Los hermanitos jujeños
Clarín. Buenos Aires, lunes 5 de diciembre de 1994 – Hallaron a dos hermanitos que se perdieron en la montaña: Salieron a buscar a sus padres que habían prometido regresar antes del anochecer. Lograron subsistir comiendo frutos silvestres y tomando agua de los charcos. Los encontraron desnutridos y con los pies sangrantes luego de deambular 22 días.
11 de noviembre:
–¿Y no viene la mami?
–No va a tardar.
–El sol ya se fue.
–Vení, que por ahí se perdió con el papi. Vamos a buscarlos.
–Pero hay niebla…
–No importa, vamos.
- de noviembre:
–Daniel, tengo hambre.
–Oí…, ruido de agua. A lo mejor hay plantas. Por ahí podemos comer algo.
–¿Cuándo encontramos a la mami?
–No sé. Yo la busco pero… no sé.
–Es noche, hay niebla. Tengo miedo.
–Vení, metete aquí entre mis brazos, como hacés con la mami. Yo te cuido.
Clarín. Buenos Aires, martes 6 de diciembre. Búsqueda desesperada: A lomo de burro, un comerciante recorrió los 80 kilómetros que separan El Molulo de Tilcara para avisar a las autoridades la desaparición de los chicos Se montó un operativo policial que incluyó a personal de infantería, caballería y Gendarmería. Un helicóptero rastreó a los chicos en la zona de los picos jujeños…
- de noviembre.
–Daniel, ya no quiero caminar más.
–Tenés que hacerlo. Yo solo no puedo llevarte.
–Me duelen los pies. Tengo mucho frío.
–Está bien: es el viento de la Puna que golpea.
–Cuesta avanzar, me tira al suelo.
–Vení, la mami está allá…
Clarín. Buenos Aires, miércoles 7 de diciembre. La historia de los hermanitos, perdidos en la Puna durante 22 días. Ramira (4 años) y Daniel (6 años) se recuperan en un hospital de San Salvador de Jujuy. Clarín compartió con ellos un viaje de 15 horas entre precipicios de hasta 800 metros de profundidad. Se perdieron a causa de la niebla reinante cuando salieron a buscar a la mami, demorada con su esposo por el ataque de un gato montés que les había dispersado las pocas vacas que poseen.
Un agobiante viaje al cielo. ”La Puna es como una mujer infiel, hermosa, pero traicionera, dijo un baquiano a Clarín en Tilcara. “El problema es que uno se enamora de ella pero nunca sabrá si ella se enamoró de uno” Cómo se vive en la Puna. El Molulo es un paraje ubicado en plena Puna, a más de 3000 metros sobre el nivel del mar. Para llegar a él desde Tilcara hay que caminar 80 kilómetros entre senderos de tierra y piedra, bordear precipicios y atravesar cerros y valles. El único edificio de ladrillos es la escuelita. Los demás son ranchitos de adobe y paja distribuidos por todo el cerro a 3 ó 4 kilómetros de distancia entre uno y otro. En uno de esos ranchitos viven los niños con sus padres. Crían vacas y cabras para subsistir y plantan entre las piedras maíz y papa que milagrosamente crecen. A fin de año bajan a Tilcara para vender animales y conseguir algo de efectivo.
- de noviembre:
–Ramira oí, llueve mucho, vamos a parar hasta que pare. Quedémonos en esta casa.
–Llueve mucho, casi más adentro que afuera.
–Sí, pero las paredes tapan el viento.
–Sí, y quizás acá el puma no nos huela.
- de noviembre:
–Daniel, la lluvia no termina.
–Bueno, así no tenemos sed.
–¿Seguimos esperando?
–Sí. No podemos caminar contra la lluvia y el viento.
Buenos Aires, jueves 8 de diciembre de 1994. Clarin. Los hermanitos se salvaron después de estar perdidos en los montes de Jujuy. Cuando la esperanza se esfumaba el padre pedía:“Aunque sea, tráigannos la ropa, para la ceremonia del entierro de los angelitos”.
- de noviembre:
–No puedo caminar más.
–Así nunca vamos a encontrar a los papis.
–Quiero agua, Daniel.
–Dejó de llover. No hay más agua.
–En algún charco.
–Bueno, me fijo, pero vos acompañame.
- de noviembre:
–No quiero caminar más, tengo hambre, tengo sed.
–Esperame acá. Voy a ver si junto agua y traigo una fruta.
–Apurate que tengo miedo.
–Voy y vengo.
28 de diciembre:
–Por suerte hay manzanas.
–Sí, comé, comé, que hay muchas.
–No hay muchas, si yo como, no van a alcanzar para vos.
–Mejor que comás y no que llorés.
Buenos Aires, domingo 11 de diciembre. Clarín. De acuerdo a lo poco que contaron, los últimos días los pasaron refugiados en una construcción muy precaria. El temporal de lluvia que por esa semana mojó la Quebrada los obligó a detener la marcha rumbo al lugar en que creían que encontrarían a la madre .Después de casi 20 días de búsqueda, los hallaron: la niña estaba tendida en el suelo, con la cara sucia y llorosa. Su hermano, a 50 metros de ahí cargaba, en un frasco, agua de un charquito y arrancaba frutos silvestres. Ahora se recuperan en un hospital de San Salvador de Jujuy. Hasta ahora no conocían otro lugar más que la Puna.
Ramira y Daniel nos enseñan, sin querer, que quienes han heredado el hábito de ser pobres, a veces consiguen –por eso mismo– que la saña de un medio hostil los perdone… Su ejemplo muestra lo bueno que es saber seguir el curso de los arroyos, buscar frutos y hallar reparos ante las inclemencias de la naturaleza. Muestra, sobre todo, que es bueno ser niño y tener la posibilidad de seguir viviendo.
Si los comparamos con el episodio sufrido por «Las Hermanas» (leer) veremos que son caras de una misma moneda, situaciones opuestas, espacio y tiempo. El destino en suma.
