “Las minorías determinantes”, donde aborda aspectos de “La creación del Estado de Israel”. Tiene en su haber varios libros de poesía, uno es “De las entrañas de las criaturas y de la tierra”, que incluye también prosa, y otro “Desde la sima de lo mundano hasta la cima de lo espiritual”, ambos con la tapa ilustrada por una de sus nietas, Maddie Pujadas y cierta poesía mística, profunda y sentida, que invita a la meditación y que provocó y provoca la admiración de más de un poeta. Tiene además varios libros de cuentos: “Unos cuentos para padres con sus niños”, “Entre bromas y entre veras, síntesis y moralejas”, “Perico Grillo se va a Nueva York y otros relatos”. No faltaron, tampoco, dos libros de recetas de cocina. Estrella, inclinada por las artes, además de ser una profesora muy estimada por sus alumnos, ha recibido numerosos premios, distinciones y reconocimientos.

Del libro “Perico Grillo se va a Nueva York y otros relatos”, es que tomamos “Jeremías”.

Elegí este relato, evocativo y vivencial, de entre toda su obra porque reúne, a mi entender y en apretada síntesis, el espíritu de Estrella, su sensibilidad, su poesía, su magia, su imaginación; en él también está presente el amor por la familia, por los suyos, y el sentimiento de hermandad para con sus semejantes. En este cuento se destaca el toque de fino humor que la caracteriza. Por otro lado, el odio hacia el despotismo del tirano que tanto daño causó a sus compatriotas.

Me emocionó cuando lo leyó en California, y aún recuerdo el tono de su voz, su encantadora manera de decirlo, y hasta el quiebre por la emoción y el pedido de disculpas por haberse dejado ganar por los recuerdos. Para mí, ese momento ha quedado imborrable.

El relato de Jeremías comienza con el entierro de la abuela de Estrella, mujer de carácter: …en la casa, ella era tan “jefe” como Trujillo en el país. Y de corazón abierto: …había salvado una vida arriesgando la propia.

A partir de este entierro, en un día lluvioso y triste, se llena de congoja el espíritu de la pequeña Estrella -apenas una niña-,  hasta el punto que dice: …me ovillé dentro de mis pensamientos y detrás de una columna, inicié silente mi propio homenaje.

Este amoroso testimonio la lleva a recordar a su abuela, en los años de la masacre haitiana de 1937, cuando, oculta tras una columna, espía a sus mayores que se habían percatado …de la desaparición de Yeremí. …Los tíos se empotraron en los butacones para competir, consciente o inconscientemente, por quién languideciera más ante el agobio causado por su ausencia.

Pero asalta el temor, cuando una de las voces resquebrajó el ambiente como ruido de trueno desforzado -¿Y qué podemos hacer? Se los están llevando a todos, ¡hasta los niños!  Y luego se los avientan a los perros realengos, o a los tiburones. Si nos ponemos a averiguar mucho sobre él, a lo mejor sea a nosotros a quienes nos lleven los esbirros… ¿Y entonces…?

Yeremí había desaparecido y la familia entera, reunida, desata el dolor de su corazón, no sólo por la necesidad de ese sirviente, sino por la imposibilidad de defenderlo de tamaña injusticia.

Pero… ¿quién era Yeremí? Era un …espigado esqueleto forrado con puro pellejo, acartonado y bruno. La pequeña Estrella, al verlo, corre a apretarse contra las piernas de la abuela, en su afán de protegerla, pero basta una sonrisa del recién llegado en busca de trabajo, que al sonreír: …guiñó sus ojitos endrinados con unos destellos de simpatía que perforaron la resistencia de abuela.

De ahí en más, ese haitiano, se quedó en la casa como jardinero, y poco a poco, con el correr de los días, encontraron que: …se los había ganado a todos… hasta el punto de que, su desaparición los llenaba de profunda pena.

Jeremías, ya Yeremí, era parte de  la familia, y una parte muy importante. Estrellita …sentada sobre verja vecina a un enorme árbol de mango, a quien el haitiano consideraba su amigo, pues lo protegía de los candelazos con que el sol lo castigaba en las horas recias y le refrescaba con sus sabrosos frutos…, escuchaba, maravillada, las historias del hombre que la transportaban a un Haití, para ella desconocido, a los recuerdos de su familia, que nunca más vería, víctimas de la injusticia que se abatía sobre su país, y la transportaban a … una especie de nirvana…

Pasaron los meses y Jeremías: …progresó en todas formas: rellenó con masas su piel acharolada, se alfabetizó y su léxico casi llegó a merecer el atributo de habla criolla… Abuela se ocupó, como decía ella jocosamente, de que las tres cruces de su boca se convirtieran en un cementerio completo. Y cuando él pudo sonreír bonito, le propuso amores a la cocinera: -¿Tú me va queré? Yo te va da tu ranchito. Yo tené uno pesito ahorrao…

Pronto el amor, las largas charlas bajo el mango, el jardín que con el cariño de sus manos ...tomó apariencia de un cuidado trozo de parque francés…, todo fue desapareciendo, como había sucedido con el jardinero.

Hasta la abuela, otrora tranquila y robusta, se había ido transformado …pasa los días como enajenada. Actúa de forma muy extraña. No quiere que nadie vaya al traspatio, ni que se corten los arbustos… clamaban los hijos ante la desesperación del abuelo que no atinaba a hacer nada dado el carácter enérgico de la señora que no admitía intromisiones. Mientras, …los arbustos del jardín se desbordaron por las tapias y los pasillos, cual si manifestaran su enlutamiento por la ausencia del cuidador. Y al no poder derramar lágrimas, en protesta, proliferaban sus hojas. Y las yerbas se tupieron imitando las greñas de una cabeza sin peine. ¡Casi no se podía salir a jugar!. Protestaba la pequeña.

Sin embargo: …al cabo de varios meses, se disiparon las tristezas, y se ahogaron totalmente los comentarios que no pudieron echarse al aire sobre la matanza, temiendo correr la misma suerte de los caídos…

Esa era la vida en Santo Domingo: dominación, miedo, muerte…

La abuela perdía peso día a día y, ante la sorpresa de todos, sacaba su dolor a pasear de noche, lo llevaba entre los árboles cual si fuera: …una “babalao” o sacerdotisa de santería nocturna. Diariamente salía, sin admitir compañía, y caminaba en las sombras permaneciendo largos minutos entre las matas del jardín.

La pequeña se prometió a sí misma:  …la quijotada de seguirla en sus paseos nocturnos, por si acaso los espectros de la noche osaban atacarla.

Y así descubrió a su abuela que, caminando oculta en el manto de la noche: …se dirigía al fondo del patio mirando a su alrededor como si se escondiera de los mismos árboles. Una vez allí, se agachaba procediendo a enterrar un bultito que sacaba de sus bolsillos.

Pero en la familia había una consigna: ¡se oye, se ve, y se calla!, de modo que, pese a que …noche tras noche repetía la misma escena, nada salió de los labios de la niña. Nada pudo tampoco la pequeña espía averiguar, no encontró indicios y aceptó la voz interior que le indicaba nada hablar, nada preguntar.

Sucedió que, la falta de haitianos, mano de obra barata para la zafra de la caña, entorpecía la recolección del azúcar. Esto se sumó …a la reprimenda que un organismo internacional le impuso a Trujillo por la masacre…, por lo tanto los haitianos comenzaron, otra vez, a ingresar en Santo Domingo, no obstante la terrible experiencia.

Corrían esos días y la pequeña, que no había dejado de vigilar a su abuela en las correrías nocturnas, vio como una noche: …al finalizar el ritual del fardito, ella, con gran esfuerzo, corrió la tapa del aljibe seco del traspatio. El día anterior a la marcha de Yeremí, ambos la habían cubierto con tierra y engramado, para disimularla y que no afeara el paisaje. Luego abuela regresó a la casa.

A la tarde siguiente de ésta que sería la última salida nocturna de la abuela,  apareció Yeremí. ¿-Había logrado escapar de Haití?. -¡No!-, fue cuanto respondió abuela, pero en mis oídos silbaron mudas las palabras de: -¡se oye, se ve, y se calla!

Este significativo relato de Estrella Betances de Pujadas, nos permite asomarnos a los acontecimientos de la época de la dictadura que en nada se diferencian de las vividas en tantos países de latinoamérica.

Por los modismos propios del lenguaje de esta región podemos vislumbrar su exquisita narrativa, y el pintoresquismo en su trama. Como también un trozo de la historia de su país y del maravilloso espíritu de la escritora.

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