Flores para mamá (drama en un acto)

 

Comedor y estar de clase media acomodada. Una mesa ante la cual conversan una mujer madura (60 años) y un hombre joven (35 años).

A un lado de la escena el estar, con un juego de sofá y dos sillones. Atrás se ve, entre ambos ambientes, un jarrón con un gran ramo de flores. La luz es mortecina y se escucha música de Bach mientras los protagonistas conversan ante una taza de café. El joven se ve nervioso.

A medida que la música baja, hasta desaparecer, la luz aumenta iluminando a los personajes y comienza el diálogo.

 

Madre: (Hablando animadamente) Me parece maravilloso que hayas podido realizar ese trabajo en el shopping. Realmente no te podés quejar, en este momento en el que todo el mundo tiene problemas…

Hijo: Sí (Pausa) Mamá…

Madre: ¿Querés más café? (Toca la cafetera) Está frío, si querés lo caliento un poco.

Hijo: No, gracias, no quiero café, quería…

Madre: (Lo interrumpe) Las flores son hermosas. ¡Cómo me conocés! Sabés que los lisantos son mis flores favoritas. (Se levanta y arregla el ramo que no necesita arreglo) (Regresa a su lugar en la mesa)

Hijo: Mamá…

Madre: (Lo interrumpe) Me llamaron las señoritas Anchorena. Me dijeron que estaban muy contentas con tu desempeño.

Hijo: (Molesto y distraído) ¿Qué?

Madre: Sí, (Sonríe cómplice) les hiciste muy buen trabajo.

Hijo: (Fastidiado) ¡Ah, sí! Pero a mí no me gustó. Tienen muchos cachivaches, te aplastan.

Madre: (Con asombro) ¿Llamás cachivaches a todas las cosas hermosas que han traído de sus múltiples viajes a Europa?

Hijo: Son demasiadas. Quisieron meter todo en 180 metros cuadrados.

Madre: (Se ríe) Pero querido ¡no es fácil reducirse de 450 metros a 180!

Hijo: (Bajando la voz) Mamá, yo te quería hablar…

Madre: (Lo interrumpe) Además me dijeron que una sobrina de ellas, Inesita, te había ayudado.

Hijo: (Ríe) Sí, Inesita… Inesita.

Madre: (Con fingida curiosidad) Pero ¿acaso es arquitecta, o decoradora, para ayudarte?

Hijo: (Se pone serio) No, me servía de intérprete.

Madre: (Ríe) (Incrédula) ¿Intérprete? ¿Acaso ellas no hablan en nuestro idioma?

Hijo: (Molesto) Sí, puede ser, pero es muy difícil entender a esas señoritas y lo que ellas quieren. Inesita me traducía sus deseos.

Madre: ¡Ah! Pero… (Lo mira con picardía) pero no sólo las señoritas Anchorena quedaron contentos con vos, parece que también Inesita.

Hijo: (Distraído) ¡Ah, sí!

Madre: (Entusiasmada) Sí, ella quedó muy contenta, y no solo con tu desempeño como decorador… (Lo mira) es más, por lo que me dijeron, quedó muy entusiasmada… (Remarcando las palabras) … con vos.

Hijo: (Distraído) ¡Ah, sí! (En un arranque), pero yo te venía a hablar de otra cosa. Vení, pasemos al living.

 

Se levantan y se dirigen al estar. La madre se sienta en el sofá y el joven en un sillón, a su lado.

 

Madre: (Insiste) Las señoritas Anchorena me dijeron que van a hacer una fiesta para inaugurar el piso y que te iban a invitar. Por supuesto Inesita estará presente.

Hijo: (Cortante) No me interesa.

Madre: (Protesta) ¡Cómo decís que no te interesa! Mirá qué oportunidad te presenta la vida, no sólo tenés trabajo sino también la posibilidad de vincularte con una clase social privilegiada. No cualquiera accede a ese grupo selecto y tan cerrado. Sería muy bueno para vos.

Hijo: Ya te dije que no me interesa.

Madre: (Protesta) Pero no puede ser que les des la espalda, mi padre siempre decía que, para el que se desempeña en el libre ejercicio de la profesión, las relaciones públicas son importantísimas. Esa reunión puede ser determinante para tu carrera.

Hijo: (Molesto) (Entre dientes) Que repartan mi currículum.

Madre: (Insiste) Pero…

Hijo: (Interrumpe) (Con firmeza) Mamá, escuchame, yo vine a hablarte de otra cosa.

Madre: (Sorprendida) ¿Sí…?

Hijo: Sí. Vine a decirte que conocí a una persona.

Madre: ¿Entonces…Inesita…?

Hijo: No me interesa.

Madre: ¡Ah! Bue… (Con pesar) ¡Qué pena!

 

Pausa

 

Madre: Decime, y esta persona… ¿es de nivel?

Hijo: Sí. Es una buena persona.

Madre: (Defendiéndose) No, no, no. Eso es otra cosa. Yo te pregunté si es de nivel socio económico alto.

Hijo: (Esboza una sonrisa) Sí.

Madre: (Aliviada) Bueno. Y… ¿hace mucho que la conocés?

Hijo: Dos años.

Madre: (Sorprendida) ¿Dos años? ¿Y yo sin saber nada?

Hijo: Sí, dos años que la conozco pero hace dos meses que andamos juntos.

Madre: (Molesta) ¿Cómo que “andamos juntos”? Que se frecuentan, querrás decir.

Hijo: (Ríe) Sí, hace dos meses que nos (Recalcando la palabra) “frecuentamos”. (Con dulzura) Es una persona maravillosa, nos llevamos muy bien. No entendemos tanto que… por momentos… hasta vibramos juntos.

Madre: (Lo mira con afecto) (Murmura) Es muy hermoso lo que decís.

Hijo: (Midiendo las palabras) Sí, nos llevamos tan bien que… estamos pensando en irnos a vivir juntos.

Madre: (Sorprendida) (Ríe) ¿Así? ¿Ir a vivir juntos? ¿Cómo dos animalitos?

Hijo: (Con firmeza) No, como dos personas adultas que se aman.

Madre: ¿Y? Si tanto se quieren y tan bien se llevan ¿No se pueden casar como Dios manda?

Hijo: No.

Madre: (Estudiando el rostro del hijo) ¿Por qué? (Duda) ¿Es que acaso esta persona tiene compromiso?

Hijo: Sí.

Madre: (Como entendiendo) ¡Ah! ¿Está casada?

Hijo: Sí.

Madre: (Muy molesta) ¡Mi hijo destruyendo hogares!

Hijo:(Se defiende) Yo no destruí nada, tan solo recogí los pedazos rotos de un matrimonio desecho. Me quedé con lo mejor.

Madre: (Piensa un instante) (En un arranque) ¿Tiene hijos?

Hijo: Sí, dos.

Madre: ¿De qué edad?

Hijo: Siete y ocho. (Anticipándose a la pregunta) Un varón de siete años y una nena de ocho.

Madre: ¡Ah! (Lo mira interrogante) Y por supuesto los chicos van a ir a vivir con ustedes.

Hijo: (Despacio) No.

Madre: (Desagradablemente sorprendida) Pero… ¿qué clase de mujer es esa que abandona a sus hijos para ir a vivir con otro hombre?

Hijo: (La mira) (Lentamente) Mamá, yo no te dije en ningún momento que fuera una mujer.

Madre: (Se revuelve nerviosa en el sofá) (Ríe) Pero… ¿qué me estás diciendo? No embromes con eso. No son bromas de hacer.

 

Pausa. La madre mira al hijo, su mirada le dice que no es una broma. Se pone de pie. Se restriega las manos. Ve las flores y se acerca a ellas para arreglarlas. Inclina la cabeza y la oculta en el ramo para disimular su conmoción. Regresa y se sienta en el sofá, más alejada de su hijo.

 

Hijo: (La invita con el gesto) Vení, sentate acá, no te alejes.

Madre: (Turbada) (Se acerca) Pero, ¿qué es eso? ¿Qué me querés decir?

Hijo: (Suavemente) La verdad mamá. No es una mujer. (La mira) No me voy a ir a vivir con una mujer.

Madre: (Levanta la voz) (Alterada) ¡No, decime que es mentira! Decime que todo es una broma de mal gusto. ¡Que es una locura! ¡Que no es verdad!

Hijo: (Con suavidad) Mamá, no soy ni un chiste ni una enfermedad.

Madre: ¡No! (Comienza a llorar) ¡No! (Levanta la voz) ¿Qué hicimos tu padre y yo? ¿En qué nos equivocamos?

Hijo: (Conciliador) Mamá, papá y vos no hicieron nada. Esto ha sido mi elección de vida.

Madre: ¡No! (Llora) Y ahora… ¿cómo se lo digo a tu hermana?

Hijo: (Con suavidad) Mamá, ella siempre lo supo.

Madre: ¡Mentira! ¿Cómo iba a saberlo?

Hijo: Mamá… nos criamos juntos, fuimos niños y adolescentes.

Madre: ¡No! (Pausa) (Sin dejar de llorar) ¿Cómo se lo digo a mis hermanos?

Hijo: Tus hermanos ya lo saben

Madre: ¡No es cierto! (Llora) ¿Cómo se lo digo a mis amigos?

Hijo: Mamá, muchos de tus amigos lo saben.

Madre: ¡No es cierto! (Lo mira llorando) ¿Y cómo me lo digo a mí? ¿Cómo?

Hijo: (La mira) Mamá, vos siempre lo supiste.

Madre: ¡No, mentira! ¡Mentira!

Hijo: (Le toma la mano que la madre rechaza) Mamá…

Madre: ¡No! ¡No! ¿Dónde está mi hijo? ¿Qué hiciste con mi hijo? ¿Mi chiquito? Mi chiquito… (Dibuja un niño en el aire, le acaricia el cabello, acerca la cara del niño y la besa) (Llora) Mi chiquito… ¿Dónde está mi chiquito? ¿Dónde está mi hijo?

Hijo: (Se arrodilla a su lado, trata de abrazarla) Acá, acá estoy, mamá.

Madre: (Bajando la intensidad del llanto) Mi chiquito… (Lo mira)

Hijo: Mamá, estoy acá, soy tu hijo, tu chiquito.

Madre: (Lo mira) ¡No! (Se levanta con violencia) ¡No! ¡Vos no sos mi hijo! (Con violencia) ¡¿Qué le hiciste a mi hijo?!

Hijo: (La abraza) (La madre se deja abrazar. Reacciona, lo mira ausente y se separa despacio) No, vos no sos mi hijo.

Hijo: ¡Mamá!

Madre: No sos mi hijo. ¿Qué le hiciste a mi hijo?

Hijo: (Con un gesto de desesperación) Mamá, por favor…

Madre: (Llora) (Levantando la voz) ¡No sos mi hijo! (Grita) ¡Quiero a mi hijo! ¡Devolveme a mi hijo! (Grita mientras le da la espalda) ¡No sos mi hijo! ¡Vos no sos mi hijo! ¡Quiero a mi hijo! ¡Qué le hiciste a mi hijo! (Grita) ¡Andate! ¡Andate!

Hijo: (Con tristeza) Mamá, te quiero. El día que la realidad forme parte de tu vida, llamame.

 

 

El hijo se retira mientras que la madre cae, presa del llanto y sacudida por sollozos.

 

 

TELÓN

2 comentarios sobre “Flores para mamá (drama en un acto)

  • el 9 enero, 2016 a las 17:52
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    Excelente relato, no te conozco pero por esas cosas de la vida que no son casualidades y sí causalidades soy el padrino de Mercedes Bina, su papá Javier, es mi gran amigo, hoy hablando de cosas muy profundas que estamos viviendo y transitando en este universo, me comentó de vos, te googlee, y aquí estoy dandote las felicitaciones y agradeciendo a la vida poder leer tus cuentos.
    muchos cariños
    Eduardo Jaureguiber «Basko»

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    • el 9 enero, 2016 a las 20:54
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      Estimado Eduardo, agradezco mucho tus palabras. Recién termino de armar mi libro de teatro, guiones, radioteatros y el broche de oro: Un espectáculo de luz y sonido hecho con otras dos escritoras, Silvia Agostino, museóloga y Nidia Buttori, antropóloga.
      El encontrar un comentario como el tuyo me llena de alegría. No conozco a Mercedes ni a su papá, pero me gustaría saber a través de quién o de dónde ella me conoce. Yo también tengo apellido basco: Berçaitz, Ibarborde, Arvide, Hernandorena. Estos dos últimos son vascos. Abrazo. Cristina

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