El llamador de duendes (obra inédita infantil)
Personajes: la abuela, Carolina, el hada
Escena: un dormitorio infantil, a la derecha una cama con una mesa de luz. Atrás un pequeño escritorio donde se encuentra una campanita y cuadernos. Hay una mochila en el suelo junto al escritorio, además de una silla y una biblioteca. A la izquierda, la abuela sentada en un sillón de dos cuerpos con un libro en la falda. Carolina (6 años) en camisón, sentada en el suelo, la escucha atentamente.
Escena I
Luz sobre abuela y nieta.
Abuela: (Lee) … entonces el príncipe y la princesa se casaron y fueron felices… (Cierra el libro) ¿Te gustó?
Carolina: Sí, me gustó, pero ellos ya eran felices.
Abuela: ¿Por qué decís eso?
Carolina: Porque lo tenían todo.
Abuela: (Sorprendida) ¿Cómo que lo tenían todo? ¿A qué te referís?
Carolina: A que eran ricos. El príncipe tenía mucho dinero y la princesa estaba contenta porque nunca le iban a faltar los vestidos ni las cosas lindas.
Abuela: (Riendo) ¿Eso es lo que aprendiste del cuento que te leí?
Carolina: (Segura) ¡Claro! ¿Acaso no tenés que tener cosas para ser feliz?
Abuela: (Preocupada) ¿De dónde sacaste eso?
Carolina: (Sorprendida) Pero abuela ¡de todos lados! Todo el mundo lo dice, si no tenés cosas… no tenés nada… A mí me gusta tener cosas lindas, crayones, la computadora nueva, los juguetes… ¿entendés, abuela?
Abuela: (Dudando) Entiendo y no entiendo… o sea … que todo lo que esperás son “cosas” ¿Y si yo te doy nada? ¿Si no te regalo algo…? ¿No soy más tu abuela?
Carolina: (Con temor) Bueno… vos sos mi abuela y yo te quiero mucho, pero… no es cierto que no me vas a regalar nada nunca más ¿Verdad que no?
Abuela: (Pensativa) ¿Y si te regalo cosas simples?
Carolina: (Sorprendida) ¿Cosas simples? ¿Qué son las cosas simples?
Abuela: Bueno, una cosa simple puede ser… (Piensa) la rama de un árbol…
Carolina: (Intrigada) ¿Y qué puedo hacer con la rama de un árbol?
Abuela: Podés hacer de cuenta que es un caballo…
Carolina: (Ríe con ganas) Un caballo… ¿cómo va a ser un caballo si es una rama?
Abuela: Sí, uno puede hacerlo, si lo tiene acá (Señala la cabeza) En la mente podés imaginar todo lo que quieras.
Carolina: Yo no sé nada de cosas de la mente. Una rama es una rama. Un caballo es un caballo, y un vestido es un vestido…
Abuela: ¿Y cuando te disfrazás?
Carolina: ¡Ah, bueno! Eso es distinto. Uno se pone un traje muy bonito y se disfraza de princesa, o de conejito, o de flor.
Abuela: Sí, pero si no tenés el traje, igual podés imaginar que lo tenés ¿no?
Carolina: (Piensa) No, si no tenés el traje no podés ser princesa. A mí me gusta tenerlo para jugar. Si no lo tengo… pues no juego y listo.
Abuela: (Preocupada) Pero linda, no siempre vas a tener todo, tu papá y tu mamá pueden, de pronto, no tener más dinero para darte lo que pidas.
Carolina: (Se cruza de brazos enojada) (Mueve la cabeza) Ah, entonces me voy a enojar mucho.
Abuela: (Toma su cartera y busca en el interior) Mirá, Carolina (Saca un lápiz) ¿Ves este lápiz negro?
Carolina: (Lo toma y lo mira) Sí. Es un tonto lápiz negro. No sirve para nada. (Se lo regresa a la abuela)
Abuela: (Lo sostiene en la mano) Estás equivocada, Carolina. Este lápiz negro, no es un lápiz negro cualquiera. (Misteriosa) Este lápiz tiene magia.
Carolina: (Ríe) ¡Magia!
Abuela: (Se lleva un dedo a la boca) Shhhhh. Que nadie nos oiga. (Mira a los lados) Sí, magia. Te voy a contar una historia que me sucedió a mí cuando era una nena como vos, hace muchos, muchos años ¿Querés?
Carolina: (Contenta) ¡Sí!
Abuela: Bueno, entonces vení y sentate a mi lado (La acomoda a su lado y la abraza) Así, así está muy bien. Bueno, ahora escuchá con atención: mi tía Lita, a quien yo quería mucho, un día me regaló este lápiz negro.
Carolina: (Intrigada) ¿Y lo guardaste tanto tiempo, desde chiquita hasta ahora que sos vieja?
Abuela: (Sonríe) Sí. Lo guardé muchos años y ahora vas a saber por qué: mi tía me dijo que este lápiz, en apariencia muy simple, era un lápiz muy especial, (Lo mira) así como lo ves… este es un lápiz mágico.
Carolina: (Llevándose las manos a la boca) ¡Oh!
Abuela: (Continúa) Sin embargo yo me enojé mucho, porque, pese al amor que sentía por ella, esperaba que me regalara una caja de pinturitas con muchos colores y pinceles largos y sedosos y, en lugar de eso… me regalaba un lápiz negro. Un simple y aburrido lápiz negro.
Carolina: (Asiente) Yo también me hubiera enojado mucho…
Abuela: (Sonríe) Calla y escucha. En esa época, al igual que vos hoy, yo no sabía que, a veces, las personas mayores, no tienen dinero para gastar en juguetes para los nenes, a pesar de que los quieran mucho.
Carolina: (Sorprendida) ¿Cómo no van a tener dinero? Los “grandes” siempre tienen dinero ¿no?
Abuela: No. No siempre se tiene dinero. A veces el poco dinero que se consigue se necesita para comprar medicamentos, libros o comida.
Carolina: (Pensativa) ¡Ah! Yo no sabía.
Abuela: Pues bien, sigo con mi historia: Decepcionada, triste y algo enojada, coloqué el lápiz sobre la mesa en la que solía hacer mis deberes.
Carolina: (Señala el escritorio) ¡Ahí hago yo mi tarea!
Abuela: Sí, (Mira) mi escritorio era parecido al tuyo. Pues bien, esa tarde, al comenzar mi tarea escolar, caí en la cuenta de que tenía que hacer un dibujo y escribir una historia inventada. Busqué mi cartuchera y no la encontré. Me la había olvidado en el colegio. ¿Qué podía hacer?
Carolina: (Se lleva las manos a la boca) ¡Oh! (Piensa) ¿Y el lápiz…?
Abuela: (Asiente sonriendo) Eso es. Lo único que tenía para escribir era el lápiz negro. Entonces lo tomé y comencé a trazar líneas y líneas sobre la hoja blanca de papel. Y de pronto… ¿a qué no sabés qué sucedió?
Carolina: (Intrigada) ¿Qué pasó?
Abuela: El lápiz, conducido por mi mano, cobró vida y, enloquecido, empezó a dibujar hermosas imágenes y a escribir fantásticas historias. ¡Mi tarea escolar fue la más linda que nunca había hecho!
Carolina: (Estira la mano para tomar el lápiz) ¿En serio?
Abuela: (Retiene el lápiz y asiente con la cabeza) (Lentamente, midiendo las palabras) Esa noche, antes de acostarme a dormir, tomé el lápiz, le di un beso apretado (Lo besa) y lo guardé en la caja donde yo escondía mis tesoros más queridos, como, por ejemplo la figurita abrillantada que me había regalado mi amiga María Gloria, y la medalla de bronce con la imagen de Santa Teresita. Y lo guardé ahí, junto a mis tesoros. ¿Sabés por qué?
Carolina: (Tratando de tomar el lápiz) ¿Por qué?
Abuela: Porque entendí la magia oculta en las cosas simples que nos rodean y que, a través de nuestro corazón y de nuestra imaginación cobran vida y nos ayudan a una existencia más feliz ¿Comprendés?
Carolina: (Asiente con el gesto) (Muy seria) Sí.
Abuela: Bueno, y ahora ¿qué vas a hacer?
Carolina: Te voy a pedir que me regales el lápiz mágico ¿Sí, abuela?
Abuela: (Pensando) Humm, lo tengo que pensar…
Carolina: (Saltando) ¡Sí, sí, dí que sí, abuela, dí que sí!
Abuela: (Suspira) Bueno, está bien, yo te lo regalo pero si me prometés que lo vas a cuidar (Se lo entrega)
Carolina: (La besa) Gracias abuela, sos muy buena. Lo voy a cuidar mucho.
Abuela: ¿Y ahora creés que existe la magia?
Carolina: (Dubitativa) No, pero creo que si mi abuela me lo dice… (Sonríe) algo de verdad debe haber en eso de la magia.
Abuela: (Sonríe) Bueno, ahora a terminar la tarea y luego a dormir.
Carolina: Sí, abuelita, no me falta nada más que preparar la mochila para el colegio.
Abuela: (Guarda el libro en la biblioteca) Hasta mañana, Carolina. Pero antes…
Carolina: ¿Pero antes qué, abuelita?
Abuela: (Toma la campanita del escritorio y la agita) … voy a llamar a los duendes para que tengas dulces sueños.
Carolina: Abuela, ¿cómo es que creés tanto en duendes y en magia?
Abuela: (Sonríe) Porque es la manera que conozco de ser más feliz (La besa y sale por la izquierda).
Escena II
Carolina queda sola con el lápiz entre las manos. Lo aprieta contra el pecho, luego lo deposita sobre el escritorio. Arregla su mochila y la pone sobre la silla. Toma el lápiz, lo mira intrigada, lo deja. Se dirige a la cama, se arrodilla y reza. Se acuesta. Se levanta, toma el lápiz y lo coloca sobre la mesa de luz. La claridad de la escena disminuye. Queda sólo un haz de luz sobre el lápiz que luego aumenta en intensidad y se extiende a su alrededor.
Escena III
Detrás de la cama aparece un hada: con vestido largo y varita dorada.
Hada: (Se aproxima a Carolina y la observa) Duerme. La hermosa niña duerme. (Le acaricia el cabello) ¡Carolina, despierta! Carolina.
Carolina: (Despertando con dificultad) ¿Quién me llama? ¿Sos vos, abuelita? ¿O es mi mamá que me despierta para ir al colegio?
Hada: No, soy yo, incrédula niña, tu hada protectora que vino a visitarte.
Carolina: (Protesta) ¡Las hadas no existen!
Hada: (Molesta) ¿Ah, no? ¿Y yo que soy, entonces?
Carolina: (Sorprendida) (Se frota los ojos) ¡Un hada! ¿En serio sos un hada? ¿Y esa varita? ¿Acaso es mágica? ¿De verdad sos un hada de verdad?
Hada: (Se mira) Si no soy un hada de verdad, no sé quién soy.
Carolina: (Asustada se tapa con las sábanas) ¡Y qué hacés acá!
Hada: Vine a ver a una niña que no cree en la magia.
Carolina: (Reaparece con temor) (Protesta) ¡Las hadas no existen!
Hada: ¡Tócame y verás que sí!
Carolina se levanta y la toca. Luego, asustada se esconde tras la cama.
Hada: No tengas miedo, las hadas somos buenas, sobre todo las hadas protectoras, como yo.
Carolina: (Se acerca temerosa) ¿Para qué viniste?
Hada: Vine para enseñarte que las cosas no son como se ven.
Carolina: No entiendo, si no son como son ¿cómo es que son las cosas?
Hada: Pues bien ¿miraste el cielo en el atardecer de una tarde de verano?
Carolina: Sí. Es muy bonito, las nubes se ponen rosas y luego oro.
Hada: Pues no, eso parece, pero no es así.
Carolina: (Intrigada) ¿Y qué es entonces?
Hada: Son los ángeles que bajaron de visita a la tierra y regresan al cielo a dormir. Antes de entrar, se reúnen frente al portón del cielo y se cuentan todo lo que hicieron… y esos son los colores que ves. ¿Te das cuenta?
Carolina: (Sorprendida) ¡Bajan los ángeles a la tierra!
Hada: ¡Oh, sí! Vienen mucho más seguido de lo que crees. ¿Viste cuando deja de llover y aparece el arco iris?
Carolina: Sí ¿también son ángeles charlando?
Hada: (Ríe) No, no son los ángeles. Esa es la pista de patinaje de los ángeles. Es muy divertido cuando aparecen y se deslizan por la pista de colores. Compiten entre ellos para ver cuál es el más rápido y el más atrevido. ¡Tendrías que estar ahí para observarlos jugar y oírlos reír!
Carolina: (Asombrada) ¡Qué bonito! ¡Cómo me gustaría verlos!
Hada: Es muy fácil. Sólo cierra los ojos y los verás.
Carolina: (Cerrando los ojos) ¡No veo nada!
Hada: Lo que pasa es que no crees en la magia.
Carolina: (Angustiada) ¡Y qué puedo hacer para creer!
Hada: (Piensa) (Camina y ve el lápiz) ¿Y este lápiz? ¿Es el de tu abuela?
Carolina: (Sorprendida) ¡Sí! ¿Cómo lo sabés?
Hada: Porque yo se lo entregué a tía Lita hace muchos años. En ese entonces tu abuela tampoco creía en la magia.
Carolina: (Sorprendida) ¡No creía! ¿Qué mi abuela no creía en la magia?
Hada: No, no creía nada. ¡Ah! Pero cuando tuvo el lápiz negro, comprendió que la magia se encuentra en las cosas simples de la vida y aprendió a ser más feliz.
Carolina: (Asombrada) ¡Eso mismo me dijo mi abuela!
Hada: Es que tu abuela aprendió a creer.
Carolina: (Ruega) ¡Yo también quiero creer para ser más feliz!
Hada: Pues aprende, antes que nada, que las posesiones vienen y van, en cambio, lo que llevamos dentro: el amor, la generosidad, la humildad, la magia, eso no se va. A eso no lo dejamos ir. Eso nos pertenece ¿Comprendes?
Carolina: (Lentamente) Me parece que estoy empezando a entender.
Hada: (Hace ademán de guardar silencio) Escucha.
Carolina: (Desolada) ¡No oigo nada!
Hada: Trata de oír. Cierra los ojos. Escucha la música. Es una música muy bonita, suave, lejana… ¿la oyes ahora? (Pausa) Trata de oír (Pausa) Piensa en los árboles mecidos por la brisa, piensa… sueña… sueña…
Comienza a escucharse una dulce melodía.
Carolina: (Sonríe feliz. Se mantiene con los ojos cerrados) ¡Sí, ahora la oigo! ¡Es muy linda! ¡Me dan ganas de bailar!
Carolina y el hada comienzan a bailar al compás de la música.
Hada: ¡Baila, Carolina, baila! ¡Nadie te puede robar la alegría de este instante! ¡Baila que la música te pertenece!
Carolina: (Ríe feliz) ¡Sí, la música me pertenece! ¡Está en mi cabeza, en mi corazón! ¡Nadie me la puede quitar! (Grita) ¡Es mía!
Bailan
Hada: (Se detiene y observa a Carolina) ¡Qué bien lo haces! Aprendiste rápido a bailar y a reconocer la magia cuando te invade ¿sabes por qué?
Carolina: (Sin dejar de bailar) ¿Por qué?
Hada: (Ríe y gira bailando) ¡Porque tienes el lápiz mágico!
Carolina: (Se detiene bruscamente) ¡Se lo saqué a mi abuela! (Triste) Ella lo va a necesitar y yo se lo saqué.
Hada: (Conciliadora) Quédate tranquila. Tu abuela hace mucho que aprendió lo que ahora te toca aprender a ti.
Carolina: (Sorprendida) ¿Es que hay algo más que tengo que aprender?
Hada: (Ríe) (Toma el lápiz, se lo entrega) Pues sí. Los elegidos, como tú y como tu abuela, deben enseñar a los incrédulos a bucear en sus corazones y aprender a ver la belleza que les rodea. También debes saber desprenderte del afán desesperado de pertenencias y apreciar lo que tienes hoy. Debes ser feliz con lo que posees y no desear las cosas que te faltan ¿comprendes?
Carolina: (Dubitativa) Me parece que estoy comprendiendo (Ríe) ¡Sí! ¡Entendí! (Ríe) ¡Nada hay más lindo que los besos de mamá, la sonrisa de papá y los cuentos de mi abuelita! ¡Eso es lo más bonito que tengo!
Hada: (Con una sonrisa) Eso y algo más… lo más importante que conseguiste esta noche…
Carolina: (Se detiene. Piensa) ¡Imaginación! ¡Aprendí a tener imaginación! ¿Y sabés qué, hada?
Hada: ¿Qué?
Carolina: ¡El lápiz mágico me va a ayudar a volcar en el papel todo lo que me dicten mi corazón, mi mente y mi imaginación!
Hada: (Riendo)¡Viva! ¡Misión cumplida! La magia y la imaginación ya están dentro de ti!
La música invade la escena mientras el hada y Carolina bailan alegres.
Telón
