Segismundo Patricio Santillán Hernandorena

 

del libro “3×6+3”

Comedia en tres actos y varios entreactos, ambientada en Buenos Aires en un verano de la década de 1930

 

ACTO I

 

1r entreacto

Estudio del abogado García Pérez. A un lado de la escena un escritorio muy alto lleno de papeles y carpetas; detrás, el Dr. García Pérez casi desaparece dentro de un sillón de cuero; más atrás el telón cerrado. Frente al escritorio, José María, sentado muy erguido entre el escritorio y el público, con un sombrero gris en la mano. Están iluminados los dos hombres y el escritorio.

 

Dr. García Pérez: ¡Pero mi estimado! ¡Cómo se le ocurre!

 

José María: (Retorciendo el sombrero entre las manos, nerviosamente) Doctor… son cosas que pasan.

 

Dr. García Pérez: (Molesto) Cosas que pasan, cosas que pasan… ¡Y que no deberían pasar…!

 

José María: Doctor. ¿Y ahora? ¿Qué podemos hacer?

 

Dr. García Pérez: También ¡A quién se le ocurre ir a una casa de citas cuatro días antes de la boda!

 

José María: Y, doctor… dése cuenta… es un hombre joven, a los 29 años no se pueden evitar esas cosas… la sangre golpea con fuerza. Y además con este calorcito de fin de año… y cerca de la boda…

 

Dr. García Pérez: Justamente, mi amigo: ¡cerca de la boda!

 

José María: Imagínese doctor, dejó a su novia… luego de haber cenado y bebido discretamente… y… la ilusión de la boda… en fin… que los sentidos se despiertan aún más.

 

Dr. García Pérez: (meneando la cabeza) ¡Estos jóvenes!

 

José María: Doctor ¡Usted también es joven!

 

Dr. García Pérez: Sí, mi estimado, pero no gasto plata en esos lugares poco recomendables, tengo puesto un pisito para estos casos y lo visita una señora amiga… usted sabe, con discreción, lejos de la familia.

 

José María: (con admiración) ¡Tiene una garçonnière!

 

Dr. García Pérez: (riendo) ¡No! mi amigo, no soy juez, tan sólo abogado… y soltero. El día que me case podré ahorrar estos pesitos. Una garçoniere, en zona paqueta, de Tribunales, sale muy caro, mi… lugar de esparcimiento está cerca de estación Belgrano.

 

José María: ¡Tan lejos!

 

Dr. García Pérez: Le repito, soy soltero, por lo tanto puedo manejar mis tiempos. Pero vayamos al asunto que lo ha traído acá: su hermano Segismundo. Repítame los hechos.

 

 

Se oscurece la escena y se abre el telón

 

1r Acto

 

Escena en casa de Elsa. Un sofá de estilo y dos silloncitos haciendo juego, luces y adornos en consonancia indicando un buen nivel económico. Segismundo y Elsa conversan. Segismundo le toma las manos y la mira enamorado sentado al borde del sofá, casi arrodillado. Sus rostros muy cerca. Delante de los novios una mesa con tres tazas de café y una cafetera

 

Segismundo: (Apasionado) Ardo en deseos de tenerte en mis brazos.

 

Elsa: (Ruborosa, sus manos en las de Segismundo y bajando la vista) Deseo compartido, Segismundo.

 

Segismundo: Falta poco… ¡pero se me hace eterna la espera!

 

Elsa: (Se acerca aún más a Segismundo) Sí…Ya falta poco… Pensar que estoy tan cerca… y tan lejos al mismo tiempo.

 

Segismundo: (Suspira) ¡Mi querida! (Escucha) Silencio que regresa tu madre.

Se separan bruscamente. Se sientan en forma correcta.

Suegra: (autoritaria) Y bien Segismundo, un último café y se retira, Elsa debe descansar.

 

Segismundo: Como usted diga, querida suegra

 

Suegra: (Se sienta frente a los novios, toma una taza de la mesa y sirve un café que le extiende a Segismundo) Aún no, recién el día 22 seré su suegra.

 

Segismundo: (Mirando a Elsa) Le aseguro que espero con ansiedad que llegue ese día

 

Suegra: (Con cierto enojo) Segismundo… ¡Mucho cuidado con lo que dice…!

 

Segismundo: (Revuelve el café) Amo a su hija y deseo unirme para siempre a ella.

 

Suegra: Pero usted la arranca de mi lado.

 

Segismundo: (Con vehemencia) Señora, será bienvenida a la estancia siempre que lo desee

 

Suegra: (Indiferente) No esperaba otra cosa. (Mirando el reloj en su muñeca) Bueno joven, ya son las 10. Como sobremesa ha sido excesivamente larga.

 

Segismundo: (A la suegra) Señora (Suavizando la voz mira a su novia con amor), Elsa, mañana pasaré a buscarlas para llevarlas a pasear por Palermo. ¿Les parece bien a las 5?

 

Suegra: Sí, luego iremos a tomar un refresco a la Munich de la costanera

 

Segismundo: (Deja el café sobre la mesa sin tocarlo) Sus deseos son órdenes para mí, señora.

 

Suegra: Y así deberá ser siempre. Buenas noches.

 

Segismundo: Buenas noches (Se levanta, toma su sombrero que le alcanza Elsa, saluda con un besamanos y desaparece por la izquierda)

 

 

Telón

 

2do. entreacto

 

Escena escasamente iluminada entre el público y el telón. La calle oscura, adoquinada, faroles a gas. Se escucha un automóvil que se acerca y se detiene. Se oye la portezuela abrirse y cerrarse de un golpe. Segismundo aparece por la derecha. La entrada de una casa se destaca por la iluminación interior que se deja ver a través de una puerta de hierro. Más allá la puerta cancel, al fondo una escalera. Segismundo ingresa por el portal iluminado, lo recibe una mujer y es guiado al piso superior por la escalera que se ve desde la platea.

 

Se oscurece la escena y se abre el telón

 

ACTO II

 

Piso superior. Una sala amueblada en estilo francés decadente en donde un grupo de jóvenes con escasas ropas beben y ríen. Un sofá -en forma de semicírculo-, capitoneé, tapizado en terciopelo rojo. En el centro de la sala una columna con un helecho. Se oye música. Segismundo ingresa, sombrero en mano, por la izquierda de la escena y es recibido por una rolliza madama. La derecha de la escena queda a oscuras.

 

Madama: (Con afectación) Por acá, doctor

 

Segismundo: No soy doctor

 

Madama: Todos acá son “doctor” (Señalando a las mujeres) ¿Con cuál de estas jovencitas desearía usted pasar un rato “amable”?

Segismundo: (Mirándolas) Me agrada la de cabello oscuro y un lunar en la mejilla izquierda.

 

Madama: Muy bien ¡Gogó! conduce al doctor a tu habitación. (Con voz meliflua) Enseguida le llevarán una botella de champagne, doctor.

 

Segismundo: Gracias, madame

 

Gogó: (Precediéndolo le muestra el camino) (Con acento francés) Por acá, doctor. Adelante. No es la primera vez que viene, ¿o sí?

 

Segismundo: Es la primera vez. Me lo recomendó un amigo, me dijo que las jóvenes eran… muy bien elegidas.

 

A medida que se desplazan hacia la derecha se oscurece la izquierda de la escena y se ilumina la derecha. Se ve una puerta sin la pared correspondiente del lado derecho de la misma, para poder, por detrás de ella, ver el interior de la habitación donde hay un biombo y una jofaina. Se nota los pies de una cama de dos plazas.

 

Gogó: (Coqueta) No solo somos hermosas, también somos muy… eficientes. Pase.

 

Entran a la habitación cerrando la puerta. Se oscurece el lado izquierdo de la escena desapareciendo la sala totalmente.

 

Segismundo: (Continuando el diálogo) Puedes probármelo de inmediato.

 

Gogó: (Riendo) Epa, epa, doctor, no tan aprisa, primero debe usted lavarse. Ahí está la jofaina y la jarra de agua tibia.

 

A la puerta llega una mucama con un balde con hielo, una botella de champagne y dos copas. Golpea brevemente.

 

Gogó: (Abre la puerta) Doctor, llegó el champagne.

 

Los personajes quedan ocultos por el decorado y la luz que baja sensiblemente. Se oye el sonido de la botella al descorcharse. Luego de un breve instante se escuchan sin ser vistos.

 

Gogó: ¡Oh! Doctor, pocas veces he visto algo tan… notable ¿Es siempre así?

 

Segismundo: Me caso en cuatro días y no, puedo esperar más

 

Gogó: Creo que le vamos a hacer un favor a su novia, de otra forma… podría destrozarla.

 

Segismundo: (Apasionado) En cambio a vos, Gogó… a vos nadie te puede destrozar

 

Gogó: ¿Cómo se llama?

 

Segismundo: ¿Yo?

Gogó: ¡No! No usted.

 

Segismundo: ¿Quién?

 

Gogó: Su novia

 

Segismundo: (Titubea y finalmente)… Elsa

 

Gogó: Si quiere puede llamarme Elsa

 

Segismundo: No… (Suspira) ella es tan pura… ¡Y vos sos tan…! No podría (Elevando la voz) llamarte Elsa, no… (Apasionado) Elsa no…¡¡¡Elsa!!!

 

Gogó: Sí, mi amor, soy tuya, tuya, tu Elsa, tu Elsita… ¡Y en la cama como cualquier mujer que quiere retener a su hombre!

 

 

Telón

 

 

 

3r. Entreacto

 

Segismundo sale por la misma puerta del 2do entreacto, se dirige a la derecha y se oye nuevamente abrirse y cerrarse la portezuela de un coche. Se enciende el motor y se aleja. Al mismo tiempo se oyen gritos y disparos, el motor de un auto que arranca. Aparece por la derecha un ‘policía de esquina’ tocando su silbato. Mira. Se detiene, saca una libreta y toma nota de un número.

 

4to. Entreacto (Ídem 1r entreacto)

 

José María: Ya ve, doctor, quiso la casualidad que el vigilante de esquina anotara la chapa del coche de Segismundo erróneamente, en lugar de tomar el número de los delincuentes que asaltaron la joyería próxima al burdel. Mientras ésta era asaltada, él se encontraba en brazos de Gogó. Ahora lo acusan de un delito que no ha cometido.

 

Dr. García Pérez: (Meneando la cabeza) Lamentable, realmente lamentable.

 

José María: Doctor (Desesperado) Estamos con muy poco tiempo.

 

Dr. García Pérez: ¿Qué les dijo a la novia y a la madre?

 

José María: (Retorciendo su sombrero entre las manos) Aún no lo saben. Les he dicho que Segismundo tuvo que partir de urgencia a la estancia.

 

Dr. García Pérez: Bien, bien. No se los diga, esas cosas no se les pueden decir a las mujeres. (Con soberbia) Las mujeres no entienden de ciertas necesidades de los hombres. Tampoco se lo diga al futuro suegro, lo descolocaría frente a él.

 

José María: Sí, sí, pero… ¿Qué podemos hacer?

 

Dr. García Pérez: Déjeme pensar… (Se frota la barbilla) poco es el tiempo que tenemos. En unos días se casa su hermano de manera que debemos hablar con la tal Gogó, si se llama Gogó… lo antes posible. Para colmo en pocos días se cerrarán estas casas de citas…

 

José María: (Retorciendo el sombrero entre sus manos) Doctor…

 

Dr. García Pérez: (Continúa frotándose la barbilla) …pero su hermano debe casarse el 22, de modo que tan sólo nos quedan tres días. No podemos llevar a Gogó a la comisaría para reconocer a Segismundo a menos que ella esté enterada de todo y lo haya reconocido como el hombre que estuvo con ella toda la noche…

 

José María: (Retorciendo el sombrero entre sus manos) Doctor…

 

Dr. García Pérez: … estamos bastante apretados, esas chicas son reacias a ir a la comisaría, ahí generalmente no se las trata bien, o, en fin… tratan de tratarlas demasiado bien…

 

José María: (Retorciendo el sombrero entre sus manos y revolviéndose en la silla) Doctor…

 

Dr. García Pérez: (Deja su barbilla y lo mira) Diga, mi amigo

 

José María: (Dubitativo) Segismundo y yo somos mellizos, no somos idénticos pero a veces, quienes no nos conocen bien, nos confunden.

 

Dr. García Pérez: (Sentándose bien derecho y con visible interés) ¿Sí?

 

José María: ¿Y si tratáramos…?

 

Dr. García Pérez: (Se incorpora a medias) ¿… que Gogó lo reconozca como Segismundo?

 

José María: (A su vez se incorpora a medias) ¿Podría ser?

 

Dr. García Pérez: (Casi tocando con su cara la cara de José María, por sobre el escritorio) ¿Podría?

 

 

Se oscurece la escena

 

 

 

3r acto

 

Ídem 2do acto en el primer piso del burdel. Por la izquierda de la escena ingresan José María y el Dr. García Pérez.

 

Madama: Buenas noches, adelante señores.

 

Dr. García Pérez y José María: (Ambos se descubren ante la madama) Buenas noches.

 

Madama:¿Qué desean los caballeros?

 

Dr. García Pérez: Querríamos hablar con Gogó

 

Madama: (Con voz afirmativa) ¡Uno solo de ustedes!

 

Dr. García Pérez: No, ambos

 

José María recorre con la vista el grupo de mujeres que a su vez lo miran, mientras gira distraído su sombrero entre las manos.

 

Madama: (Con gran disgusto) ¡Esas prácticas reñidas con la moral y las buenas costumbres no están permitidas en mi casa!

 

José María: (Adelantándose) Señora… usted no entiende

 

Madama: (Muy enojada) ¡Sí! Entiendo demasiado bien! (Golpea las manos) ¡Voy a hacerlos acompañar para que se retiren! (Golpea las manos nuevamente) ¡Joaquín! ¡Joaquín! ¡¿Dónde se metió este muchacho?!

 

José María observa con desesperación a las jóvenes, Gogó, reconociéndolo, se acerca.

 

Gogó: (Lo rodea coqueta) ¡Hola! ¿Acaso olvidó algo? ¿Quizá quiera otra despedida a su vida de soltero?

 

José María:(Sin dejar de mirar a la muchacha) Doctor, creo que Gogó nos encontró a nosotros.

 

Madama: (Reaccionando) ¿Doctor?

 

Dr. García Pérez: Sí, señora (Sacando una tarjeta de su bolsillo) Doctor García Pérez, abogado, para servirla. Necesitamos hablar con su pupila

 

Madama: (Pavoneándose) ¡Hubiera empezado por ahí!

 

Dr. García Pérez: (Con desprecio) Usted no nos lo permitió (Mirando a ambos lados) ¿Tendrá un recibidor para poder conversar con la señorita?

 

Madama: Cómo no, pero, como la señorita es mi pupila exijo estar presente durante la charla. Faltaba más

 

Dr. García Pérez: Con todo gusto soportaremos su presencia.

 

Se dirigen a un extremo de la escena. Pasan al escritorio de la madama amueblado en estilo francés. En una esquina, sobre una mesa vestida con brocado color rojo violáceo se apoya una lámpara “Galle” roja, con hongo

 

Dr. García Pérez: Gogó, ¿lo reconoce?

 

Gogó: (Con gracia) ¡Oh, sí! (Pavoneándose a su alrededor le acaricia la mejilla) Pero… lo reconocería más en otra actitud.

 

Dr. García Pérez: ¿Está segura?

 

Gogó: Pocas veces se ven cosas como las que vi con este señor

 

Dr. García Pérez: Entonces, ¿lo recuerda bien?

 

Gogó: (Como jugando y con voz muy suave) ¿No es el que se casa en pocos días y cuya novia se llama Elsa?

 

José María: (Alza los ojos y los brazos al cielo) ¡Dios mío! Espero que mi cuñada nunca lo sepa.

 

Dr. García Pérez: Sí, entonces lo recuerda, ¿recuerda su nombre?

 

Gogó: (Cubriendo a medias su rostro sonríe con picardía) Su nombre, no, su…anatomía… sí.

 

Dr. García Pérez: ¿Usted juraría que estuvo la noche de ayer con él?

 

Gogó: (Levanta la mano derecha) Lo juro (Recapacitando) pero… ¿A qué viene tanta pregunta?

 

Dr. García Pérez: A que Segismundo está preso.

 

Gogó: Segismundo! ¿Quién es Segismundo?

 

José María: El hombre que estuvo anoche con usted

 

Gogó: (A García, con grosería) ¿Y entonces éste quién es?

 

Dr. García Pérez: Su hermano mellizo

 

Gogó: (Con sorpresa) ¡No me diga! ¡Dios mío! ¡Pero si es igualito! ¿Verdad?

 

José María: Sí, suelen confundirnos, sobre todo si no nos conocen mucho.

 

Gogó: (Con picardía) ¿Quiere que trate de encontrar aún más parecidos? (Se le acerca peligrosa y coqueta) ¿Acaso usted también se está por casar?

 

José María: (Dubitativo) No… (Reaccionando) ¡No! Mi hermano está en la cárcel y debemos sacarlo de ahí antes del día de la boda.

 

Gogó: (Pega un respingo y se aleja) ¿Y yo que tengo que ver en todo esto?

 

José María: Necesitamos que lo reconozca

 

Gogó: No tengo problema

 

Dr. García Pérez: (Sonríe complacido) Buena chica.

 

Gogó: ¿Cuándo lo traen?

 

José María: No. Tiene que ir usted

 

Gogó: (Con sorpresa) ¿A la cárcel?

 

Dr. García Pérez: No, a la comisaría

 

Gogó: No, de ninguna manera

 

José María: (Suplicando) Por favor.

 

Gogó: ¡No, no! Si voy, van a decir que hice algo malo… y no me van a dejar salir.

 

Madama: … además de hacerla trabajar gratis para toda la compañía sin darme ninguna participación. No, no. (Negando con la cabeza) No lo voy a permitir.

 

Dr. García Pérez: (Tranquilo) Nosotros la protegeremos.

 

Gogó y la madama: No, de ninguna manera.

 

Dr. García Pérez: (Seguro de sí) Soy abogado, no se atreverán conmigo.

 

Madama: (Adelantándose a la pupila) Quizá… si… pudieran pagar por la molestia.

 

Dr. García Pérez: Eso podría ser considerado soborno.

 

José María: Pero… no creo que si mi hermano, una vez libre, desee hacerle algún regalo por haberse tomado la molestia…

 

Gogó: … y el riesgo…

 

Madama: …y el riesgo de ir hasta la comisaría, en fin, creo que nadie lo podría ver mal.

José María: Además no debe salir de nosotros pues de otra manera no habría boda.

 

Madama: (Pensando) Creo que si consideramos a su hermano ya libre y puesto que ustedes se parecen tanto, en fin … no creo que el doctor pudiera tener inconveniente… usted me entiende… por ahí… luego de estar en libertad se olvida de esta casa que conduzco honorablemente…

 

José María: (Abre la billetera y saca algún dinero que extiende a la madama) Señora, la felicidad de mi hermano no tiene precio. Creo que esto podría ser considerado un agradecimiento previo…

 

Madama: (Toma el dinero y lo cuenta) (Frunciendo la boca con desprecio) …en fin… para no tener precio es bastante mezquino (Guarda el dinero dentro del escote generoso)

 

José María: (Saca otros billetes) Señora (Suspira) entienda que se trata de la felicidad de mi hermano, no de la mía.

 

Madama: (Toma el dinero y lo guarda nuevamente en el escote, pero esta vez sin contarlo) De acuerdo, tiene razón, la felicidad no se mide con dinero… ajeno (a Gogó) Puedes ir… yo prefiero no hacerlo…

 

Gogó: (Titubeando) De acuerdo (Se acerca a la madama) (en voz baja) El riesgo es mío, no suyo…

 

Madama: (También en voz baja) Yo te protejo… tranquila… algo te daré…

 

José María: (Haciendo un gesto ilustrativo con los ojos y el típico gesto de plata frotando sus dedos) Gogó… venga con nosotros.

 

Gogó: (Afirma con la cabeza entendiendo y sonríe) De acuerdo. Voy a vestirme y los acompaño.

 

Telón

 

 

Al cabo de un instante se escucha la marcha nupcial risas gritos y vivas

 

 

ACTO III

 

5to entreacto

 

Una mesa rústica y dos sillas. Elsa sentada, espera. Por la derecha entra Gogó.

 

Gogó: ¿Señora? ¿Deseaba verme?

 

Elsa:

 

Gogó: (Sentándose) ¿Acaso la conozco a usted?

 

Elsa: No

 

Gogó: Entonces, ¿a qué debo su visita?

 

Elsa: Usted conoce a mi marido

 

Gogó: (Se pone de pie alterada) Señora, yo no conozco a su marido ni al marido de nadie. (Altiva) ¿Por quién me toma?

 

Elsa: Por una mujer que trabaja en un burdel

 

Gogó: ¿Cómo se atreve?

 

Elsa: (Con suavidad) Siéntese, Gogó, ese es su nombre ¿verdad?

 

Gogó: (Sentándose) Sí

 

Elsa: (Sacando de su cartera un estuche de regalo) Gogó, no he venido como enemiga, al contrario… (Estira el regalo hacia la otra) he venido a darle las gracias.

 

Gogó: (Intrigada) ¿Las gracias? ¿Y por qué?

 

Elsa: (Hablándole en secreto) Por ser tan buena maestra

 

Gogó: (Con humildad) No se qué quiere decir, señora

 

Elsa: Mire, no por nada me tomé la molestia de ubicarla fuera del burdel donde trabaja para traerle este presente que compré en París para usted.

 

Gogó: ¿Para mí? (Sorprendida abre el regalo y saca una pulsera) ¡Oh!¡Es hermosa! (Se la apoya en la muñeca) (Mirando a Elsa) ¿Y es para mí?

 

Elsa: Sí. Puede ser que ahora la luzca y dentro de unos años la ayude a retirarse. Vale una pequeña fortuna. (Sonríe cómplice) Pero yo soy la afortunada. (Suspira) Gracias a usted, a su diestra mano… a sus enseñanzas… he descubierto un mundo…. desconocido.

 

Gogó: (Ríe) No entiendo (Piensa un poco) Acaso usted… es…?

 

Elsa: Soy Elsa, la mujer de Segismundo, el hombre que usted sacó de la cárcel para mi boda…

 

Gogó: ¡Oh! Realmente, es usted afortunada (Recapacitando) perdón, no quise decir…

 

Elsa: No nos engañemos, Gogó, los hombres nunca terminarán de conocer a las mujeres.

Gogó: (Riendo) Es muy cierto

 

Elsa: Usted los conoce bien, ellos no saben… (Buscando las palabras) hay cosas que no se les pueden decir a los hombres (Riendo) … los hombres no entienden de ciertas necesidades de las mujeres.

 

Gogó: (Riendo) Cuanta razón tiene, Elsa

 

Elsa: (Poniéndose de pie) Gogó, nadie debe saber de esta visita, y mucho menos Segismundo, mi marido. El nuestro será un secreto entre mujeres.

 

Gogó: (Con seriedad se estrechan la mano) Descuide Elsa. Será un secreto que siempre llevaré conmigo (Con picardía) y espero que disfrute a su marido… es más… para cualquier cosa… en fin… dígale que ya sabe dónde encontrarme…

 

Elsa: ¡¡¡Gogó…!!!

 

Se oscurece de golpe la escena

 

 

FIN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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