Cuentos y relatosTextos

Recuerdos de Giles

 

CUENTO DEL LIBRO «RECUERDOS TAN SOLO RECUERDOS»

 

Fue en los pagos de Giles, nacido alrededor de una ermita que albergaba la imagen de la  Virgen.

Era un verano tórrido. Cada tanto se descargaba el cielo con una lluvia persistente y copiosa que se escurría por las tejas españolas cayendo como cortina sobre el césped y salpicaba los ladrillos gastados de la galería.

Me gustaba observarla sentada en los almohadones floreados de los sillones de hierro, demasiado grandes para mi talla. Aún me acompaña el recuerdo del pasto y la tierra mojados que llenaban esos días.

Ese verano la lluvia hacía peligrar las cosechas, los caminos estaban intransitables y los pájaros asustados no salían de sus nidos.

Las barajas y el sapo eran, en las tardes, la única diversión.

Se imponían las tortas fritas y el mate, para nosotras prohibido.

Mamá soñaba con el mar y el casino, a los que nunca llegaba. Mis hermanas con caballos y campos de alfalfa. Yo con atardeceres luminosos y luciérnagas titilantes.

El sulky, con un conductor cubierto por una amplia capa impermeable, era el único que se atrevía a salir de la chacra para las compras indispensables.

Al atardecer se encendía el motor, pequeña usina eléctrica que iluminaba la noche para la lectura reconfortante.

Desde el dormitorio que miraba al campo se escuchaba a las vacas mugir lastimeramente.  Cada tanto el viento arreciaba tratando de arrancar los árboles de la tierra anegada.

Pero nada es eterno. Ni siquiera la lluvia.

Una mañana, el sol se asomó tímido y la naturaleza resurgió.

Era el momento esperado para recoger hongos en el campo. Se acercaba el disfrute.

Papá, con nosotras pisando sus talones recorrería los potreros en busca del manjar. El goce anticipado.

Luego, el aroma delicioso de la fritura y lo prohibido: un vaso de agua con una gota de vino tinto que acompañaría la comida. Y la sonrisa satisfecha de mamá frente al placer de su familia.

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