¿Altri tempi?

Llegó y pulsó el timbre. Nadie respondió. Esperó. Una vecina asomó su cara asustada.

–No están… los mejicanos se fueron. Escaparon…Volvieron a su país.

–Pero… hace tres horas me invitó a venir. Las nenas jugarían con mi hija…

–Les avisaron que llegaba el ejército a buscarlos.

Se dirigió, entonces, a la casa de Peter, el hijo del suizo. Pero tampoco había nadie.

–Los zurdos los venían a buscar, ¿sabés?, como el padre es empresario extranjero… lo querían llevar a la cárcel del pueblo. Le explicó luego la maestra de los chicos.

Una tarde la detuvo el semáforo. Nunca más se supo de ella. Su padre era un Juez de la Nación.

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